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Mónica Pérez Jiménez: “Mi madre incumplió el encargo de la CIA de matar a Fidel, el amor de su vida”

Hay muchas cosas que uno puede hacer un sábado por la noche, pero pocas tan interesantes como llamar a Los Ángeles para hablar con Mónica Mercedes Pérez Jiménez Lorenz, la hija del dictador venezolano Marco Pérez Jiménez

Hay muchas cosas que uno puede hacer un sábado por la noche, pero pocas tan interesantes como descolgar el teléfono y hacer una llamada a Los Ángeles, California, para hablar con Mónica Mercedes Pérez Jiménez Lorenz, la hija del dictador venezolano Marco Pérez Jiménez, cuyo relato de su vida, junto con la de su madre Marita Lorenz, la Mata Hari del Caribe y su abuela Alice, actriz y espía que sobrevivió a un campo de concentración nazi, deja en pañales a las fantásticas aventuras de James Bond.

Mónica me cuenta con emoción por qué piensa que su legado es contar la historia de su madre habiendo sido ella misma parte de la intriga relacionada con el presunto complot para el asesinato de JFK, al disparar a a los 15 años al hombre que ella pensaba era el agente Frank Sturgis (uno de los cinco ladrones de Watergate), quien venía a liquidar a su madre por testificar sobre una posible conspiración para matar al presidente estadounidense. Mónica fue abandonada a su suerte junto a su madre en la selva venezolana, donde sobrevivieron siendo ella una niña pequeña al ser acogidos por la tribu Yanomami, que practica el endocanibalismo, con la que vivieron durante un año.

Marita Lorenz, fue una mujer polémica y fascinante para muchos, por lo que Mónica ha vivido toda su vida bajo la sombra de su conocida madre, ya sea por parte de aquellos que la admiraban o de quienes la han despreciado.

-Mónica, formas parte de una saga de mujeres fuera de la común y de las que hablaremos a continuación, pero ¿cómo ha sido tu vida?

“Ha sido muy difícil en muchos sentidos. No solo ser conocida como la bastarda del dictador Pérez Jiménez, odiada por su mujer y la mayoría de sus hijas, sino que aunque mi abuela quiso mantenerme apartada de este mundo e inculcarme amor por las artes, mi madre me educó enseñándome a montar y desmontar armas, a disparar, a hacer labores de espionaje, a vivir con amenazas y atentados de muerte, e incluso a sobrevivir en la selva…”

Todo empezó con su abuela Alice…

“Mi abuela fue una actriz y bailarina que iba a grabar su primera película de cine mudo en Alemania. Allí conoció a mi abuelo, Heinrich Lorenz, un capitán de marina con el que se casó. Luego empezó la guerra y quedó atrapada en la Alemania nazi, sus hijos tuvieron que unirse a las juventudes hitlerianas, mientras ella y mi madre trataban de sobrevivir. En una ocasión, un soldado nazi borracho entró en la casa. Mi abuela trató de esconder a mi madre, que era una niña, en el baño y aparentando seducir al militar, le mezcló productos de limpieza en la bebida tratando de envenenarlo. No funcionó al principio, por lo que siguió sirviéndole la bebida mezclada esperando que no se diera cuenta. Cuando el hombre por fin reaccionó, trató de hacerse con la pistola, pero fue demasiado tarde y se desplomó. Mi madre ayudó a mi abuela a sacar el cadáver a la calle”.

No sería su último encontronazo con los nazis…

“Mi abuela Alice trató de ayudar a Estados Unidos en la medida de lo posible, hasta que fue enviada junto a mi madre al campo de concentración Bergen Belsen. Ambas sobrevivieron, y eventualmente se mudaron a Nueva York, donde mi abuela seguiría trabajando en alguna capacidad para la CIA…”

-Hasta que su madre se vio en vuelta también en el espionaje…

“Mi abuelo fue capitán del transatlántico MS Berlín, que solía navegar desde Alemania a Cuba y otros lugares, y en un viaje al Caribe, Fidel Castro, en sus inicios en el poder, era el año 1959, subió a bordo. Ahí conoció a mi madre, que tenía 19 años, y de la que se quedó prendado tras besarla en su camarote. Pronto la invitaría a ir a Cuba, donde mi madre mantuvo un apasionado romance con el dictador. Mi madre sostenía (y la CIA lo ha corroborado en informes) que se quedó embarazada de Fidel, pero que a los ocho meses de embarazo la drogaron, le quitaron el feto, y luego volvió a Nueva York.

-Ahí empezaría su carrera en la CIA…

“Mi madre era una mujer rota. Una víctima de los campos de concentración cuando era niña, y luego adoctrinada con tácticas crueles por parte de la CIA, para convencerla de que tenía que matar a Fidel. La convirtieron en un juguete que debía utilizar su cuerpo para seducir a personajes claves para conseguir dinero o información. Los medios que utilizaron para lavarle el cerebro a mi madre para que volviera a ser asesina fueron inhumanos, por decir lo mínimo. Utilizaron una combinación de drogas, privación del sueño y estímulos visuales y de audio”.

-¿Fue entonces cuando se le encargó su primera misión?

“La CIA la mandó a Cuba con el fin de asesinar a Fidel Castro envenenándolo. Mi madre cambió la historia porque al llegar ante quien ella aseguraba fue el amor de su vida, le confesó la trama y no llevó a cabo el plan. La historia era que las píldoras que le había dado la CIA de toxina botulínica las escondió en un tarro de crema facial y se disolvieron.”

-Esa fue una de sus primeras asignaciones, pero no el único dictador en su vida…

“No. Después de esa misión fallida la enviaron a conocer al general Marco Pérez Jiménez. Ella no sabía ni que había sido presidente de Venezuela, ni que había huido del país con dinero, ni que era casado. Ella se enteró de quien era cuando vio una moneda con su rostro. La misión era recoger los pagos que hacía al gobierno de Estados Unidos por mantenerlo en el país. Mi madre quedó embarazada en esa misión, y nací yo”.

Era un hombre casado… el escándalo no habría sentado bien a su mujer Flor

“De hecho, estaba furiosa, humillada. Mi madre trató de que no extraditaran a mi padre y lo hizo mediante una demanda de paternidad que nos puso en los medios. Mi madre fue a visitarlo a la cárcel, pero cuando regresa hubo un atentado contra su vida, trataron de atropellarnos. Yo estoy convencida de que las únicas personas con motivos para eliminarnos eran la Sra. Pérez Jiménez y el abogado David Walters, quien más tarde sería embajador de EE.UU. en el Vaticano. Estaba públicamente avergonzada y era la esposa de un dictador. Mi padre había dispuesto un fondo fiduciario para mí, una vez reconocida, al que nunca tuve acceso. Con mi padre en prisión en 1964, una avioneta nos vendría a recoger para presuntamente reunirnos con él, y en su lugar nos abandonaron a nuestra suerte en la selva venezolana, donde sobrevivimos a duras penas durante meses (mi madre contrajo malaria) hasta que mi abuela nos localizó y envió a rescatarnos”.

-Pero no terminan ahí las vicisitudes para ustedes…

“En otoño de 1963, el agente que había entrenado a mi madre, Frank Sturgis, uno de los cinco ladrones del escándalo Watergate que iría a la cárcel en 1973, afiliado a la mafia, se reuniría pocos días antes del asesinato de JFK con un grupo de hombres entre los que estaba Lee Harvey Oswald (acusado de la muerte de John F. Kennedy), todos anticastristas, y furiosos con Kennedy por el fiasco de Bahía de Cochinos. Luego irían a Dallas, mi madre los acompañó como parte del trato. Existe una foto que, según ella, lo prueba, y donde según sus propios testimonios en la Comisión de Investigación del Congreso a las que yo asistí de adolescente, estos hombres tenían planos, armas y discutían el asesinato del presidente”.

-Un incidente que cambiaría su propia vida…

“En 1976-77, Sturgis estaba furioso con mi madre. Le dejó un mensaje muy preocupante en el contestador que yo, con 15 años, escuché. Ya habían acabado con la vida de mi abuela, quien estoy convencida murió de forma sospechosa. Mi abuela, con sesenta y tantos años tropezó y se lastimó el hombro. La llevaron al médico y recibió una inyección que la mató de una parálisis desconocida. Mi abuela lo sabía todo …y ahora vendrían a matar a mi madre. En Halloween de 1977, cogí su pistola y me escondí en la calle esperando a que apareciera Sturgis. Vi a un hombre que entraba al edificio y pensé que era él. Le disparé un par de veces, pero no le di. La policía se presentó y me arrestó, pero al contarles lo sucedido, pudieron detener a Sturgis, quien sí se presentaría después como yo temía. Mi foto salió en todos los periódicos. Cuando me arrestaron, me dejaron bajo la custodia de mi madre porque era menor de edad”.

-Esto no detendría la carrera de espionaje de su madre.

“No, luego ella se casó con un agente del FBI, y espiaba a personas de alto perfil que vivían en nuestro edificio procedentes de países comunistas. Yo la ayudaba a recoger la basura y buscar información para pasar a los federales”.

-Su historia suena fantástica, y hay quienes la acusan de exagerar.

“Yo cuento las historias como las vi, como se hablaron siempre en casa…Hay cosas que yo no puedo probar, como que el hijo que mi madre tuvo con Fidel está vivo y, según ella [André Vázquez], es pediatra y lo conoció en Cuba, yo no lo he conocido. En cuanto a lo demás, hay fotos, informes de la CIA, del FBI, que prueban lo que digo. Una de mis hermanas de padre, que vive en España, cedió ADN para probar que soy hija de Pérez Jiménez. Siendo hija de un expresidente nunca tuve acceso a ningún dinero ni privilegios por su parte.

(Después de que Marita Lorenz se viera expuesta, dejaría de percibir un sueldo como espía. Mónica Pérez Jímenez empezaría a trabajar desde muy joven como camarera. No terminó la escuela secundaria, pero llegaría a la universidad más adelante. Trabajó en la industria del fitness como entrenadora personal. Apareció en topless en Playboy en una sesión fotográfica de 1991. Se convirtió en culturista y quedó séptima Miss Fitness World de Arnold Schwarzenegger en 1994, representando a América Latina. Es actriz de teatro musical y doble de televisión en Nueva York, trabajando en “Oz” de HBO. Apareció con su hijo en un episodio de Fear Factor en 2011).

-Sin embargo, usted también ha atraído el interés de millonarios e influyentes.

“Curiosamente, tuve un hijo, Matías Letelier, con quien fuera hijo de Orlando Letelier, el socialista chileno que fue asesinado a pocas cuadras de la Casa Blanca por la policía secreta del régimen de Pinochet en 1976, una historia de familias opuestas, un poco a lo Montesco y Capuleto. También tuve una relación con el hijo de Liz Clairborne, la famosa diseñadora…”

-Su madre falleció hace unos años; se han hecho documentales sobre su vida, hay libros. ¿Cuál será su legado?

“Soy actriz, y estoy buscando un editor para mi libro. Estamos explorando hacer una serie con Netflix. Yo he vivido con grandes traumas debido a mi niñez, y además haber sido víctima de abusos sexuales en un colegio católico, por lo que estoy apoyando causas que protejan a los niños…No le guardo rencor a mi madre pese a haberme dado una vida de peligros e incertidumbre, mi madre fue una víctima y una mujer increíble, quiero que mi legado sea que la gente que la juzga tan fácilmente conozca bien su historia”.

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