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De superviviente de un cayuco a actor

Lass Sangare superó con 15 años una infernal travesía hasta El Hierro en la que murieron cinco migrantes. Tras formarse en la Academia de Cine en Madrid, estrena su primer corto
Lass Sangare
Lass Sangare superó con 15 años una infernal travesía hasta El Hierro en la que murieron cinco migrantes

Milagrosamente salvó la vida después de una odisea que le llevó, con solo 15 años, a abandonar su casa y recorrer más de 1.200 kilómetros entre Guinea Conakry y Mauritania, una ruta llena de trampas y amenazas en las que pudo comprobar cómo se las gastan las mafias de la inmigración y ser testigo de la corrupción policial en los controles y puestos fronterizos. “Es muy duro, nadie confía en nadie y tienes que buscarte la vida para trabajar en lo que sea para poder comer y aguantar”, relata Lass Sangare (Costa de Marfil, 1992), inmigrante al que, después del calvario del viaje por tierra, donde alternaba kilómetros a pie y en guagua sorteando los controles policiales, le esperaba un infierno a bordo del cayuco que pondría rumbo a un sueño llamado Europa.

“De Canarias ni había oído hablar, nos dijeron que íbamos a Europa y que llegaríamos al día siguiente”, explica. Era el menor de los 65 inmigrantes, todos varones, que embarcaron en las costas mauritanas. La travesía fue una tortura, con olas que saltaban por encima de la barcaza y que obligaban a los ocupantes a achicar agua permanentemente para que esta no se hundiera. Se quedaron sin víveres y el frío, la sed y el hambre acabaron con la vida de cinco jóvenes después de cinco días de navegación.

“Murieron sentados, no te dabas cuenta de que estaban muertos”, recuerda el joven marfileño, llamado a ser la sexta víctima mortal de no ser porque Salvamento Marítimo localizó el cayuco al sur de El Hierro. Lass Sangare reconoce que no hubiera aguantado un día más. La última noche tiritaba de frío en el cayuco hasta que perdió el conocimiento. “Cuando llegó el barco que nos salvó oía cosas, pero no tenía fuerza ni para hablar. Lo siguiente que recuerdo ya fue en el hospital. No sabía dónde estaba, pero daba las gracias por estar en tierra firme”, explica.

Nunca le dijo a su madre que se embarcaría en un cayuco. Ella no supo nada de su hijo hasta un año después de que dejara atrás a su casa y su familia. “Me querían hacer un funeral, porque todos, menos mi madre, habían perdido la esperanza, ella estaba convencida de que su hijo seguía vivo”. Cuando recibió la llamada telefónica desde Canarias, ella no daba crédito a que la voz que oía al otro lado era la de su hijo. “¿Cómo se llama tu hermana?” “¿Cómo se llama tu abuela”?, le interrogó, antes de romper a llorar.

Escena del cortometraje 'Sed', dirigido por Iván López
Escena del cortometraje ‘Sed’, dirigido por Iván López

Han pasado casi 13 años desde aquel verano de 2008 que le cambió la vida a Lass Sangare, hoy convertido en un ejemplo de superación y un espejo al que se mira cualquiera de los inmigrantes que se juegan la vida por alcanzar las costas canarias. A sus 29 años, reside en Madrid, trabaja desde 2017 como camarero en un restaurante en Malasaña, se ha formado como actor en la Academia de Cine, ha terminado un curso de teatro y ahora quiere sacar el título online en gestión deportiva. Pero su mirada sigue apuntando a África.

Tras debutar como actor en un cortometraje titulado Sed, presentado a principios de año y dirigido por Iván López y producido por Insularia Films, en el que protagoniza el papel de un inmigrante que acaba de llegar a las Islas y se encuentra en la orilla con una periodista, su próximo proyecto lo quiere materializar en Tenerife. “Este verano quiero hacer un documental en el campamento de Las Raíces, hablo varios dialectos y tengo interés en descubrir algunas de las historias que rodean a los chicos que están allí, pero, sobre todo, hablar con ellos sobre sus sueños y si los mantienen vivos”.

El joven marfileño no es ajeno a la realidad del campamento, que ha ocupado portadas en medios de comunicación nacionales. “Me cuentan que hay muchos chicos que se les ve caminando hacia La Laguna y que hay personas que les dan algo de comida por el camino y que entonces se les ilumina la cara. Quiero saber qué pasa por su cabeza, cómo se sienten, qué se plantean hacer… Si tuviera dinero haría alguna cosa más grande”.

Pero Lass ya le da vueltas a otro proyecto más ambicioso: llevar las cámaras allá donde no suele llegar la prensa internacional. Contar el drama en la orilla africana, donde él mismo, como un mal presagio, descubrió el rostro de la muerte a través de su mirada adolescente.

Uno de los momentos previos a la grabación del cortometraje. DA

“Lo que yo sufrí y lo que mucha gente sufre a la hora de coger una patera nunca se cuenta, porque solo se informa de las llegadas. Y te aseguro que lo que ocurre puede ser mucho más cruel que pasa en la misma patera. En la patera piensas que estás en manos de Dios, pero hasta ese momento dependes de ti. La patera no espera en la orilla, está lejos en el mar, y la gente va agarrada a una cuerda. Hay zonas profundas y muchos no saben nadar y no pueden soltarse de esa cuerda. Cuando el capitán de la patera cree que no pueden embarcar más de 40 personas y a lo mejor tiene el compromiso con muchas más, que siguen agarradas a la cuerda, la corta. Hay gente que muere ahogada en la orilla. Es una gran crueldad que no se ve, y esas cosas hay que contarlas. Por eso quiero difundir ese drama. La gente necesita esa información”, asegura a DIARIO DE AVISOS.

Sobre endurecer las medidas en destinos como España para frenar el fenómeno migratorio, Lass asegura que “el problema no se acaba blindando las fronteras, porque el que se sube una patera lo tiene claro: vida o muerte. Y piensan que si su destino está en Europa llegará y si su destino no está en Europa, morirá. Con esa mentalidad se sube a bordo y solo piensa en llegar, no si le van a abrir las puertas o no”.

Pero, al mismo tiempo, es consciente de que “el ser humano no puede circular por donde quiera en el mundo, porque nunca ha sido así. Siempre ha habido restricciones entre países, y el que está siempre mejor va a querer seguir siendo mejor y procurará que el peor no lo invada. Por eso ahora no podemos decir que podemos ser libres y movernos donde queramos. El mundo no es eso”. De ahí que pida a España y a la Unión Europea que apliquen políticas orientadas a la formación laboral de los jóvenes en aquellos países desde donde zarpan la mayor parte de pateras y cayucos.

Lass Sangare durante un descanso del rodaje. DA

Lass Sangare, que rechazó la oferta de una empresa para trabajar como educador en Canarias, “porque estuve en un centro, sé lo que pasa y hay cosas criticables”, se muestra orgulloso de “trabajar en España y pagar mis impuestos”. Reconoce que no busca “el lado fácil” de la vida. “No he venido aquí para sobrevivir de los demás. Gracias a Dios todos los clientes hablan bien de mí en el restaurante y tengo la suerte de participar, modestamente, en el desarrollo social y cultural del país”.

Su abuela y su madre le enseñaron a construir sueños desde la solidaridad y le inculcaron que “ni un pie puede caminar sin la ayuda del otro, ni una mano se lava sola, y si lo hace nunca estará tan limpia como si se lavaran las dos”. Él lo aplica como un principio en su nueva vida, la que comenzó hace 13 años tras despertar en una sala de hospital, en la isla de El Hierro.

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