Los bancos de la Rambla de Santa Cruz, concretamente los ubicados en el tramo que abarca desde la plaza de la Paz a la calle Ramón y Cajal, se han convertido en improvisado hogar para una pareja de octogenarios, quienes llevan más de tres meses durmiendo a la intemperie sobre unos asientos de madera que han transformado en una residencia al aire libre.
Bancos que no solo sostienen sus cuerpos, sino que cada día amanecen repletos de bolsas, cartones, mantas y desperdicios de comida y de botellas a su alrededor, lo que ha empezado a generar preocupación entre los vecinos de la zona.
El hombre y la mujer, de avanzada edad, proceden del sur de la Isla, en donde tienen una casa y están empadronados, aparte de que cuentan con recursos económicos. No obstante, meses atrás decidieron dejar su domicilio para trasladarse al corazón de la ciudad por causas que no aciertan a concretar, ya que la anciana, al ser preguntada al respecto, lo único que pide es una vivienda en la capital.
El presidente de la asociación de vecinos La Rambla,Reynaldo González, manifiesta que este caso “es preocupante, pues no entendemos los motivos por los que están ahí ni cómo no hay una solución por parte del Ayuntamiento de Santa Cruz o de Salud Mental del Gobierno de Canarias. Hemos insistido con estas personas de que un banco no es lugar apropiado para que duerman, pues además se ubican enfrente de un parque infantil donde, aparte de estar casi todo el día, depositan basura alrededor y se está convirtiendo en un foco de infección”.
González señala, además, que la pareja “gasta mucho dinero al día en comer en restaurantes y bares de la zona, pero luego nos llegan muchas quejas de que les ven haciendo sus necesidades en los jardines. Por ello, no sabemos si padecen de algún tipo de enfermedad mental o qué es lo que les motiva a seguir ahí, pero lo cierto es que se han convertido en testigos de lo que ocurre en nuestro barrio continuamente, donde cada vez hay más indigentes”.
Al respecto, añade que “hay vecinos que han intentado ayudar a ambos sintecho, pero ya este caso ha cobrado otra dimensión y se debe de actuar urgente por el bien de la convivencia, de la imagen de la ciudad y, por supuesto, por el de estas personas que necesitan ayuda. No se puede cargar el peso de esta problemática en el resto de ciudadanos”.
Por su parte, el Ayuntamiento asegura que la situación de esta pareja es peculiar, pues ambos, aparte de tener recursos propios, no están empadronados en la capital, un requisito necesario para obtener plaza en el Centro de Acogida Municipal. No obstante, afirma que la Unidad Móvil de Acercamiento (UMA) los atiende con frecuencia e incluso se les ha derivado al albergue o a una pensión en ocasiones, pero de nuevo regresan a los bancos de la Rambla.






