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Nieves ‘La palmera’, 60 años bordando y cosiendo en Candelaria

Llegó recién casada desde La Palma a Las Cuevecitas en 1961 y desde entonces ha compartido las labores del campo y del hogar con los trabajos de costurera
Nieves Rodríguez, en la azotea de su casa en la calle Vence, donde vive desde 1961 / SERGIO MÉNDEZ

La calle Vence, en la zona denominada La Crucita, es una muestra del cambio que ha experimentado Las Cuevecitas y todas las medianías de Candelaria en este siglo. Allí vive Nieves Rodríguez Álvarez, a quien todo el mundo conoce como la palmera o la costurera. Hace 60 años que se trasladó desde su Breña Alta natal hasta Candelaria, junto a su marido, ya fallecido, Celso Modesto Pérez, con quien tuvo cinco hijos que le han dado nueve nietos y dos bisnietos.


En aquel año, 1961, compraron un terreno de siete mil metros cuadrados y comenzaron a labrar la tierra para plantar plátanos, tomates, cebollas, papas, aguacates, mangos y hasta olivos, junto a la finca de Gonzalo el Moco, de Arafo, “unos viñedos que todo el mundo miraba con envidia”, comenta esta señora de ochenta años que mantiene una vitalidad enorme pese a que ha sufrido algunos avatares físicos mientras deja la máquina de cocer y se pone a labrar sus huertas, que aún conserva, aunque ya ha vendido dos parcelas. Desde hace unos años tiene pareja, “un viudo de esta misma calle, que también tiene huertas y con el que viajo mucho; siempre es bueno tener una compañía para una no estar sola”, comenta.


Nos enseña su casa, en una atalaya a mitad de la calle Vence desde donde se divisa todo el Valle de Güímar. “No me extraña que todo el mundo quiera vivir aquí, tenemos un clima magnífico y unas vistas espectaculares”, sin sorprenderle que “en sesenta años hemos pasado de siete casas a unas cien y todavía se sigue construyendo”, remarca, sin dejar de enviar un mensaje al Ayuntamiento: “Esta calle hay que asfaltarla si no quieren que se hundan los coches”.


La afamada costurera de Las Cuevecitas, que también llegó a ser panadera durante cuatro años, echa de menos poder asistir a las distintas actividades musicales en las que siempre ha sido una asidua. “Me encantaba asistir a los bailes y a los grupos folclóricos, pero el grupo ya se enconchó”, lamenta.


En su casa tiene varios diplomas con premios de guitarra y hasta de carreras de atletismo, las pruebas de una vitalidad que hace dudar sobre su edad, siempre inquieta e interesada por seguir aprendiendo y sobre todo, ahora, viajar, “ahora que los hijos ya vuelan solos”.


Nieves recuerda que cuando vivo a vivir a Vence las casas se podían contar con los dedos de una mano y la calle era un camino de tierra, “que se mejoró gracias a mi marido, que también trajo la luz en 1972”, hasta que poco después se hizo “la carretera del Cabildo o el camino de Los Peneras”. Hoy, sin embargo, la calle Vence tiene casi un centenar de chalés en parcelas que hasta entonces eran zona de viñedos, de una uva forastera que se vendía a muy buen precio. El crecimiento urbanístico trajo consigo el abandono del campo, algo que nuestra protagonista entiende como normal porque “la agricultura cuesta mucho y, si no te dejan matar ni un lagarto, es más barato comprar un racimo de uva que cultivar una parra”, señala, mientras que aclara que dos de sus cinco hijos, Carlos y Gladys, “sí mantienen el cariño por el campo”, aunque “ahora tienen sus ocupaciones”, lamentando que “ahora nadie quiere dedicarse al campo, incluso estoy buscando a alguien para que limpie la huerta y no lo encuentro”.

Con 80 años no deja de seguir bordando y cociendo, aunque ya lo hace para “entretenerme”, comenta / S.M.


El dinamismo de Nieves Rodríguez es tal que también ha participado en la asociación de vecinos, “aunque me gusta ser colaboradora, no estar en la directiva”, y desde hace tiempo viene reivindicando una plaza para la zona porque “los vecinos de esta calle no tienen un lugar donde alegar; la plaza de arriba nos queda muy lejos”, remarcando que “no se trata de poner una capilla, porque casi nadie va ya a misa, sino una zona con bancos donde poder reunirnos los vecinos, que ya somos muchos”, señala mientras nos muestra las tres viejas máquinas de coser que aún utiliza, siempre dispuesta “a hacer un remiendo o poner una cremallera a quien lo necesite”, mientras deja claro que “me siento muy bien para mi edad, gracias a Dios, cuando otras ya no están o están enfermas”.

Llanto por La Palma

A Nieves Rodríguez, palmera de nacimiento, se le humedecen los ojos cuando se le habla del volcán que tiene en vilo a sus paisanos. “Hace unos días viajé con mi pareja a La Palma y no quise ir a verlo, ya tenía bastante con ver ese humo sobre Breña Alta”. “Tengo un hermano -nos relata- en las Breñas y otro en Tazacorte, pero a su zona no ha llegado la lava, como si ha hecho con cientos de casa y fincas. Me pongo en su lugar y no dejo de llorar, como en unos minutos se pierde todo lo que has fabricado en la vida” manifiesta quien cada 3 de mayo mantiene en Vence la tradición de su pueblo natal de colocar una cruz con banda blanca engalanada con joyas

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