gastronomía

El Picoteo, buen ambiente en La Camella

Antonio Medina regenta desde 2004 este local que es un punto de encuentro para la clientela fija del pueblo y, donde además de tomar algo en buena compañía, se puede jugar a los dardos y el futbolín
El Picoteo, buen ambiente en La Camella

La historia de El Picoteo, uno de los locales más queridos por las personas que viven en La Camella y alrededores, se remonta a 2004, momento en el que Antonio Medina Romero, que ha dedicado gran parte de su vida a la hostelería, decide abrir este negocio por su cuenta.

Antonio comenzó de camarero en la zona turística de Las Américas, hasta que, hace 18 años, decidió cambiar el rumbo de su vida y comenzar a trabajar para él, algo que le ha llevado a tener una clientela fija que valora su buen trato, sus exquisitos productos y el poder leer DIARIO DE AVISOS a través de la nueva app, que permite la lectura del periódico por medio de un smartphone.

La pata asada de El Picoteo

El punto fuerte de El Picoteo es la pata asada, que preparan cada lunes, miércoles y viernes para el disfrute de sus clientes, pero que también puede pedirse por encargo para cualquier tipo de evento. Más allá de la pata asada, cuenta con una gran oferta de desayunos, en la que se puede encontrar pulguitas, croissants y bocadillos, que pueden ser convencionales o de autor, aportando así un producto diferente e innovador. Por la tarde cambia un poco el ambiente, y es que, aunque se puede tomar lo mismo que por la mañana, además de tapas de jamón serrano, tortilla española o morcilla ibérica, el local se convierte en punto de encuentro para los amantes de los dardos y el futbolín, que acompañan el juego con unas copas o unas cervezas.

Pese a que la COVID-19 no la han llevado mal y han sabido adaptarse a las circunstancias, la subida generalizada de los precios que está percibiendo cualquier consumidor español en productos alimenticios básicos ha requerido que Antonio, dueño de El Picoteo, facture menos, algo que hace para poder mantener los precios que tiene a sus clientes, esperando que pase la tormenta. Sin duda, hay veces en las que la palabra hostelería debería escribirse con mayúsculas.

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