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El fin de la aventura de Pepe: el popular parrillero de El Calvario

Después de 38 años al frente del restaurante y de hacer famosos los pollos asados, José Rodríguez Correa y su esposa Angelita han decidido que es hora de descansar
El fin de la aventura de Pepe: el popular parrillero de El Calvario

Fue hace 38 años y por necesidad, cuando José Rodríguez Correa abrió el restaurante que lleva su apelativo y por el que lo conocen clientes, familiares, amigos y la mayoría de los vecinos de Tacoronte, su municipio. Lo hizo porque tenía que vender unos 12.000 litros de vino que tenía en la bodega su padre, fallecido unos meses antes.

Hasta ese momento trabajaba como comercial en la calle pero tuvo un pequeño roce con su jefe y decidió que era el momento de marcharse e iniciar otra actividad.

Contaba con un local vacío de su propiedad que hasta entonces había estado ocupado por una juguetería, y 12.000 litros de vino, así que no dudó en abrir una especie de guachinche para ofrecerlo junto con las tapas que elaboraba Angelita, su esposa, que siempre tuvo muy buena mano para la cocina, “y dado de alta porque entonces no existían las facilidades de hoy”, expone.

Aprovechándose de esas dotes, diseñaron un par de platos y pusieron una parrilla para empezar a asar los pollos. Fue toda una aventura y un riesgo, porque hasta ese momento “no había hecho ni un pollo para mí”, bromea. Pero la necesidad de empezar a trabajar, de sacar el negocio y la familia adelante -el matrimonio tenía dos niñas pequeñas-, y las ganas que tenían, hizo que se arriesgaran.

Hasta Angelita tuvo que asar pollos al principio porque los comienzos siempre son complicados “aunque no dejan de ser una base y una experiencia para el resto de tu vida”, reflexiona.

Tropezaron con gente muy buena que los apoyó, sobre todo el señor que le vendió las máquinas y que trató a Pepe “como si fuera mi padre”. Le contó toda la verdad, que no tenía experiencia en la restauración pero que el local era suyo y que tenía únicamente 500.000 pesetas para comprar todas la maquinaria que necesitaba. El señor les guardó una letra en cartera y les facilitó todas las herramientas para empezar. No pueden olvidar este gesto y aún, pese al tiempo transcurrido, se emociona al contarlo.

Al principio su idea era poner un restaurante de pescado -una de las especialidades de Angelita es el atún en adobo- dado que es el producto estrella de la zona, pero tuvieron la negativa de los pescadores de no tener un barco que se los proveyera así que apostaron por el pollo asado: un plato que podían defender, a la vista de que no había solución para el pescado fresco.

El fin de la aventura de Pepe: el popular parrillero de El Calvario
El matrimonio en la despedida sorpresa que le organizaron días atrás familiares, amigos y clientes. DA

Se esforzaron para que salieran buenos e intentaron hacerlos famosos a fuerza de ofrecerles media ración a los comensales para que los probaran antes de elegir plato. Así empezó a hacer clientes hasta el punto que había gente que venía desde Santa Cruz a comer pollo asado a El Calvario. Con el tiempo, no solo consiguió su objetivo sino que también que lo conocieran como ‘Pepe, el de los pollos’.

Como buen vendedor, la constancia ha sido su éxito. No había carta en la mesa, los clientes se los ha ganado siempre “a fuerza de fabricarle jugos gástricos”.

Su secreto era asar los pollos con leña que él mismo cortaba y cargaba y al que nunca le puso ningún mojo ni adobo. “Las carnes tienen que ir desnudas, sólo con sal, porque el sabor está en la leña”, explica. Utilizaba de manzano, peral, naranjero y limonero, que además dan una llama azul, y el eucalipto sin la cáscara, porque es una madera más caliente y aguanta más tiempo encendido sin tener que añadir nada para no ahumar.

Mucha gente acudía a su local y le decía, “quiero comer de lo que huele”. El olor fue su principal relaciones públicas. “Pero todo eso te lo va dando el tiempo y el oficio”, recalca.
También le dieron grandes amigos y clientes fieles que, enterados de su pronta jubilación, no dudaron en organizarle una fiesta sorpresa con más de 150 personas que llegaron incluso desde otras islas y en la que también estuvieron presentes el alcalde, José Daniel Díaz, y el exmandatario Hermógenes Pérez, quienes no dudaron en repasar la historia de este emblemático establecimiento al que 38 años después de fundarlo, Pepe y Angelita le dicen adiós porque consideran que ya es momento de descansar un poco.

La buena noticia es que tras varios días cerrado el 1 de marzo el restaurante El Calvario abre de nuevo sus puertas. Al frente estará Marcos, quien hasta ahora era la mano derecha del popular parrillero, por lo que la calidad y la buena atención están garantizadas.

El fin de la aventura de Pepe: el popular parrillero de El Calvario

Un Charlot muy demandado e infaltable en la Piñata Chica

De lo que no se jubilará Pepe es del Carnaval, una fiesta que vive a tope y en la que siempre ha encarnado a Charlot, el popular personaje creado por Charles Chaplin. “Me comía el papel”, sostiene, hasta el punto que en varias ocasiones se tuvo que vestir en su restaurante a petición de los clientes, sobre todo extranjeros, que les requerían que hiciera un número. Su esposa no es muy carnavalera pero “cuando empezó a salir de noche, también se vestía para vigilarlo y que no se escapara”, dice riéndose. Este año disfrutará de la Piñata Chica sin prisas por llegar a casa o pensando en cumplir horarios al día siguiente. Comenta orgulloso que un año “le dio la lata” en la plaza a un guardia civil que no lo reconoció. Al día siguiente, el hombre acudió a su restaurante y cuando le preguntó cómo le había ido en el servicio la noche anterior, le contó que “un Charlot le había dado la lata toda la noche”.

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