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Los 4 alimentos populares en España que contienen metales pesados sin que lo sospeches

Las cabezas de las gambas tienen mala fama por aportar metales pesados al organismo, pero los de otros alimentos populares pasan desapercibidos
metales pesados

Las Navidades en España han quedado oficialmente clausuradas desde este lunes y ahora comienza una época de frugalidad en el comer y en los gastos. Con la vista puesta en el verano, ahora toca recuperarse económicamente y físicamente de los excesos de esta época: que si los polvorones, el roscón de Reyes y, por supuesto, los atracones de langostinos. Aunque son un alimento saludable, no siempre los comemos como deberíamos: en Navidad solemos darles un buen baño de mayonesa y chuparles la cabeza.

Sorber la cabeza de los langostinos es uno de los rituales más repetidos en estas cenas familiares, pero los expertos aconsejan que lo erradiquemos. ¿Por qué? Pues porque la cabeza de estos animales es como un chupito de metales pesados, concretamente de cadmio. Probablemente, recuerdes este elemento de la tabla periódica: se trata de un metal presente de manera natural en el medio ambiente —por la erosión de rocas o la actividad volcánica—, pero también puede incorporarse como resultado de la actividad industrial.

El cadmio está presente tanto en el suelo como en el agua de ríos y mares y, por esta razón, puede terminar acumulado en el hígado de algunos seres vivos. En el caso de los langostinos, el hígado se encuentra en la cabeza y, por eso, chupar esta parte de su anatomía puede resultar tóxico a largo plazo. Según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan), la acumulación de cadmio en el cuerpo puede ser cancerígena y se ha asociado a la disfunción renal y la desmineralización de los huesos.

El caso del arroz

De todas formas, los metales pesados no sólo se encuentran en los mariscos, aunque se hayan llevado casi toda la mala fama a este respecto. El cadmio y otros metales pesados también son capaces de alcanzar otros alimentos que consumimos a diario, como algunos tipos de cereales. Uno de los casos más conocidos es el del arroz, que es capaz de absorber varios tipos de metales, como el cadmio, pero también el arsénico. En este artículo de EL ESPAÑOL, se explica que, de hecho, el arroz absorbe hasta 10 veces más arsénico que otros cereales.

La exposición prolongada a este otro metal puede llegar a ocasionar en los casos más extremos un cáncer de piel, de vejiga o de pulmón. Debido a estos riesgos, la Unión Europea controla el nivel máximo de metales que pueden encontrarse en estos granos. Así que, por lo tanto, no debemos temer por el que compramos en el supermercado. Sin embargo, si queremos asegurarnos de que el arroz que consumimos tiene la mínima cantidad posible de arsénico podemos poner en práctica un truco.

Tal y como explicaba la farmacéutica Marián García en su libro El jamón de York no existe (La esfera de los libros, 2019), podemos mantener el arroz a remojo durante unas ocho horas o lavarlo bajo un chorro de agua hasta que ésta salga limpia. Con esto, se podría reducir hasta en un 28% la cantidad de arsénico que pudiera contener el arroz que hemos adquirido. Las cantidades de metales que se pueden absorber a través de los cereales es muy pequeña, pero el problema reside en que son alimentos muy habituales en la dieta.

Tabaco y pescados

El trigo, los champiñones o el cacao también pueden contener cadmio, así como algunas vísceras de animales comestibles como el hígado y, por lo tanto, el paté. Según la Comisión Europea, la exposición de los europeos al cadmio a través de la dieta “está cerca o ligeramente por encima de la ingesta tolerable semanal”. Es decir, que deberíamos limitar las ocasiones en las que succionamos las cabezas de las gambas porque rozamos el límite de lo que se considera demasiado cadmio para el organismo.

Eso sí, es importante tener dos aspectos en cuenta: el primero es que la Unión Europea fija unos niveles máximos de cadmio en los alimentos que más riesgo constituyen para nuestra salud; el segundo, que las personas que fuman tabaco están más expuestos a este metal a través de esta sustancia que a través de la alimentación. Tal y como explica la tecnóloga de los alimentos Beatriz Robles en su blog, “los fumadores acumulan de media el doble de cadmio que los no fumadores”. 

Por último, no debemos olvidarnos del consumo de mercurio a través de algunas especies de pescado. A pesar de que en estos casos también la Unión Europea regula la cantidad de mercurio permitida en los pescados, son los grandes depredadores y los pescados azules los que más mercurio contienen. Los pescados azules contienen más grasa y el metilmercurio se adhiere a esta con más facilidad. Por eso, es importante mantener un consumo esporádico —o evitarlo, directamente, en etapas de la vida como la infancia y el embarazo— de tiburón, atún rojo o emperador. Es mejor elegir especies pequeñas, como las sardinas.

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