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Las procesiones vuelven a La Laguna

La imagen del Santísimo Cristo del Rescate recorre las calles laguneras en el domingo de pasión
Procesiones La Laguna
El Cristo del Rescate procesionó en La Laguna. Sergio Méndez

La parroquia de San Lázaro el viernes, con la procesión de la imagen que le da nombre, y la iglesia de la Concepción, ayer, con la del Cristo del Buen Rescate, han devuelto a las calles laguneras los pasos procesionales que, durante dos años, han permanecido en los interiores de las parroquias debido a las restricciones impuestas por la pandemia. Ayer, Domingo de Pasión, la imagen del Cristo del Buen Rescate partió de la parroquia de la Concepción para recorrer las calles aledañas acompañado por sus fieles. Se desarrolló con normalidad porque el tiempo durante la mañana, a pesar de los avisos, respetó el recorrido procesional. Por la tarde, la salida del Cristo de Burgos, desde la Catedral, ya no pudo realizarse, esta vez sí por las condiciones meteorológicas, aunque recorrió el interior del templo.

La siguiente procesión tendrá lugar ya el próximo viernes, 8 de abril, Viernes de Dolores, en el que, desde la Concepción saldrá en procesión la virgen de los Dolores, a las 19.30 horas, para, al día siguiente, celebrar el Domingo de Ramos en las distintas parroquias de La Laguna.

Devoción y leyenda

Tal y como recoge Carlos Rodríguez Morales en el programa de la Semana Santa lagunera, la imagen que ayer procesionó por las calles de La Laguna, el Cristo del Buen Rescate, y que recibe culto en la iglesia de la Concepción bajo el título del Rescate fue adquirida por la parroquia en 1558. Según recoge José Rodríguez Moure en su Guía histórica de La Laguna existe una leyenda en la que, a mediados del siglo XVII, cuando se decidió sustituir el primitivo retablo mayor del templo por uno nuevo se ajustó la venta de la imagen, algo que, finalmente, no sucedió porque, “enterada una pobre mujer que vivía en la calle Empedrada de que la imagen había sido objeto de venta, y obedeciéndole a la voz de rescátame, rescátame, que decía haber oído al entrar en la iglesia en ocasión de que desclavaban el Cristo para bajarle, acudió al vicario y, vendiendo la pequeña casa que habitaba, pagó su importe, logrando retornar la efigie a la parroquia”.

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