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María Sosa: “Las entrenadoras queremos que nos den oportunidades, no que nos regalen nada”

Sosa siempre se ha caracterizado por ser honesta y honrada, por decir siempre lo que piensa y con ser consecuente. Algo que no es demasiado habitual ni en el baloncesto ni en la sociedad actual

Su equipo, el Real Unión de Tenerife, marcha con paso firme sin conocer la derrota en Primera Femenina, mientras sigue mimando al Club de la Piruleta, el primer club de baloncesto inclusivo de Canarias. María Sosa siempre se ha caracterizado por ser honesta y honrada, por decir siempre lo que piensa y con ser consecuente. Algo que no es demasiado habitual ni en el baloncesto ni en la sociedad actual.

-El pasado jueves fue el Día del Entrenador/a de Baloncesto y recuerdo que, hace años, le pregunté los motivos que hacen que no haya más mujeres entrenadoras. La situación no ha mejorado, ¿no?

“Ha empeorado. Hay todavía menos. Este año, en baloncesto femenino, se ha ampliado el número de equipos y se ha visto reducido el número de entrenadoras a nivel nacional. Ana Montañana, por ejemplo, que estuvo de asistente en el Fuenlabrada de ACB se fue a entrenar a Colombia. En Liga Femenina hay cada vez menos, en Liga Femenina 2, que este año eran tres los grupos que la conformaban, algo que parecía que podía ser un impulso para ellas, se ha quedado en una cifra ridícula: son solo cinco”.

-¿Nadie en Europa quiso a Montañana?

“No, creo que no, nadie se planteó darle una oportunidad. En ACB siempre es el mismo cortijo de entrenadores. Ya no es que haya debate entre entrenadores o entrenadoras, es que hay como un techo de cristal, con las mismas cartas, las mismas caras rotando entre los equipos. En ACB no hay ayudantes ni delegadas. Parece que solo existen para, llegado el Día de la Mujer, sacar a la aficionada de turno”.

-En la pasada Euroliga femenina, en la Final a Cuatro, todos los entrenadores, otra vez, eran hombres…

“Es sangrante. Ahora, aquí, en el Clarinos, está Raquel de ayudante, pero en el Caja, en Gran Canaria, nadie, en el Magec, nadie y en el Canarias, menos. Entiendo que si un cuerpo técnico como el del Canarias obtiene resultados debes darle continuidad, pero ya no me voy a la máxima categoría, sino por abajo, un Júnior Autonómico o un Primera Nacional. Tampoco hay mujeres. Esto podemos hablarlo cada 8M, porque es cuando único sacan algo los medios, pero, aún así, nada cambiará”.

-Los medios hacemos poco por cambiar esa situación…

“En marzo se acuerdan de nosotras, el resto del año no importa este tema”.

-Habrá quién diga, y no pocos, que tienen que ganárselo por talento o trabajo, no por ser mujer.

“Por supuesto, nadie ha dicho lo contrario. Hablamos de méritos pero, sobre todo, de oportunidades. Hay que dar oportunidad a las mujeres para ver si valen o no, el tiempo luego dirá. Miremos más cerca. En las selecciones canarias de baloncesto no hay ninguna entrenadora principal. Ninguna. Son ayudantes, delegadas… Una federación que se jacta de defender el deporte femenino pero que, a la hora de la verdad, deja todo en palabras. No hay directoras deportivas, no hay presidentas de clubes… Nos quedamos en la camiseta o el silbato rosa”.

-Yo soy defensor de los cupos para que, no en este ámbito, sino en otros muchos, se alcance la igualdad.

“Si queremos que haya mujeres representándonos en ACB no vale con poner una y ya está, no, tiene que llegar la que se lo merezca. El problema es que antes de llegar hasta ese lugar, hay otros muchos en los que tampoco llegamos. Lo que queremos es que si hay una mujer, por ejemplo, en las categorías inferiores que lo vale, tenga la oportunidad. A mí no me gustaría estar en un lugar por ser el cupo de turno, pero sí me gustaría que, si me lo he ganado, me la den y no me la quiten para dársela a los de siempre que, casualmente, son hombres”.

-Hombres y de cierta edad, porque mire que cuesta darle oportunidades a la gente joven en algunos lugares.

“Sí, lo hablaba con una amiga que se fue a estudiar fuera hace 12 o 15 años y, al volver, decía que eran los mismos todo el rato. Los mismos nombres y apellidos que parece que se reparten el pastel entre ellos”.

-Usted sigue escuchando como entrenadores de base desprecian al baloncesto femenino.

“Yo sé de entrenadores que han despotricado del baloncesto femenino, pero como no han podido llegar a lo más alto en el masculino, pues se han cambiado a entrenar al femenino. Por dinero o porque saben que con los chicos no tendrán esa oportunidad. Para mí, y ya se lo he dicho en alguna ocasión, es mucho más bonito de ver un partido de baloncesto femenino que uno masculino porque táctica y técnicamente me gusta más”.

-¿Y ese mantra que repiten muchos entrenadores de que un vestuario femenino es “más complicado” que una masculino?

“Yo creo que eso es un concepto de las series americanas, del grupo de chicas que siempre se hacen daño entre ellas mientras ellos siempre van unidos. Eso es falso. Un estereotipo de nuestra sociedad patriarcal donde se cree que las mujeres nos pisamos y los hombres no, que se dan tortas pero luego en el vestuario está todo perfecto. Las mujeres son igual de competitivas que los hombres y el jugador y la jugadora, porque lo que quieren es jugar, es egoísta por naturaleza. Es verdad que en el deporte femenino se le puede sacar más rendimiento a un vestuario si lo tienes unido porque tienen otro concepto de grupo, hablo respecto a uno masculino. Ese es el típico cometario que te hace un entrenador que está acostumbrado a entrenar a hombres, diciendo burradas o palabrotas que en un vestuario de mujeres no lo puede hacer porque no se lo van a permitir”.

-Creo que en fútbol algunas situaciones de machismo son peores. Es más, deportes como el baloncesto o el voleibol se ven, por decirlo de algún modo, más femeninos que el fútbol, donde muchas niñas y mujeres tienen que sufrir ser calificadas de “machonas” por determinados individuos.

“Por esos conceptos de lo masculino y lo femenino. Si voy en falda soy femenina y si no, no. Es igual que los hombres que hacen danza, al que lo llaman, solo por eso, afeminado. Es cierto que eso ha ido cambiando, pero queda mucho aún. Si en baloncesto estamos mal, en fútbol estamos peor”.

-Siguen ocurriendo incidentes mandando a fregar a las árbitras, que suelen tener cierta aceptación, o al menos se mira hacia otro lado, en clubes. Es decir, si mi primo o mi amigo es el que dice ese tipo de disparates es como menos grave…

“En mi opinión, el problema del fútbol es que todo el mundo sabe de fútbol. Es como si yo me considerara directora de cine por ver muchas películas. La gente se ve con derecho a decir de todo, por eso vemos a colegiadas que recibe insultos de señores que no tienen otra cosa que hacer que decir burradas mientras se toman una cerveza en la cantina. Pero es peor cuando esos comentarios vienen del presidente de un club, que también ha pasado”.

“Si alguien se comporta como un nazi, hay que levantarse de la mesa”

-No se sanciona con la dureza necesaria.

“Esa gente, fuera del deporte. El deporte, que vive de subvenciones públicas, debe devolver algo a la sociedad, por eso las federaciones deben ser modélicas. Tenemos que ser radicales con esos actos de machismo e intolerancia. Es un reflejo de la sociedad. Hemos vivido un ejemplo con el debate en la SER, con los insultos de Monasterio a Pablo Iglesias. Mire, si alguien se comporta como un nazi, nos levantamos de la mesa y no hablamos con un nazi. Si alguien se comporta como un machistas, nos levantamos del mismo modo”.

-¿No le parece que hubo un tiempo en el que en asuntos como la violencia de género el apoyo era unánime y ahora se duda cada vez más de las víctimas en algunos casos?

“En el caso del que hablábamos antes, el del debate, el principal culpable es la periodista que permite que eso ocurra en antena. Blanqueas y normalizas tanto un discurso de odio que acabas normalizando cosas que no lo son. Esta gente no puede tener un altavoz y eso antes no pasaba. No pueden poner sus pancartas de odio y que siga todo igual. Se agarran a la libertad de expresión, a que pueden decir lo que quieran. Mira, no. No puedes decir ese tipo de burradas o, al menos, no te voy a poner un micrófono para que las digas. La izquierda tampoco ha estado bien, porque le hemos dado la oportunidad de debatir con ellos. No hay nada que debatir, hay que aislarlos”.

-Por suerte, también es verdad que buena parte de la sociedad avanza, porque yo recuerdo de hablar con usted en los inicios del Club de la Piruleta sobre aquellas caras de pena que recibían…

“La gente pensaba que los niños no eran capaces de botar el balón o de jugar un partido. Venían con muchos prejuicios, sin verlos como uno más que jugaba a baloncesto. Al principio, cuando íbamos a entrenar a la Salle, otros niños los miraban y hablaban. Éramos el grupo raro. Hay que tener en cuenta que había mucha gente mayor y con una dificultad motora muy visible, por eso niños pequeños se quedaban algo impactado, pero ahora estamos en el otro lado. Con el coronavirus los niños de la Piruleta entrenan separados, no hacemos actividades con otros grupos y son ellos los que nos dicen que tienen ganas, que extrañan jugar con ellos”

-¿Hay mucho desconocimiento aún acerca de lo que es realmente el Síndrome de Down?

“Tienen una tendencia al sedentarismo muy peligrosa, porque va unida a una cardiopatía, por lo que lo que les viene bien a ellos es hacer deporte de manera adaptada y controlada. El baloncesto le viene muy bien. El desconocimiento viene, entre otras cosas, porque, tras cinco años, seguimos sin una liga para ellos. Hacemos una interna nuestra, pero no hay más clubes con equipos de baloncesto de niños con diversidad funcional. Si dieran ayuda económica, seguro que muchos clubes lo harían”.

-En anteriores entrevistas, y aprovecho que usted es psicóloga, varias deportistas me han dicho que este aspecto se sigue viendo como un tema casi tabú, cuando no se cree que no es tan importante como lo es- ¿Por qué?

“La pandemia tiene que hacernos ver que la salud mental es tan importante como la física. Gestionar la presión, por ejemplo, es clave para un deportista, pero racaneamos económicamente en eso. La NBA meterá ahora a un psiquiatra en cada club para afrontar el estar lejos de la familia, con mucho tiempo de viaje y sintiendo un vacío interior. Liz Cambage, una de las estrellas de la WNBA, reconoció que había tenido que dejar de jugar por haber entrado en una depresión al no saber gestionar la presión. Le damos mucha importancia a estar bien físicamente, pero no mentalmente. ¿Cuántos deportistas se arruinan o se acaban suicidando una vez dejan sus carreras?

-El deporte de élite es, menos saludable, de todo.

“Y el desgaste mental es brutal. Puedes estar cuatro años de sacrificio de cara a unos Juegos Olímpicos, llevando a cabo una inversión que no sabes si podrás o no recuperarla, trabajando sin saber si alcanzarás tu meta. Valoramos mucho que alguien logre una plaza de oposición de juez, por ejemplo, pero no vemos el esfuerzo en lo otro, tras el que hay un vacío total. Ese el del oro, eh, pero: ¿y el que no llegó a nada tras cuatro años? Es complicado. Esto seguirá así hasta que no seamos capaces de ver la importancia del acompañamiento de un psicólogo en el deporte”.

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