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José ‘El Curro’, el manitas de Arafo: “Antes no había sino cabras, monte y estiércol”

Cumple 90 años este mes y se sigue “entreteniendo” arreglando y fabricando utensilios de todo tipo, tras ser agricultor, canalero, albañil, músico, operador de cine, cazador y hasta versador
José ‘El Curro’, con uno de los instrumentos musicales que ha fabricado / FRAN PALLERO

Este mes cumplirá 90 años y goza de una buena salud que le permite seguir fabricando desde barricas de vino hasta guitarras en el salón de la casa de su yerno en Arafo, donde vive solo, tras morir recientemente su esposa. Tiene dos hijos y un hermano mayor de 101 años que reside en un geriátrico de Candelaria. Se llama José García Pérez, pero se le conoce como José El Curro, un sobrenombre que le viene como anillo al dedo, porque no ha hecho otra cosa que currar. “Comencé ayudando a mis padres a sulfatar, regar y cavar papas, porque antes no había otra cosa que cabras, montes y estiércol, no como ahora, que hay otros ingredientes en la vida”, señala mostrando un billete de cinco pesetas, su primer sueldo, “al regar una finca en El Volcán durante seis horas varios días y caminar hasta allí descalzo”.

José El Curro está considerado El manitas de Arafo, capaz de arreglar desde un motor a convertir trozos de madera en utensilios, incluso se ha fabricado hasta sus propios instrumentos musicales que hoy sigue tocando con maestría, “aunque nunca pasé por la banda ni estudié solfeo”, como muchos otros en un pueblo tan apegado a la música. Tocó la guitarra en la orquesta Estrella: “Salíamos a tocar un sábado y no regresábamos hasta el domingo”, dice recordando los largos trayectos por la carretera del Sur, la única que había entonces. “Tardábamos cuatro horas en llegar a Guía de Isora, con curvas y curvas, fuerte desastre”.

Posee una gran memoria y guarda con esmero recuerdos desde los años cuarenta / FRAN PALLERO


Pero, además de músico, también se dedicó a pasar películas en los dos cines del municipio como operador, mientras compaginaba ese trabajo con el de canalero, conociendo cada una de las galerías del Valle de Güímar, donde llegó a pasar miedo, reconoce, cuando se cayó la galería de Piedra Cumplida de 4.800 metros. “Nunca pensé que la galería se trancara, pero se cayó y salimos de allí por un agujerito como los hurones”.

Pero, curiosamente, de todos los trabajos que ha desempeñado en su larga vida, José El Curro se queda con la de albañil: “me encantaba poner cuartos de baño y colocar los azulejos sin numerar, a mi manera; todos se quedaban encantados con el trabajo”, señala orgulloso, mientras muestra una cartilla de racionamiento de 1949 o fotos suyas de rey mago en los años 50. José es historia viva del Arafo del siglo XX, y buena parte de esa historia la relata en verso, “versos que guardo en mi cabeza; yo no escribo nada”, sentencia.

Dice no tener secretos, aunque apunta a su excelente vino blanco, para seguir tan bien de salud, si bien destaca que “siempre fui un buen cocinero, me encantaba arreglar las perdices, porque fui cazador, de los buenos, el mejor que había en Arafo. Salía de Arafo y llegaba hasta La Orotava, porque para que lo sepan, antes todos los caminos iban de mar a cumbre, había por lo menos cuatro, y ahora no hay más caminos que el del volcán Las Arenas y ya tiene una cadena”.

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