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Yamilet Blanco: “El cáncer me ha enseñado a amarme más a mí misma y a los que me rodean”

Esta mujer luchadora está ganando la batalla al que llama su “okupa ilegal” y lanza un mensaje de esperanza a todos los que sufren esta enfermedad “que se puede vencer”
Yamilet posa recostada junto a su gran amiga Dulce Afonso. / DA

Yamilet Blanco es una joven que, pese a su enfermedad, un cáncer de mama que ya tiene prácticamente superado, está llena de vida, de ilusiones, de sueños y de proyectos, junto a su preciosa hija, que es el “motor de su vida”. El destino quiso que, junto con su amiga Dulce Afonso, nos cruzáramos en el Hospital de Día de Santa Cruz y compartiera con nosotros su historia.

Yamilet lucha contra el que llama su “okupa ilegal” de manera admirable y ejemplar, con la esperanza de ver nuevamente la luz de la vida y los colores de la naturaleza. Ella es un ejemplo de que se puede vencer al “malvado intruso” con una actitud positiva, con el amor de las familias y con el tratamiento de la quimio y la inmunoterapia. Es su mensaje de esperanza que envía para todas aquellas personas que padecen esta enfermedad cada vez menos mortal gracias a la investigación médica y a la prevención.

Personas como Yamilet Blanco y su amiga del alma Dulce Afonso, representan los valores humanos y morales que te hacen reflexionar sobre un mundo totalmente mejor y distinto al que habíamos conocido anteriormente, en estos comienzos de siglo XXI, caracterizados por la desigualdad, el materialismo y la ambición depredadora.

Yamilet destaca la importancia que tiene su amiga Dulce Afonso en su vida: “Ella es Dulce, y como su nombre indica, es de las amigas más dulces y mágicas que tengo. Nuestra historia empezó sobre el 2010, marcando los ejercicios para poner mi body en forma y, 13 años después, sigue a mí lado ayudándome a eso y a todo lo demás”.

Esta mujer luchadora confiesa que “los días de quimio son días de sentimientos encontrados, de incertidumbre, quiero pero no quiero… Cada lunes (en este caso martes), una de mis guardianas saca y libera su día para mí, para estar disponible, llevarme, traerme, acompañarme y hacerme reír y disfrutar como solo ellas saben. Es el amor, que es la base de todo”.

“Cada jornada de tratamiento en el HUC -detalla- empieza a las 8.30 de la mañana y termina a las 20.30 horas;es todo un día de maratón: analítica, desayunazo en el Makika, vuelta a ver a la oncóloga que estaría sustituyendo al mío (doctora espectacular, aunque eché de menos a mi doctor Ceballos). La analítica estaba perfecta, tenía programadas tres quimios sin revisión que tuvieron que verse modificadas por el suceso de la semana pasada, y aunque hubiera sido lo más cómodo, yo me siento más amparada si puedo ver a mi oncólogo y me hacen analíticas continuamente porque esto es como una montaña rusa. Comida en el Puerto, merienda con mi @msmagdalena28 y vuelta al HUC porque a las 18.30 horas me volvía a conectar a la vida”.

Mientras estaba conectada, con su amiga Dulce al ladito, pasó un matrimonio que ya se marchaba. “La energía que juntos emanaban era brutal; son de esas personas que te dan ganas de no dejar escapar. Él era Rafa y su compañera Candela. Nos contaron que desde esa mañana se habían fijado en nosotras y en las risas poco comunes y contagiosas que poco se pueden ver en la sala de la quinta planta del HUC. En esta planta -continúa Yamilet- las sonrisas son poco comunesbueno, . Lo común es la tristeza que se refleja en las caras de los pacientes y sus familiares. Tras una charla corta, nos dimos cuenta que Rafael y yo tenemos una mirada muy similar de enfrentarnos a nuestro amigo transitorio. La actitud es la base de todo proceso difícil y él y yo ya sabemos que esto es un pulso que tenemos ganado”.

El relato de su vida cotidiana es un ejemplo de lucha y de amor por la vida. “Desde que me puse las gafas de mirar la vida con amor todo me parece bonito”, afirma Yamilet. “Y es que en cada segundo de la vida encuentro algo hermoso e interesante. Hasta de los momentos que pueden parecer más incómodos para la vida logro la forma de crecer y de actuar de la manera en la que un día no pude y que ahora elijo cambiar”. Con la moral muy alta, afirma rotunda: “Me gusta la vida, me gusta vivirla, me gusta gestionarla, me gustan las personas que tengo a mi lado, me gustan mis amigas/os; en definitiva, amo a la vida y me gusta vivirla”.

No obstante, reconoce que “hay momentos que la quimio empieza a dejar sus efectos, cuando no da respiro. Pero también la miro a ella con amor, agradeciéndole que me haya llevado contra las sombras, a lo más recóndito de mí, para mirarme con amor”. “Me amo por encima de todas las cosas”, confiesa emocionada. “Este amigo transitorio ha venido a demostrarme que siendo mi prioridad puedo dar un amor más sano a mí misma, pero también a quienes me rodean. Mira a la vida con amor y ella te devolverá la misma mirada”.
Sin perder su bella sonrisa, Yamilet Blanco asegura que “luchando mucho, teniendo una actitud positiva, recibiendo el apoyo de tus familiares y el tratamiento, hay vida, luz y muchas posibilidades de vencer al intruso ilegal del cáncer. Reconozco que no es fácil, pero no es imposible salir victoriosa de esta batalla”. “Para mí -concluye, a modo de titular-, el cáncer ha sido una oportunidad que me ha hecho sonreír a la vida, por lo que quiero transmitir un mensaje de actitudes positivas ante una enfermedad que se puede vencer”.

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