crisis migratoria

Santa Cruz exige el cierre del “infierno” del campamento de Las Raíces

El Pleno aprueba una moción en la que el migrante senegalés Paul Diatta contó lo que es vivir en el acuartelamiento de La Laguna
El joven senegalés Paul Diatta, ayer, durante su intervención en el Pleno de Santa Cruz para contar su experiencia alojado en el campamento de Las Raíces. DA

El campamento de Las Raíces, en el que malviven un millar de migrantes, se trasladó ayer al Salón de Plenos del Ayuntamiento de Santa Cruz durante cinco minutos. Ese fue el tiempo que el joven senegalés Paul Diatta dedicó a contar al Pleno lo que supone vivir en “el infierno” de Las Raíces. Una moción presentada por Coalición Canaria para exigir el cierre de estos campamentos e instar al Gobierno de España a que dé un trato humanitario y respetuoso a estas personas, y que fue aprobada por unanimidad, permitió que Paul contara lo que ha sido para él, y para muchos más, llegar a lo que creían que era la Europa peninsular.

En un esfuerzo ímprobo por hacerse entender en castellano, contó cómo llegó a Los Cristianos en un barco junto a otras 200 personas. “Estuvimos siete días navegando, en condiciones muy difíciles. Había poca agua y no teníamos espacio ni para hacer nuestras necesidades”, relató a un pleno que lo escuchó en el más absoluto silencio. “Cuando llegamos a Los Cristianos todo fue aún más difícil. Pensábamos que habíamos llegado a Europa, y no a una Isla”. De un hotel pasaron al campamento de Las Raíces, en una situación “muy mala para nosotros”.

El joven senegalés enumeró las vicisitudes de un día cualquiera en el campamento ubicado en La Laguna. “Somos muchas personas juntas; las colas para comer son muy largas y las personas se pelean; los aseos son escasos; hace mucho frío y lo pasamos muy mal, llueve y no tenemos ropa adecuada; y la convivencia entre marroquís y nosotros, los subsaharianos, es complicada, hay problemas…”. Paul continuó su narración asegurando que lo que la mayoría quiere es seguir su camino hacia la Península y Europa “y salir del infierno de Las Raíces”. “Hay personas que nos esperan en Europa, nuestras familias están deseando que lleguemos. Allí tenemos trabajo, una oportunidad para mejorar nuestra vida”, concluyó.

Un pleno en pie aplaudiendo el esfuerzo y la valentía de Paul puso punto final a su intervención. Antes, Elena Rivero, en representación de los vecinos del Rodeo Alto, junto a los que se alza el campamento de Las Raíces, contó la experiencia, desde el sosiego y la empatía que supone para ellos que una instalación de estas dimensiones se haya abierto paso en mitad del monte.

“No queremos ser un daño colateral de la mala gestión de la política migratoria”, afirmó. Y es que han visto cómo su tranquilidad y su modo de vida se ha visto drásticamente alterado, “y no por culpa de los migrantes, sino por la improvisación y el desconocimiento”. Elena pidió a todos las ayuntamientos que les presten su voz para hacer llegar un mensaje único al Estado, que nos es otro que dejen a los migrantes seguir su camino.

Tras las palabras de ambos, se inició el debate político en el que todos coincidieron en lamentar la situación, poniéndose de acuerdo en unos mínimos. Concretamente, se acordó instar al Gobierno de España un trato humanitario y respetuoso con las personas inmigrantes que se encuentran alojadas en Las Raíces, tanto en lo referente a su bienestar físico como a la información concreta y puntal sobre sus derechos y futuro. También se pactó pedir al Ejecutivo y a la UE permitir el traslado al territorio peninsular a las personas migrantes, además de arbitrar, en su caso, un sistema de cuotas solidarias para su acogida en diferentes comunidades, desmontando a medio plazo el sistema de campamentos y naves industriales. “Es decir, clausurando en los próximos meses el eufemísticamente denominado Plan Canarias”, dijo.

El fenómeno migratorio también se abordó en una moción anterior, en la presentada por el edil del PP, Carlos Tarife, y la concejala Evelyn Alonso sobre la aplicación de medidas efectivas para disminuir la presión social y migratoria que sufren los barrios próximos al Centro Municipal de Acogida.

Ángeles Barrios, en representación del Consejo Escolar y el AMPA del colegio Los Verodes, justo en frente del albergue municipal, relató las difíciles condiciones de vida que sufren los vecinos de este entorno, en el que, a la presión social que ya soportan por el CMA, se suma la creciente presión migratoria, la de los migrantes que salen huyendo de las condiciones de campamentos como Las Raíces.

Entre 8 y 25 peticiones al día para el cma

Tal y como explicó la propia concejala de Atención Social, Rosario González, “de las 35 plazas que hemos abierto en el Pancho Camurria, 25 están ocupadas por personas migrantes que han abandonado Las Raíces”. También apuntó que han tenido que aumentar dos turnos de comida, “porque lamentablemente lo que necesitan son alimentos”.

Según los datos municipales, en el último mes han comenzado a llegar migrantes de los campamentos de Las Raíces y de otros alojamientos en el Sur, concretamente, una media de entre 8-25 personas solicitan plaza cada día tanto para el CMA como para el Recurso temporal de acogida del Pabellón Pancho Camurria. En febrero, de 116 personas que pernoctaron en el pabellón, 57 fueron migrantes en situación irregular. La ocupación del 1 al 18 de marzo fue de 92 personas, y de ellas 46 fueron migrantes en situación irregular.

La tendencia es claramente al alza según van pasando los días, de forma que contabilizando las personas migrantes que han podido ser alojadas en el Pancho Camurria más aquellas personas que han quedado en situación de calle por no haber plaza disponible, si se cerrara el recurso, entre 20 y 25 personas se quedarían en la calle cada día.

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