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La noche que Messi le dijo a la historia: “Ya está”

Se cumple un año de la épica victoria de Argentina sobre Francia en “la final del siglo”, disputada en Catar, que coronó al jugador más laureado de todos los tiempos
La noche que Messi le dijo a la historia: “Ya está”
Leo Messi besa la Copa del Mundo el 18 de diciembre de 2022 mientras porta el trofeo de mejor jugador del torneo. Agencias

“Va Montiel, va Gonzalo, va Montiel… ¡goooooool!, ¡goooooool”, gritó al mundo hace un año Pablo Giralt, narrador televisivo de la mejor escuela argentina, con la voz rota y entre lágrimas de felicidad desde la tribuna de prensa del estadio Lusail de Doha. Argentina explotó en ese momento y se lanzó a la calle para festejar su tercer Mundial, mientras el locutor, con un rosario alrededor de su cuello, incapaz de embridar los sentimientos, se abrazaba a la emoción: “Somos campeones del mundo, gracias Argentina de mi corazón, gracias Messi, gracias Leo, el fútbol te devolvió todo lo que le diste, todo, todo, todo… sos una leyenda, naciste para lucharla, para pelearla; te jugaste la vida, te fuiste a España con tu viejo, lo dejaste todo… te lo merecés, Leo, gracias Dios por vivir este momento único en la vida”. Segundos después, soltaba el micrófono y rompía a llorar sobre el pupitre.

Mientras Giralt se desgañitaba entre sollozos tras el decisivo gol de Montiel en la tanda de penaltis que tumbaba a la Francia del aspirante a emperador Mbappé en la “final del siglo”, como la calificaron diferentes comentaristas, Messi se dejaba caer de rodillas sobre el césped en el centro del campo, como hizo un año antes tras conquistar su primera Copa América en el santuario brasileño de Maracaná. La mayoría de sus compañeros salieron disparados hacia el área poseídos por la euforia, pero él optó por quedarse donde estaba y desde allí dirigió su mirada al palco, levantó las manos y lanzó un mensaje a su familia y a la historia: “Ya está”.

A sus 35 años, el rosarino colocaba en lo más alto de su puzzle la pieza que le faltaba y estampaba en su pecho la estrella dorada que durante tantos años persiguió. El mundo del fútbol saldaba así su lacerante deuda con el jugador más laureado de todos los tiempos al que el destino le había negado, una y otra vez, la gloria del entorchado mundial. Pero le esperaba un último tren en el desierto y no lo desaprovechó. Messi fue a Catar como quien va a examinarse a una última convocatoria. Sin margen de error.

El capitán argentino se echó a su selección a la espalda y firmó unos números que revelan su decisivo papel en el Golfo Pérsico: jugó todos los partidos, anotó 7 de los 15 goles de su selección (dos de ellos en la final), dio tres asistencias, un recital de pases y fue elegido el mejor jugador del Mundial. Cerraba así el círculo y completaba un palmarés de ensueño.
El Mundial le auparía a su octavo Balón de Oro en una vitrina infinity, rebosante de trofeos: una Copa América, 4 Champions League, 3 Supercopas de Europa, 3 Mundiales de Clubes, 10 ligas con el FC. Barcelona, 2 con el PSG, 7 Copas del Rey, 8 Supercopas de España, 1 Supercopa de Francia y 1 Leagues Cup con el Inter de Miami.

El exjugador del Barça no dejó de sumar récords a lo largo de su carrera. Formó parte del dream team de Guardiola, único club que ha logrado el sextete; levantó 8 trofeos Pichichi, fue el máximo goleador en la historia de un club (con 672 dianas), el jugador con más títulos en una competición nacional (35), el mayor anotador en una temporada (50 goles en la campaña 2011-12), el máximo asistente histórico de la Liga (192 pases de gol), el autor de la mayor cantidad de hat-tricks de la competición española (36) y el máximo goleador en los Clásicos (26 goles).

Su voracidad goleadora le llevó a ser el jugador con más tantos anotados de forma consecutiva en la Liga. Firmó un récord de largo recorrido, al marcar 33 goles durante 21 partidos seguidos en la temporada 2012-13. Messi también puede presumir de que es el único futbolista, junto a Ángel Di María, que ha ganado con su selección un Mundial, una Copa América y unos Juegos Olímpicos.

Obras de arte

Para el recuerdo quedarán obras de arte grabadas para siempre en la memoria de los amantes del buen fútbol, entre ellas la “parábola de Dios”, como calificó Lluis Flaquer la curva imposible que atravesó la escuadra del Liverpool en una semifinal de Champions; la sutil vaselina que puso al campo del Betis a hacer la reverencia y a corear su nombre; el gol al más puro estilo barrilete cósmico sorteando rivales del Getafe que salían a su encuentro; el zigzageo con el balón cosido a su zurda en la final de Copa frente al Athletic para conducirlo a las mallas, o el penalty a lo Cruyff que reconvirtió en asistencia a Luis Suárez.

Hace un año, Messi levantó su trofeo más esquivo, y esa misma noche durmió abrazado a la Copa del Mundo. “Al fin juntos”, debió pensar, o quizá pasó por su cabeza el “gracias, Dios, por este momento único en la vida”, lanzado a los cuatro vientos por el locutor desaforado, que, como tanta gente en todo el planeta, sigue dando hoy las gracias por poder exclamar: “Yo vi jugar a Messi”.