Empieza el recuento de daños en Puntagorda mientras se lucha contra el fuego en La Caldera

El incendio de La Palma ralentiza su avance, pero ya afecta a la Caldera de Taburiente

Por Luis G. Morera Mientras los medios de extinción del incendio se concentran ahora en el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, en Puntagorda, el municipio de La Palma donde se originó el fuego, varios vecinos afectados han podido acceder a sus viviendas y hacen ya recuento de daños junto a bomberos y técnicos del ayuntamiento.

Debido a la hora a la que se declaró el incendio, en torno a la medianoche del sábado, muchos de los residentes del barrio de El Pinar estaban dormidos y fue el olor del humo y los ladridos de los perros lo que les alertó para que escaparan de las viviendas.

Así es como lo ha relatado Lina, una de estas vecinas que este martes se ha acercado a lo que queda de su vivienda, con la impotencia de haber intentado luchar en un primer momento con una manguera contra el fuego, ante el que se vio superada en mitad de la noche.

Ahora, aunque el incendio sigue en activo en otros puntos de la comarca, Lina hace recuento de daños, comprueba el estado de su vivienda, que habrá que derruir y construir de nuevo, “salvando lo que se pueda”.

El alcalde de Puntagorda, Vicente Rodríguez, que ha visitado este martes a los vecinos afectados, le ha asegurado a Lina que levantarán “de nuevo la casa y será más bonita”, una afirmación a la que ella se agarra para afrontar la reconstrucción de su propiedad.

Rodríguez ha enumerado las consecuencias del paso del incendio por Puntagorda, que está recopilando para hacer el informe de daños, “para tener constancia de la envergadura, ya que estamos hablando de 16 a 20 inmuebles quemados, algo que nunca había ocurrido en nuestra isla”.

“La afección es increíble, el paisaje ha quedado destruido. Eso es algo que no se puede cuantificar económicamente y la cantidad de daños en frutales, en viñedos o en infraestructuras de regadío por ejemplo, conlleva un trabajo de peritación muy amplio”, ha especificado el alcalde.

Al otro lado de la carretera estaba la casa de Alfonso, de color blanco hasta hace tres días, y ahora teñida de negro excepto en su azotea, donde todavía están tendidos al sol los calcetines impolutos de sus hijos de cuatro y seis años.

Y son sus niños los que le han dado a este vecino de El Pinar el empuje para buscar solución habitacional y mantener una actitud positiva, porque como él mismo cuenta, “los niños no se han dado cuenta de nada, con lo que, si ellos te ven ilusionado, lo viven así”.

“Hoy les volví a recordar que tienen que hacer un dibujo de la casa nueva”, asegura Alfonso, que huyó de su vivienda la madrugada del sábado tras ser incapaz de repeler las llamas por su cuenta.

Ahora ha sido acogido por diversos amigos junto a su familia y ya cuenta con una vivienda provisional, espera “que por un largo tiempo” para que pueda reasentarse.

“Mis hijos están empezando la vida. Ellos no pueden decir que han perdido su casa de toda la vida, si consigues que con la edad que tienen no se den cuenta. Si no te ven flaquear, no van a llorar y no han llorado ni una vez todavía”, sentencia Alfonso con una sonrisa. 

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