CRISIS MIGRATORIA

Batalla campal en Las Raíces con carga policial y 8 detenidos

Ocho personas fueron ayer detenidas en el campamento de migrantes tras un altercado que acabó en cargas y heridos

Imagen de una de las detenciones. Fran Pallero

A una semana del Ramadán, la fiesta sagrada por excelencia de los musulmanes, Mousar, que es senegalés, rezaba ayer junto a la puerta del campamento de Las Raíces moviendo las bolitas de su tasbih -o misbaha-, que es algo similar a un rosario en la religión islámica. Un par de horas antes, la policía nacional había detenido a ocho personas tras un grave altercado entre varios migrantes que acabó con una carga policial. “Hay que reducir el número de gente aquí, estamos conviviendo personas con culturas muy diferentes”, decía Mousar con aire reposado, como si fuera un viejo sacerdote capaz de verte el fondo del alma. La Asamblea de Apoyo a Migrantes de Tenerife denuncia que las condiciones en las que están los 1.540 migrantes -a día de ayer, según fuentes oficiales- “es insostenible” y critican duramente “la respuesta represiva del Estado, que responde con intervenciones policiales ante lo que debería ser mediación y diálogo”. El bloqueo migratorio y la falta de expectativas de quienes llevan, en muchos casos, varios meses en las islas, están disparando la tensión. Como era esperable, por otro lado.

Según varias personas presentes ayer, activistas y migrantes, el enfrentamiento empezó el lunes por la noche en el momento de la cena. Y se reactivó ayer por la mañana junto a las casetas del campamento anexo, cuando un joven acusó a otros de haberse llevado algo suyo. Luego, la trifulca se extendió como una mecha de nuevo al interior del recurso, gestionado por la ONG ACCEM. “La situación se puso muy violenta, todavía estoy acelerado”, decía un joven que estaba allí mientras sucedió todo y calcula que había entre cincuenta y cien personas peleándose. Marroquíes contra subsaharianos. “Se estaban dando con palos y piedras. La situación estaba tan complicada, que los primeros policías que llegaron esperaron como diez minutos a que llegaran otras dos lecheras [furgonetas de la policía nacional] para actuar juntos”.

Además de los detenidos, hubo varios heridos atendidos por el 112, que evitaba ayer dar una cifra exacta y remitía a Delegación de Gobierno, que decía no tener el dato. Según El País, Delegación de Gobierno aseguraba que había tres personas heridas de gravedad que habían sido ingresadas en un centro hospitalario y siete con heridas leves. La enfermería que ha organizado la Asamblea en el campamento anexo afirma que ellos trasladaron a algunos heridos al hospital: dos con las costillas previsiblemente rotas; uno con una contusión en el ojo y otro con un fuerte golpe en el brazo, aunque no podían especificar si las heridas eran por enfrentamientos entre los migrantes o por las cargas policiales, donde se dispararon también pelotas de goma y duraron una media hora, según alguno de los presentes. En todo caso, ayer circulaban por las redes varios vídeos de la batalla campal que hubo en el interior del campamento, donde varios coches acabaron con las lunas rotas. También había otro vídeo de unas escaleras del edificio del viejo cuartel manchadas con goterones de sangre.

En el exterior del campamento, Abdouluahad, estudiante de Márketing y Diseño 3D en Marruecos, con un inglés bastante correcto, ejercía de portavoz oficioso con los medios y comentaba que se ha reunido con ACCEM para ver cómo rebajar la tensión. “Yo creo que deberían separar a la gente a la hora de comer”, decía sobre el enfrentamiento entre marroquíes y subsaharianos. “Nosotros respetamos a la policía”, afirmaba un chico marroquí que estaba charlando en un corrillo junto a otro que decía haberse “marchado de un infierno buscando la libertad y he acabado en otro infierno. La policía de España es igual que la marroquí”, afirmaba. Mientras, un migrante senegalés afirmaba que “cada día hay problemas porque los marroquíes no tratan bien a los senegaleses”.

Sobre la una volvían las lecheras de la policía nacional y se desplegaban los antidisturbios, que avanzaban hacia abajo por el camino principal del campamento. Pero al mismo tiempo, también estaba la normalidad: muchos migrantes iban tranquilos hacia una carpa enorme porque era la hora de comer; otros charlaban fuera amigablemente; una furgoneta blanca de suministros entraba por el viejo cuartel con las palabras “Pescados, mariscos, carnes y verduras” serigrafiadas en la puerta del vehículo, aunque los migrantes aseguran, paradojas de la vida, que la comida más habitual es un engrudo de papas; María José Belda, portavoz de Sí Podemos Canarias en el Cabildo, se quejaba de que no la dejaban entrar -al final pudo hacerlo por la tarde- y criticaba “el racismo institucional”, aunque en el Gobierno español está Podemos. Y Mousar estaba con sus cuentas rezando, preocupado por que la tensión no se dispare cuando la población musulmana comience el Ramadán y ayune hasta la caída del sol.