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Canarias es el tercer lugar con más grupos sectarios de España

El delegado de RedUNE en las Islas, Manuel Pérez Torres, explica que estos colectivos producen daños “psicológicos y psiquiátricos”, con especial violencia hacia las mujeres
Ritual de una secta en Bagdad (Iraq); en el recuadro, el psicólogo Manuel Pérez Torres | AMEER AL MOHAMMEDAW (DPA)

Si nos preguntaran a la mayoría qué es una secta o grupo sectario, hablaríamos sobre personas con una misma vestimenta, puede que congregadas formando un círculo, y haciendo uso de músicas y aromas varios. Sin embargo, esto es solo parte del mito. Según explicó ayer el delegado de RedUNE (Red de Prevención del Sectarismo y del Abuso de Debilidad) en Canarias, Manuel Pérez Torres, en el marco de una charla organizada por el Colegio Oficial de Psicología (COP) de Santa Cruz de Tenerife, cualquier persona es susceptible a caer en un colectivo de este tipo; tan solo se han de dar las condiciones adecuadas.

En el caso concreto del Archipiélago, con el paso del tiempo se ha creado un caldo de cultivo ideal para la proliferación de prácticas con componente sectario. Pérez aseguró que, de hecho, Canarias es el tercer lugar de España con mayor cantidad de sectas, solo por detrás de Cataluña y Alicante. No obstante, lanzó un mensaje de esperanza a quienes estén sufriendo o hayan sufrido conductas coercitivas: la entidad a la que representa les brinda apoyo, y su intención es seguir formando a profesionales de la Psicología para tratar a las víctimas y sus allegados.

El foro arrancó con un vídeo promocional idílico. En él, bajo el pretexto de hacer el Camino de Santiago, una organización ofrecía sesiones de meditación, ejercicio en grupo, jornadas de convivencia y, en definitiva, felicidad. Hasta aquí todo parece inocuo y lícito. Sin embargo, Pérez Torres afirma que detrás se halla un “grupo esotérico radical” que opera a nivel europeo. “Han estado en contacto con rituales sexuales” en los que, sobre todo, se ejerce violencia “sobre las mujeres”, indicó el conferenciante, que acompañó su presentación con carteles de jornadas de esa presunta secta en Tenerife y Lanzarote.

Lo que, a juicio del psicólogo, es más complejo, es definir exactamente cuáles son las líneas rojas que se han de poner cuando se pertenece a una sociedad o grupo, algo crucial para detectar los primeros signos de alarma. En este sentido, citó un término muy extendido en las investigaciones al respecto: “Técnicas de persuasión coercitiva”. Las mismas, dijo, pasan por un control ambiental (aislamiento, dependencia existencial), emocional (aplicación de premios y castigos), cognitivo (denigración del pensamiento crítico, relatos de mentira y engaño, control sobre el lenguaje) y técnicas disociativas (sugestión, uso de drogas).

Se trata de un conjunto de acciones que, prolongadas a lo largo de las semanas, meses e incluso años, ocasionan daños a distintos niveles sobre los adeptos. Algunos, de carácter personal, como “ruptura familiar, aislamiento social, explotación laboral, pérdida de bienes o ideación suicida”, mientras que otros tocan palos más que conocidos, como la “violencia de género”. El quid de la cuestión es que, muchas veces, la víctima no es consciente de que ha entrado en un grupo sectario, ya que se crea una “falsa creencia de voluntariedad” y surgen “sentimientos de culpa o vergüenza”. Eso desemboca en “daños psicológicos y psiquiátricos”.

Una vez dibujado el problema, Manuel Pérez Torres apuntó a la solución, que pasa por sus compañeros de gremio, los psicólogos. Concretó que se suele trabajar con “equipos multidisciplinares”, haciendo “sesiones con la familia y con el adepto” o “grupos” en los que participen otros damnificados. Y, sí, pese a los factores en contra, remarcó que se puede salir.

LAS SECTAS, COLECTIVOS CAMALEÓNICOS CON “PERSONAS DE NUESTRO ENTORNO”

“¿Por qué no las encontramos?”, preguntaba Manuel Pérez Torres a los asistentes sobre las sectas. “Porque esperamos verlas así”, dijo, mostrando la imagen de un grupo de personas con túnicas blancas y antorcha en la mano. Aunque, según el profesional, “lo habitual es que sean personas de nuestro entorno”, de ahí que pasen desapercibidos e incluso puedan aparentar ser colectivos lícitos.

A eso se une la creencia de que solo entran en estos grupos “gente tonta, floja de espíritu”, si bien Pérez aclaró que cada vez emplean técnicas más sofisticadas para camuflar sus verdaderas intenciones, aprovechándose de hábitos que asociamos con una vida plena, como el deporte, la nutrición o la salud. Contó que las víctimas son, en su mayoría, “jóvenes o de mediana edad”, con “factores de vulnerabilidad” y “dificultad para las relaciones”, mientras que los líderes presentan rasgos “narcicistas y manipuladores”, con tendencia al “sadismo”.

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