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‘Cita en el Mar’: casi tres decenios bajo el océano

El pesquero, con 14 tripulantes, se hundió en la noche del 14 de mayo de 1995 tras encallar en la Punta de Rasca; el submarinista Sergio Hanquet, que rescató al día siguiente la documentación de la cabina, recuerda el suceso en DIARIO DE AVISOS
‘Cita en el Mar’: casi tres decenios bajo el océano

Es uno de los naufragios recientes en aguas canarias menos conocidos. Sucedió hace 27 años en el sur de Tenerife cuando el pesquero Cita en el Mar regresaba a la isla con dos toneladas de túnidos en sus bodegas después de un par de días faenando en El Hierro. En la noche del 14 de mayo de 1995 un brusco impacto sobresaltó a los 14 tripulantes de la embarcación. Acababan de encallar en la Punta de Rasca, en la costa del municipio de Arona, junto al faro del mismo nombre.

El atunero, de 21.80 metros de eslora y 6.24 metros de ancho, navegaba con piloto automático rumbo al faro para, seguidamente, dirigirse al sur de Gran Canaria. Pero un desafortunado despiste acabó estrellándolo contra las rocas.

Tras el impacto, la tripulación intentó a la desesperada dar máquinas atrás con el motor de 230 caballos, y, con la ayuda de la marea, el pesquero retrocedió, pero la vía de agua que se había abierto bajo su proa dio al traste con el plan de llegar al puerto de Los Cristianos, a menos de dos millas náuticas. El capitán ordenó entonces el abandono de la nave. El Cita en el Mar, construido en 1961, empezó a hundirse en medio de la madrugada y minutos después desapareció de la vista de sus tripulantes. Su quilla acabó en los fondos rocosos-arenosos, a 23 metros de profundidad.

Horas después, con las primeras luces del día, dos de sus tripulantes, aún con el susto en sus cuerpos y las ropas mojadas, se presentaron en una dulcería de Los Cristianos regentada por Sergio Hanquet, experto buceador residente en el Sur, conducidos hasta allí por Fefo, pescador y amigo de Hanquet, al que le pidieron que intentara rescatar la valiosa documentación que quedó a bordo, en el interior de la cabina.

Ese mismo día Hanquet se lanzó al mar en busca de los papeles, que logró recuperar de una de las gavetas de la cabina. Comprobó que el barco estaba intacto, excepto su proa, en la que se apreciaba el enorme boquete causado por el encallamiento. “Recuerdo que el barco se movía y llegar hasta la cabina no fue tan fácil, porque en una embarcación recién hundida todo flota –así lo comprobó personalmente al tener que sortear colchones y maderas- y tienes problemas para moverte porque en un momento dado te puedes ver atrapado”, rememora el submarinista en DIARIO DE AVISOS casi tres décadas después.

En los días sucesivos el buceador bajó varias veces hasta el Cita en el Mar para fotografiar el progresivo deterioro del pecio y explorar sus bodegas repletas de túnidos. “No tardó en degradarse, como suele ocurrir con los barcos de madera sometidos a las corrientes. No era nada seguro, la popa se balanceaba por el vaivén del mar y el puente cayó por su propio peso partiendo el barco en dos”, explicó el experto en inmersiones, que ha dejado constancia del suceso y de su experiencia en su guía Bucear en Canarias 2.

Sergio Hanquet

Más de 27 años después, el pecio permanece a medio centenar de metros de la costa y a unos 45 metros de profundidad, prácticamente el doble del lugar al que cayó la noche del accidente, por la acción de las corrientes. Sus restos se han convertido en un refugio para diversas especies que han transformado sus viejas maderas y lo que queda de la cabina de aluminio en un ecosistema lleno de vida.

“Cuando se produce un hundimiento por accidente, este puede causar de forma local y durante un tiempo una serie de factores perjudiciales para el medioambiente, como el derrame de combustibles o el efecto de determinados agentes químicos, pero con el paso del tiempo todos se convierten en pequeños ecosistemas que atraen a numerosas especies”, señaló Hanquet. Además, recordó que, según su localización y profundidad, los pecios se convierten en atractivos lugares para los buceadores. 

En la misma zona del accidente, otro barco, el Condesito, corrió la misma suerte el 27 de septiembre de 1973 en un punto muy próximo al del hundimiento del Cita en el Mar. El portal digital Puente de mando, de Juan Carlos Díaz Lorenzo, publicó que el buque, de 43 metros de eslora y 8 de ancho, portaba un cargamento de cemento desde Gran Canaria y se dirigía al puerto de Los Cristianos, pero a poco más de una milla náutica de su destino quedó varado en la Punta de Rasca.

Después de comprobar que sus bodegas quedaron inundadas y ante el riesgo de que se partiera en dos, se ordenó el abandono del buque. El Condesito firmó su sentencia y se fue al fondo del mar, donde sus restos reposan desde hace casi medio siglo.

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