sociedad

Un viaje a Las Canteras para charlar de lo que ha ocurrido en Ceuta

Abdel y Charaf, dos jóvenes marroquíes que llevan meses en Canarias, se niegan a creer que su Gobierno esté chantajeando a España y aseguran que la pobreza les obliga a emigrar

En el Facebook de Abdel, las imágenes de la crisis de Ceuta se mezclan con otras del ataque militar israelí sobre Gaza y de las protestas que está provocando en las calles de Marruecos. “¿Tú no estás a favor de la libertad de Palestina?”, me pregunta con una energía juvenil que cada vez envidio más. “Lo que me llama la atención, si están tan indignados, es que Marruecos establezca relaciones diplomáticas con Israel y eso no afecte a la popularidad de Mohamed VI”. “Quizá porque le ha servido para conseguir el apoyo de EEUU en el Sáhara”, responde Charaf. “Además, él nos permite protestar libremente a favor de los palestinos”.

Las Canteras, en La Laguna, no es la sede de Naciones Unidas ni un curso avanzado sobre el Mundo Árabe, pero en su nueva dimensión multicultural, con el campamento que hay instalado para migrantes, resulta un sitio provechoso para charlar sobre lo que ha pasado estos días en Ceuta. Además, estos dos veinteañeros simbolizan al Marruecos pobre que se lanza al mar para buscar oportunidades. Abdel, de Agadir, trabajaba en un ‘resort’ antes de la crisis y enseña fotos vestido de camarero. Charaf, que es de El Kelaa des Sraghna, una ciudad cercana a Marrakech, estudiaba primero de Derecho.

Ambos se niegan a reconocer que lo que ha ocurrido esta semana en Ceuta es una represalia de Marruecos a España por haber permitido que el líder del Frente Polisario, Brahim Gali, esté siendo tratado por coronavirus en un hospital de Logroño; a pesar de las evidencias, como las declaraciones de la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich, afirmando que “hay actos que tienen consecuencias y se tienen que asumir”. Prefieren destacar que la gente de ciudades como Castillejo, incluso Tetuán -antigua capital del protectorado español- son muy dependientes del trasiego comercial y los trabajos que consiguen en Ceuta. Y que todo esto se ha derrumbado con la pandemia. “Hay muchos problemas, no hay trabajo ni comida, la gente tiene que ayudar a las familias y necesita marcharse, la policía no podía impedir que pasara tanta cantidad de gente”, afirma Charaf.

Pero acto seguido reconocen la tensión que provoca la cuestión saharaui. “América dice que el Sáhara es de Marruecos. Pero España no quiere esto”. “Bueno, pero la ONU dice que el pueblo saharaui tiene derecho a votar si quiere o no ser independiente”, le sugiero yo. “Es lo mismo que Cataluña, ¿te parecería bien que estuvieran por su cuenta? Eso no es bueno…”

No es lo mismo, porque nadie en la ONU ha resuelto nunca que exista un problema colonial en Cataluña. Pero llama la atención el ‘subidón’ nacionalista que ha tenido Marruecos desde que recibió el apoyo de Administración Trump sobre el Sáhara. Mohamed VI permite las manifestaciones propalestinas entre su población, pero anda fortalecido por ese eje de intereses políticos que van de Washington a Tel Aviv. Tampoco la Administración Biden le ha tosido un ápice al régimen marroquí, reduciendo la crisis de estos días a un problema que tienen que solucionar Marruecos y España. “El tiempo en el que se podía resolver una crisis con Marruecos con palmaditas en la espalda amistosas es cosa del pasado”, ha declarado una fuente diplomática marroquí al portal web le360.ma, próximo a la monarquía. El ministro de Exteriores, Naser Bourita, criticó “la hostilidad mediática” con su país y afirmó que “la referencia al subdesarrollo del reino revela viejos reflejos” de España respecto a su vecino que no se corresponden con la realidad.

“Tengo la sensación de que nunca critican al rey Mohamed VI”, les pregunto a los dos jóvenes contertulios. “Yo sí lo critico cuando algo me parece mal”, dice Abdel. “El problema no es el rey, sino los ministros y funcionarios que lo rodean”, defiende Charaf, como si se pudieran distinguir ambas cosas. “Pero tampoco queremos involucrarnos en temas políticos. En Marruecos hay malos políticos, igual que en España hay malos políticos”, señala. “Nosotros somos hermanos tuyos”, afirma Abdel.

Precisamente los políticos seguían hablando ayer. El presidente canario, Ángel Víctor Torres, pidió que se “recomponga” la relación diplomática entre ambos países, que es “clave” para las Islas. Pero criticó lo ocurrido: “Marruecos permitió lo que todos pudimos ver y es lamentable que personas puedan nadar ante la esperanza de una vida mejor en Europa a sabiendas, por parte del Ejecutivo marroquí, de que sus posibilidades son nulas, porque son expulsables y hay un convenio que se debe cumplir”.

CC, al igual que el PP de Casado, ha optado por señalar al Gobierno de Pedro Sánchez. Por un lado, ha presentado una solicitud urgente de comparecencia en el Senado de la vicepresidenta, Carmen Calvo, y de los ministros de Interior, de Migración y de Asuntos Exteriores para exigir “respuestas” ante la crisis con Marruecos. Ayer, su líder y senador, Fernando Clavijo, habló de “fracaso diplomático” del Gobierno español, que no ha podido reunirse con el de Marruecos, como estaba previsto. Y señaló que ya había síntomas de esta hostilidad marroquí con el repunte migratorio a Canarias “y con la apropiación, en febrero de 2020, de las aguas del Sáhara y su intención de definir la línea marítima de sus aguas territoriales de forma unilateral”.

Mientras, Abdel y Charaf pasan los días en Las Canteras. Llevan aquí unos seis meses. Abdel estuvo en el CIE, pero no lo deportaron, como sí les ocurrió a otros amigos. No quieren viajar la Península sino quedarse aquí, trabajando en el campo. Y les gustaría salir pronto del campamento, porque no les gusta el comportamiento de otros compañeros. Por están intentando aprender español. “Los profesores vienen a buscarnos para ir clase porque saben que somos amables”, dice Abdel después de apagarse un cigarro.

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