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Gabriela, jugadora tinerfeña en la NCAA: “Sentía ansiedad por tener que entrenar; la salud mental es clave, entendámoslo”

La salud mental sigue siendo un tabú en el deporte. A sus 20 años, Gabriela Sánchez-Parodi sabe lo que es superar una depresión: "Pensaba que se me había olvidado jugar a baloncesto; recomiendo a todo el mundo que vaya al psicólogo"
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Gabriela Sánchez-Parodi, jugadora tinerfeña de la Franklin Pierce University de la NCAA | FRAN PALLERO

“Me despertaba por la mañana con ansiedad por pensar en el próximo entrenamiento. Era horrible”. La tinerfeña Gabriela Sanchez-Parodi tiene 20 años, pero, posiblemente, los dos últimos que ha vivido han hecho que su grado de madurez sea mayor al que indica su edad. Juega en la Franklin Pierce University, de la NCAA 2 y conoce lo duro que es adaptarse al baloncesto estadounidense. “Pasé una depresión, luché”, asegura. Esta es su historia de superación.

Gabriela sabe lo que es estar lejos de los suyos. Con 17 años se marchó a la John Madejski Academy para jugar con las Reading Rockets, en el Reino Unido. Su buen hacer allí provocó que le llegara la oportunidad de marcharse becada a Estados Unidos. No se lo pensó: “Me ofreció ir a jugar a esta universidad una chica que me había visto anteriormente. El entrenador me pidió algunos vídeos más y decidió ficharme”.

De este modo, la tinerfeña puso rumbo a Rindge, en New Hampshire, con toda la ilusión del mundo pero las cosas no comenzaron como hubiera deseado: “Lo pasé fatal. Lo peor fue verme alejada de mis padres, no poder venir a la Isla en Navidades, sentir esa lejanía. Me costó adaptarme”.

Gabriela, durante un encuentro con la Franklin Pierce University | FPU

“Caí en una depresión”

Todo se puso en contra de Gabriela, porque el Covid provocó que se cancelara buena parte de la competición: “Ese primer año no jugué nada. Llegas, hay jugadoras que te sacan cuatro años y no ves la manera de coger tu sitio. Te ves lejos de casa y sin saber muy bien qué hacer”.

Lo peor de todo es que, al no disponer de minutos en los partidos, la tinerfeña sentía la presión de tener que demostrar que valía, que aquella beca era merecida, en muy poco tiempo. En apenas un par de minutos estaba obligada a confirmar que tenía un hueco en el equipo.

En esos momentos, buscó el apoyo y los consejos de sus padres, que fueron “fundamentales”, pero, como ella misma reconoce con tono sereno, llegó a “colapsar”. “Lo peor es no saber qué te pasa. Me despertaba con ansiedad pensando en el próximo entrenamiento. ¡Es que no sabía ni lanzar un tiro libre! Vivía en una pesadilla. Pensaba que se me había olvidado jugar a baloncesto”.

Su entrenador se dio cuenta, ofreciéndole regresar a la Isla. “No todo el mundo encaja, no pasa nada”, le advirtió, pero Gabriela se mantuvo firme: “Le dije que aguantaría hasta verano. Si no era capaz, me iría, pero iba a luchar”.

Y esa lucha, más allá de retóricas o palabras vacías sacadas de manuales de autoayuda, llegó de la mano de un especialista: “Recomiendo a todo el mundo que vaya al psicólogo. Es muy importante, por favor, tenemos que entenderlo porque solo así podemos encontrar soluciones”.

Fue Juan Capafons la persona que comenzó a “dar pautas” y ayudar a Gabriela Sanchez-Parodi. Fijaron horarios para poder llevar a cabo terapia a distancia y todo comenzó a funcionar: “Esas pautas me ayudaron a controlar, por ejemplo, la ansiedad. También fue muy importante saber qué tenía, porque, a partir de ser consciente de que era una depresión pude empezar a afrontarla. Hablo con él todas las semanas”.

Volver a sentirse jugadora

Si fundamental fue la ayuda de un psicólogo también lo fue regresar el verano a la Isla. Volver a estar con los suyos. “Recuperé sensaciones”, admite, porque lo hizo “con la gente de toda la vida”. Entrenó todos esos meses con el Tenerife Central y Gabriela se dio cuenta de que el baloncesto era lo que quería: “Fue terapéutico volver a estar con los míos. Sentí que, ahora sí, estaba preparada para regresar a Estados Unidos”.

Y, pese a que, nuevamente, comenzó sin tener minutos, le llegó la confianza de su entrenador, con el que siempre ha tenido una “gran relación” pese a los momentos de poca participación en forma de minutos. Aunque, nuevamente, no fue sencillo: “Llego, otra vez, y no juego tras estar tan bien durante el verano. No me lo podía creer. Allí tienes que ganarte mucho, mucho, la confianza de los entrenadores”.

La tinerfeña acabó disputando 19 minutos de media y asentándose en su equipo el pasado curso FPU

Pero, y es uno de los mensajes que quedan tras hablar con Gabriela Sánchez-Parodi, “siempre llega tu momento”. “Mi entrenador me dijo que defendiera más y que cogiera más responsabilidad, pero, claro, sin jugar: ¿Quién me va a hacer caso en la cancha? Pero la gente se lesiona, se llena de faltas, tienen peores piernas y te aparece la oportunidad. Eso fue lo que me pasó”.

Apoyada en la figura de sus padres, que siempre le dijeron que llegaría su momento, la tinerfeña acabó jugando la pasada temporada 19 minutos de media: “Ahora miro atrás y es como no vivir yo esa época de mi vida. Llamaba a mis padres llorando. Me decían que luchara. No fui consciente de lo fuerte que era mentalmente hasta que llegué a Estados Unidos. Lo pienso y me pregunto: ¿cómo pudiste ser tan fuerte?”.

Es la misma fortaleza que provoca que, ahora mismo, tenga muy claros sus planes de futuro, que pasan por seguir con el deporte en su vida: “Quiero acabar Ciencias Políticas y luego hacer un máster, seguramente en Inglaterra. Es curioso, con todo esto me he dado cuenta de que lo que quiero es jugar a baloncesto, compaginándolo con otra cosa, pero el baloncesto, con todo, es lo que más quiero”.

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