GRANADILLA

Ignatius Farray: “Descubrí el humor en Chimiche merendando té con queso con mis abuelas”

"Mi padrino ha sido el fracaso; pero también el profesor del instituto de Granadilla, Agustín Miranda, que fue quien me bautizó Ignatius, como el protagonista de 'La conjura de los necios"

Ignatius Farray es ahora mismo uno de los cómicos más seguidos de España / JUANMI ALEMANY

Humorista, guionista, actor y hasta escritor, Juan Ignacio Delgado Alemany (Granadilla de Abona, 1973) es hoy, como Ignatius Farray, una celebridad en los monólogos, aunque en el primero que participó hace más de veinte años, en Las Galletas, quedó el último. Este sábado, después de dos años sin hacerlo en Tenerife, estará en el teatro de El Sauzal con la obra La comedia salvó mi vida. Dos horas de espectáculo que tratará de lidiar con el toque de queda -está previsto que se inicie a las 20.00 horas- recuperado ya del contagio de la COVID-19, que le ha dejado, como él dice, “tantos anticuerpos que se me caen de los bolsillos”.

-Regresas el sábado a un escenario en Tenerife. ¿Cuánto tiempo sin actuar en tu Isla?
“Llevo bastante tiempo sin actuar en la Isla, la verdad. La última vez fue en el Teatro Leal de La Laguna y de eso hace ya más de dos años”.

-¿Y por qué crees que no te contratan tanto?
“Yo tampoco soy un cómico tan bueno. La gente de Tenerife, básicamente, es gente con buen gusto”.

-¿Cómo definirías La comedia salvó mi vida, más allá de que suena a biografía?
“La comedia salvó mi vida resume que yo soy una persona muy cobarde. No tenía el valor de subirme a un escenario. Yo inconscientemente convertí mi vida en una vida de mierda, no tenía nada, estudié pero no me curré nada para encontrar trabajo. Me fui a Londres a la aventura. Sin disfrutar Londres, me metí a trabajar en el turno de noche en un hotel y, cuando estaba en la habitación, de ahí no salía. Como te digo, me llevé a mí mismo contra las cuerdas y, al no tener otra cosa, eso me dio el coraje suficiente para intentarlo. Si hubiera tenido mínimamente algo ni de coña me hubiera atrevido a subirme a un escenario, en ese sentido la comedia salvó mi vida”.

-Hace veinte años de tus primeros monólogos.
“Fue justo en 2001, cuando volví de Londres. De repente me mentalicé bastante, vine con muchas ganas de intentarlo. En aquella época, además, estaban de moda en España los monólogos cómicos. Ya había vivido en Madrid en la época de la Universidad, pero lo primero que hice cuando salí de Inglaterra es irme a Tenerife. Recuerdo que había un concurso de monólogos en el bar Vai Moana de Las Galletas y me presenté. Quedé el último, fue un fracaso total, pero me gustó tanto que esa noche no pude dormir. Un enganche que cogí que me dije para mí mismo: ‘Esto lo voy a hacer para el resto de mi vida”.

-¿Y has necesitado un padrino para llegar a triunfar?
“Mi padrino ha sido el fracaso. Yo de niño fui un niño muy querido, era el primogénito de mi familia. De hecho, si me dijeras que te definiera mi estilo de humor te diría que yo hago un humor chimichero, mi familia es de Chimiche, un barrio de Granadilla. Digamos que tuve un padrino, pero no en el sentido de alguien que te facilite dedicarte a esto profesionalmente, pero sí alguien que te inspira para tirar adelante. Ese fue mi profesor de Música y Ética en el instituto de Granadilla, Agustín Miranda. Cogimos tanta confianza, eso sería hoy un tabú impresionante, que yo le decía a mi padre, me voy a dormir con el profesor. Cogíamos el aula de profesores, el se echaba en un sofá y yo en otro, nos cubríamos con las mantas y esa noche la dedicábamos a ver películas de Woody Allen, de Fellini, allí vi la La Vida de Brian, de Monty Python, por primera vez. Él me hablaba de cine, de comedia y me fui animando. Como te digo soy una persona muy cobarde, pero me animó lo suficiente para que decidiera irme a Madrid. Ahora es muy normal que se venga gente canaria a estudiar a Madrid, antes, yo tengo 47 años, no lo era tanto. Me vine a Madrid a hacer Comunicación Audiovisual, que era lo más parecido que encontré a dedicarme al cine. Este profesor fue el que empezó a llamarme Ignatius, para vacilarme, como el protagonista del libro La Conjura de los Necios. Él decía que yo me parecía al personaje y él mismo me prestó el ejemplar de la novela y fue el primer libro que leí. Por este motivo, en lugar de Ignacio me puse Ignatius para las actuaciones. Y luego mi padre, que era corredor de rally, siempre en el coche se ponía Javier Farray, su segundo apellido, y por razones sentimentales quise ponerme ese apellido artísticamente, que no deja de ser mi tercer apellido. Pero como te digo, mi padrino es el fracaso, porque si las cosas me van bien, me van bien; pero si las cosas van mal, me van mejor, porque si me van mal, me esfuerzo por levantarme, si me hundo, me levanto”.

Juan Ignacio Delgado, granadillero de 47 años, es un personaje polifacético,  además de humorista es actor, guionista y escritor / JUANMI ALEMANY

-Eras un niño, dices, muy querido, ¿pero también simpático?
“Mi primer contacto con el humor puede que sucediera con mis abuelas. En Chimiche siempre se guardó luto, hasta cuando se muere un vecino. El primer recuerdo cómico que tengo de mi vida, aquello era el éxtasis, fue en los velatorios, con mis abuelas vestidas de luto, contando historias y riéndose de este y del otro, tomando té con queso. Además, pasaba muchas tardes riéndome con ellas. Creo que ese fue mi primer contacto con la comedia”.

-Vive como un mendigo y baila como un rey ha sido un rotundo éxito. ¿Te esperabas el alcance que ha tenido tu libro, que ya va por la quinta edición?
“Ha tenido más éxito del que yo esperaba. Cuando salió, que curiosamente fue el mismo día que salió la última novela de Pérez Reverte, fueron los dos libros más vendido en España. Ahora mismo en biografía estoy en el podio junto a la del Rey Juan Carlos y la de Barak Obama. Yo bromeo con que estoy entre el bien y el mal”.

-Si este libro ha tenido tan buena acogida es indudable que se lo debes también a esos programas de radio y televisión La Vida Moderna y La Resistencia. ¿Cómo surgió esa idea tan fresca y exitosa, tanto como para estar nominada a los premios Emmy?
“La Vida Moderna comenzó de una manera bien sencilla. Ya conocía a Quequé y a David Broncano de ser compañeros de profesión, pero no teníamos tanto trato. De repente me propusieron hacer con ellos el programa, y hay que estar muy locos para proponerme hacer un programa en la Cadena Ser. Lo más bonito de esta experiencia es que se hace un programa con una amistad genuina y eso lo nota la gente y lo hace tan especial. Después de siete años haciéndolo los tres juntos ya nos sale de carrerilla, con una fluidez especial. Tuve suerte de estar en La Vida Moderna, en La Resistencia, en el Club de la Comedia. La verdad es que básicamente he tenido suerte”.

-En esta etapa donde se miente tanto, en política, en redes sociales, ¿mantienes que la verdad es aburrida?
“La verdad es aburrida, ese es el problema social actual. Tú eres periodista y sabes que hay una crisis de periodismo brutal, con todas las fake news y todo eso, y las redes sociales han sido nefastas en todo esto. En las redes se premia lo sensacionalista y la verdad no es sensacionalista, es verdad. Si tú dices que La Tierra es redonda, pues para adelante, lo que me han dicho siempre, pero si te dicen que La Tierra es plana, te preguntas de qué mierda va esto, me voy a enterar. Las redes sociales están diseñadas de tal manera que premian ese sensacionalismo para que se propague más, por eso esa información falsa se acaba extendiendo y hay mucha gente que la acaba creyendo. Y no solo eso, sino que las redes sociales te radicalizan aún más, porque lo que se premia en ellas es la controversia, cuanto más controversia, más seguidores recibes”.

-Pero tú has logrado el éxito en parte gracias a las redes sociales, sobre todo entre los jóvenes.
“Ahora la gente ya me conoce, pero cuando nadie me conocía mi manera de anunciarme era básicamente a través de las redes sociales, pero no es el tema del que estamos hablando. Del problema social que existe es que las redes están radicalizando la sociedad, con bandos dándose la espalda sin ninguna esperanza de reconciliación. Esto básicamente destruye la democracia, y pon esto literalmente: nos vamos todos a la mierda, no porque seamos malos, sino porque no damos para más. No te lo digo por falta de esperanza o pesimismo, pero realistamente pienso que no estamos equipados para dar para más”.

-Has pasado por alguna enfermedad y recientemente has dado positivo por COVID-19. ¿Tendrás que vacunarte?
“Cuando me toque la vacuna, me vacunaré. Yo ahora mismo, después de pasar la COVID, estoy de anticuerpos a tope, los anticuerpos se me caen de los bolsillos. El médico me dice que no se me considera contagioso, porque ni puedo contagiar ni pueden contagiarme. Yo, además, según me dijo un médico cubano, tengo tres mutaciones, por como tengo el corazón, con la misma enfermedad, miocardiopatía hipertrófica, de la que murió mi padre, que no tenía la información que tengo yo ahora. No sé si estamos mal acostumbrado a las películas de superhéroes o algo, pero cuando un médico te dice que tienes tres mutaciones, le contesta all right, y piensas si vas a utilizar ese poder para hacer el bien o para el mal. Y luego te das cuenta de que no, que vas a morir precisamente por eso, por esas mutaciones”.

-Profesionalmente, ¿qué objetivo tienes ahora por delante?
“El objetivo es el mismo de siempre. Yo donde no me sé mover es en la situaciones normales. Una pandemia o una nevada como la que ha caído en Madrid para mí es un estímulo. Esto va a sonar muy prepotente y presuntuoso, pero realmente me considero inexpugnable: si me van a ir las cosas bien, me irán bien, y si me van mal, me van a ir mejor. El único objetivo es mantenerme a flote. No soy un cómico con estilo, Juan Ignacio nunca se hubiera atrevido a subirse a un escenario, tuvo que subirse Ignatius Farray. Yo no tengo método, yo no soy el cómico que quise ser, mi manera de actuar se basa en mis carencias, me dejo llevar por la histeria, por la ansiedad, no sé llevar el control de la situación. Lo único que hago es mantenerme a flote para sacar la cabeza fuera del agua”.