En el noroeste de Tenerife, donde el verde de la orografía choca con el azul del Atlántico, existe un municipio que mezcla naturaleza volcánica, historia colonial y paisajes que parecen sacados de otro tiempo. Se trata de Icod de los Vinos, una localidad de unos 90 kilómetros cuadrados que guarda algunos de los rincones más sorprendentes y fotografiados de la isla.
Su nombre no es casual: durante siglos, el vino fue el motor económico y social de este enclave, pero hoy su identidad va mucho más allá de la vid, convirtiéndose en una parada obligatoria para entender la esencia de Canarias.
El Drago Milenario: símbolo que desafía al tiempo
El gran símbolo y el “vecino” más ilustre de Icod es, sin duda, el Drago Milenario. A este ejemplar único de Dracaena draco se le atribuyen más de mil años de antigüedad, lo que lo convierte en uno de los seres vivos más viejos del planeta.
Este árbol, declarado Monumento Nacional, no solo impresiona por su majestuoso tamaño y su forma de paraguas, sino por su carácter casi mítico. Su savia rojiza, conocida popularmente como “sangre de drago”, ha sido objeto de leyendas y codiciada por sus propiedades curativas durante siglos.
Visible en todo su esplendor desde la plaza de la iglesia de San Marcos (Parque Andrés de Lorenzo Cáceres), la estampa del Drago con el Teide al fondo es una de las imágenes más icónicas de Canarias.
Cuevas infinitas y una costa salvaje: la geografía del subsuelo
Pero Icod no es solo historia visible; su geografía es puro espectáculo geológico. En su subsuelo se esconde uno de los grandes tesoros ocultos de Tenerife: la Cueva del Viento.
Este es uno de los tubos volcánicos más extensos del mundo, formado por antiguas coladas de lava procedentes de las primeras erupciones del Teide. Explorar sus galerías es realizar un viaje al centro de la tierra.
En la superficie, su costa abrupta ofrece contrastes únicos. La playa de San Marcos rompe la verticalidad de los acantilados y permite disfrutar del Atlántico en un entorno recogido y familiar, mientras otras zonas del litoral permanecen prácticamente salvajes, desafiando al océano.
El municipio desde donde el Teide se ve diferente
Uno de los grandes secretos que guardan los icodenses es su privilegiada panorámica del pico más alto de España. Desde distintos puntos del casco urbano, el Teide se muestra con una perspectiva distinta, enmarcado caprichosamente por viñedos y construcciones históricas.
No es una vista cualquiera: es una de las imágenes más fotografiadas del norte de la isla, donde la brutalidad del volcán contrasta con la arquitectura colonial.
Un pasado marcado por el vino de Malvasía… y la emigración
La historia de Icod de los Vinos comienza poco después de la conquista de Tenerife en 1496. Los primeros pobladores, muchos de ellos portugueses, impulsaron el cultivo de la caña de azúcar y, más tarde, de la vid.
Durante los siglos XVI y XVII, los vinos de malvasía de Icod eran considerados de los mejores del mundo y altamente valorados en las cortes europeas. Sin embargo, los cambios en las rutas comerciales con América provocaron una crisis profunda.
Este bache económico obligó a muchos vecinos a emigrar a destinos como Cuba, Venezuela o México. Curiosamente, la historia de Icod es también la historia del retorno: muchos de estos emigrantes regresaron con fortuna (los “indianos”), financiando la construcción de las espectaculares casas señoriales con balcones de tea que hoy admiramos.
Un casco histórico para perderse: Qué ver en Icod
El casco histórico de Icod, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), invita a recorrerlo sin prisas. Sus calles empinadas, plazas con encanto y edificios que datan de los siglos XVI al XVIII forman un conjunto arquitectónico de gran valor.
En un recorrido accesible y a pocos pasos, no te puedes perder:
- La iglesia de San Marcos, que custodia imágenes religiosas de gran valor histórico y artístico.
- La plaza de la Constitución (o del Pilar), con su emblemática fuente central y rodeada de casonas nobles.
- El antiguo convento de San Francisco, un oasis de paz que hoy alberga la biblioteca municipal.
1798: El incendio que casi borra a Icod del mapa
Uno de los episodios más dramáticos y curiosos de su historia ocurrió el 2 de mayo de 1798. Un incendio originado por unas brasas olvidadas en un convento arrasó, en apenas dos horas y media, más de 20 edificios principales del centro de la ciudad.
El fuego estuvo a punto de destruir toda la localidad. Los vecinos solo lograron frenar el avance de las llamas derribando casas estratégicas para cortar el “alimento” del incendio. Milagrosamente, edificios clave como la parroquia de San Marcos lograron salvarse de la quema total.
Hoy en día, a pesar del paso de los siglos, Icod sigue siendo un municipio profundamente ligado al campo. Los viñedos continúan marcando el paisaje, recordando el glorioso pasado vitivinícola que dio nombre al lugar y que sigue definiendo su identidad. Entre historia, naturaleza volcánica y tradición, Icod de los Vinos se presenta como uno de esos rincones de Tenerife que siempre guardan un secreto por descubrir.






