Arona

Los Camarones, la otra cueva mortífera del Sur de Tenerife

Además de El Tancón, este otro enclave, en Arona, también es conocido por su letalidad

Una cruz de hierro se colocó el 1 de enero a la entrada de la cueva en recuerdo de las víctimas. Sergio Hanquet

Además de El Tancón, la cueva de Los Camarones, en Arona, también es conocida por su letalidad. Está situada a 30 metros de profundidad y a unos 700 de la costa de El Palm-Mar. No cuenta con burbujas de aire donde poder respirar, aunque su peor trampa se esconde en los sedimentos que reposan en el fondo, una auténtica bomba de relojería por cuanto el movimiento brusco de un pez alertado por las linternas o el aleteo inadecuado de los submarinistas pueden provocar una nube de lodo que acaba con la visibilidad durante horas.

Esa turbidez del agua atrapó mortalmente en 1975 al tinerfeño Juan José Benítez, de 29 años, campeón de España y de Canarias de submarinismo, y a Francoise de Roubaix, de 36, colaborador del comandante Cousteau y conocido compositor musical francés. Ambos quedaron aprisionados en el interior del laberinto volcánico cuando realizaban un reportaje fotográfico.

Nueve años después, dos submarinistas alemanes, Henry Sarpentin, de 38 años, monitor de un club de buceo de Playa de Las Américas, y uno de sus alumnos, Jens Steiner, de 17, también quedaron atrapados en la garganta mortífera cuando participaban, junto a una decena de jóvenes, en una inmersión en el entorno de la gruta.

Al finalizar el ejercicio y percatarse de la ausencia de uno de los participantes, el instructor se temió lo peor y acudió a su rescate al interior de la cueva en una lucha desesperada contra el reloj por las mermadas reservas de aire comprimido después de la incursión anterior. Ninguno regresó a la zodiac que les esperaba en la superficie.

Miembros de la Asociación Mundo del Silencio, entidad sin ánimo de lucro dedicada a la defensa y protección del medio ambiente marino, colocaron el pasado 1 de enero una cruz de hierro de un metro de alto y 80 kilos de peso a la entrada de la cueva en recuerdo de las víctimas y para advertir del riesgo en su interior. Cerca de la entrada de Los Camarones se levanta también una estatua de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros y pescadores, y la figura de un delfín en homenaje a Jacques Cousteau colocado en el centenario de su nacimiento.