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Jerónimo Morales: el ‘rector’ de la ‘Universidad’ del Norte

Lleva 42 años al frente del IES La Guancha, siendo el director de instituto más antiguo de Canarias, cargo que ha compatibilizado durante dos décadas con la política

Jerónimo Morales Barroso es un hombre polifacético, aunque él se define como una persona a la que le gusta trabajar por los demás sin esperar nada a cambio, tal y como le enseñó cuando era joven Octavio Hernández, un cura amigo. Una premisa que ha intentado cumplir hasta la fecha a rajatabla como profesional de la enseñanza, pero también desde la política y el deporte.
Si hubiera que definirlo de algún modo se podría decir que es un hombre fundido con su pueblo: La Guancha, por el que se desvive, igual que por sus alumnos del IES La Guancha.
Jerónimo es el director de instituto más antiguo de Canarias, cargo que le tocó por el hecho de ser guanchero y del que no se arrepiente: todo lo contrario, cada vez lo disfruta más por el gran equipo de profesionales que se ha logrado crear durante todo este tiempo y porque siempre tiene ideas nuevas para poner en práctica.
En noviembre cumplirá 42 años en la actividad pedagógica en la enseñanza pública. Comenzó en el curso 1978-1979 cuando el centro era una sección delegada del Instituto de La Orotava, cuyo director era Guillermo Graham, quien en ese último año fue elegido alcalde de Tacoronte, hasta que en 1983 pasó a ser autónomo, previa adquisición de terrenos por parte del entonces alcalde José Grillo. Eran cuatro profesores y 59 alumnos. Treinta años después, el instituto que vio nacer, cuenta con una plantilla de 115 trabajadores de los cuales 92 son profesores y 854 alumnos.
A partir de ese momento se creó un proyecto que fue creciendo sin parar, pese a que nació con dos familias de formación profesional: administración y electrónica y que actualmente cuenta, además de graduado en ESO, con tres ciclos formativos de grado medio y ocho de grado superior, además de módulos formativos, a los que acuden alumnos de otros municipios.
El IES La Guancha siempre se ha adelantado a los acontecimientos, adaptándose a la coyuntura e incorporando nuevos estudios acorde a los tiempos. El año 1992 fue el que más alumnos hubo, cuando se implantó la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), exactamente, 1.100. Ese año el centro se dotó de los medios tecnológicos necesarios, tales como televisión y equipos de vídeo “y quizás eso fue el engranaje para conseguir lo que somos en la actualidad, un centro referente, con la mayor oferta educativa del norte” y con unos recursos humanos que define de “extraordinarios”. El prestigio académico conseguido lo ha hecho merecedor del apodo ‘la universidad del Norte’ de la que Jerónimo Morales ha sido su único ‘rector’.
Desde 1978 hasta la actualidad, estuvo dirigiendo el centro de manera ininterrumpida. El único año que estuvo de baja fue en el curso 1984-1985 cuando se rompió el talón de aquiles jugando al baloncesto. “Fue curioso, porque fui a sustituir a un compañero que se lo había roto antes, me prestó su camiseta y luego me lo rompí yo. Al final, ambos coincidimos en la misma habitación en el hospital”, recuerda.

El baloncesto, una de sus pasiones

El baloncesto, deporte del que el municipio puede presumir porque siempre ha tenido una buena cantera, es otra de sus pasiones. Se implantó en la plaza del pueblo con un aro que se colgó en un árbol que se adquirió de manera ilegal en un centro de Los Realejos. “Crecimos ahí y formamos el grupo OTG, que se llamó Organización Terrorista Guanchera, aunque algunos nos decían Organización de Tíos Guapos”, bromea.
Las personas que trabajaron con él destacan dos virtudes: saber delegar y formar equipo. Él dice que al menos lo intenta.
De lo que sí presume es de tener buen feeling tanto con los alumnos como con las distintas administraciones para que apoyen los proyectos del centro. En este sentido, subraya que todas las corporaciones que hay gobernado en el municipio han respaldado a la institución.
En su caso, desde la dirección, intenta impulsar las diferentes iniciativas y los presupuestos de forma homogénea y acorde a las necesidades. “Eso es una ventaja, aunque para los cargos sea más complicado porque tenemos que dedicarle más tiempo y compensar las enseñanzas no es fácil”, sostiene.
No oculta que se pelea “bastante” con la consejería de Educación, pero tantos años de experiencia le han dejado buena relación con sus responsables. “Eso no quita que luche por los proyectos del IES”.
Llega al centro las seis de la mañana y se va a las 9 de la noche. Vigila al alumnado que llega en transporte escolar para comprobar que tiene bien puesta la mascarilla y cumple con la normativa COVID-19.
Tiene un desafío amistoso con el alcalde, Antonio Hernández, para ver quién llega antes, si él al instituto o el segundo al Ayuntamiento, ya que ambos tienen fama de madrugadores.
En su caso, lo ha hecho incluso a las cinco de la mañana porque es el momento que está tranquilo y puede gestionar toda la actividad. No le importa dedicarle “todas las horas que puede a la educación”, porque, además de ser su gran pasión, es su hobby. “Todos los días me levanto con ideas nuevas. Me gusta organizar, crear, comunicar, una tarea que se facilita con las nuevas tecnologías”.

Educación y política

Su labor de educador también la compatibilizó durante 20 años con la política, cuando esta era más que nada “una cuestión entre amigos”. Fue concejal de Educación y Cultura en los tres mandatos del socialista José Grillo y también se ocupó de Agricultura, Informática y de la organización de la feria del queso y del vino.
Este último evento se mantuvo durante una década y consiguió convertir a La Guancha en un referente organizativo en materia artesanal con mucha gente que se dedicó en cuerpo y alma y sin escatimar esfuerzos para que el público pudiera ver a los artesanos y artesanas trabajando en vivo, adquirir productos de la tierra y disfrutar de la música canaria.
A Jerónimo fueron varias las ocasiones que lo tentaron para presentarse como candidato a la Alcaldía, ya que tenía todas las papeletas de ser el sustituto de Grillo, pero no lo consiguieron. Tampoco para hacerse cargo de una dirección general.
“Aquí lo que funciona es dedicarse a los alumnos y de que estos salgan adelante. Para eso nos pagan. Ahora con la pandemia nos hemos tenido que dedicar bastante a las familias”, apunta.
En los 40 años que lleva como director, nunca se le ha abierto un expediente a un estudiante. “Solo hemos hecho mediación y a través de la comisión de convivencia hemos logrado resolver el conflicto”, confirma.
En estos 42 años dedicados a la educación, ha recibido numerosos reconocimientos, tanto él a título particular como el centro. Entre ellos, el Ancla de Oro 2018 al Mérito Cultural, que otorga el Patronato de Música XVIII de Enero, y en 2011 la distinción Viera y Clavijo concedida por el Gobierno de Canarias.
Los retos más difíciles que le ha tocado vivir han sido los accidentes sufridos por sus compañeros. El más comentado, el de Román Reyes González, un extrabajador y jugador de baloncesto, que falleció en 2010 mientras realizaba tareas de mantenimiento y cuyo nombre lleva el pabellón de deportes del centro. A él se le suman Mónica, una profesora y María Lourdes Pérez González, exjefa de estudio que se jubiló, estuvo dos años de colaboradora y luego falleció “sin poder disfrutar de su jubilación”.
“¿Y usted cuándo piensa jubilarse?, pregunto. Jerónimo tarda unos segundos en responder: “El proyecto actual de dirección termina el 30 de junio de 2023 y hasta allí estaré si la salud lo permite, ya que hasta los 70 me puedo quedar. Pararme no puedo, así que ya me buscaré algo para hacer o alguna colaboración en educación”.

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