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Khafal, un universo creativo con raíces canarias y sueños ambiciosos

El emergente artista tinerfeño busca abrirse camino en la industria musical inspirado por referentes de las Islas como Cruz Cafuné
Khafal un universo creativo con raíces canarias y sueños ambiciosos

En 2016, un tímido pero decidido chico de Santa Cruz decide apuntarse con solo 15 años a unas competiciones de rap organizadas en las calles de la capital tinerfeña: las llamadas peleas de gallos. Su nombre es Carlos Alonso, aunque pronto, incluso sus amigos de toda la vida pasarán a llamarle Khafal. El apodo nace jugando con sus iniciales: “No podía apuntar a las batallas simplemente como Carlos”, reconoce entre risas. Aunque confiesa que ponerse un mote le daba bastante vergüenza “me parecía como ir muy de sobrado”.


La música ha estado presente en la vida de Carlos desde pequeño. A muy temprana edad entró en la Escuela Municipal donde, según recuerda, “al principio apenas usábamos instrumentos, nos enseñaban a sentir y jugar con los sonidos”. Con el tiempo, empezó a tocar el saxofón, aunque lo que más le llamaba la atención, ya en esa época, era el rap: “Escribía algunas cosas en clase, pero lo hacía para mí y, como mucho, se lo enseñaba a algún colega”.


El salto a las peleas de gallos, duelos líricos donde uno o más freestylers se enfrentan en rondas improvisadas de rap, supuso para él todo un desafío al exponerse por primera vez en público. “En ese momento me costaba mucho. Yo era un pibe en tercero de la ESO y nadie de mi entorno hacía rap. Ni sabían que hacía música salvo algún amigo”, explica. A pesar de ser uno de los raperos más jóvenes, Khafal logró ganarse rápidamente el respeto de todos con la frescura y desparpajo de sus rimas.


Poco a poco, fue haciéndose un hueco en la escena local. Su talento lo llevó a ganar una competición en Taco cuyo premio era grabar una canción con videoclip incluido, lo que supondría un verdadero punto de inflexión en su carrera. “Esa victoria me impulsó a decir: vale, ahora es el momento. Ya tenía varios temas escritos que no me atrevía a sacar, pero ahí fue cuando me di cuenta de que era ahora o nunca. Me daba bastante palo, pero lo hice, y a la gente le gustó. Desde entonces no he parado”, recuerda.


“La diferencia entre Carlos y Khafal es que uno te cuenta historias aburridas y el otro lleva una vida normal”, escribe en su tema Want It All. La rima hay que tomarla con cierta ironía, porque aunque Carlos ha seguido viviendo su vida con total naturalidad, rodeado y respaldado por su círculo de siempre, es casi imposible aburrirse al adentrarse en su universo artístico. Inspirado por una infinita diversidad de géneros, su música ha ido pasando del rap más tradicional a una fusión de estilos difícil de categorizar.


“Acabé un poco cansado del rap y empecé a descubrir cosas nuevas. Escuchaba de todo, y eso se fue reflejando en mi música”, comenta el joven artista. Con una base de trap, género urbano de moda, Khafal ha ido incorporando ritmos de reggaeton melódico, sonidos ochenteros e incluso estéticas orientales, atreviéndose con el City Pop, un género disco del Japón de posguerra. Y es que confiesa que siempre ha admirado a los artistas de los que “te enamoras de su universo y de todo lo que te cuentan, sin importar el estilo que empleen”.

Referentes con acento canario


Al recordar a los artistas que más lo influenciaron en sus inicios en el rap, Carlos menciona a talentos locales, como los grancanarios Buda, Nir8an y Nestakilla. A medida que fue abriéndose a nuevos sonidos, comenzó a escuchar a Niño Maldito, un artista de Tenerife con quien más tarde tendría la oportunidad de colaborar: “Al principio ni lo entendía, pero a mis colegas sí les molaba, y poco a poco me fue gustando”, admite.


Hoy en día, la industria musical canaria vive una auténtica época dorada, con artistas como Bejo, Quevedo o Cruz Cafuné en la cima del panorama mundial. Estos logros están inspirando a una nueva generación de jóvenes que ahora ven posible alcanzar el éxito desde las Islas. “Si ellos no hubiesen derribado ciertas barreras, la gente de aquí no nos lo creeríamos tanto”, afirma Khafal. “Tener representación en el ‘mainstream’ y en los grandes medios te motiva; lo ves como un proyecto de vida viable”.


Con referentes de aquí irrumpiendo con tanta fuerza, también se están rompiendo barreras menos visibles, como es el caso de la pronunciación canaria. Ver cómo el acento de las Islas llega tan lejos está ayudando a reivindicar algo que, inexplicablemente, algunos aún censuran. “Creo que, al final, haciéndolo natural y haciéndolo tuyo es como mejor te puedes expresar y llegar a la gente. ¡Además, el acento canario es muy musical y versátil a la hora de crear música!”, reivindica con convicción.


Como muchos artistas que emergen del Archipiélago, Khafal no olvida sus raíces. Con orgullo, destaca que “nuestra situación geográfica, las migraciones y el cúmulo de culturas nos han dado una mentalidad muy abierta, lo que ha resultado en un mestizaje musical muy guay”. De esta manera, se une a la corriente de artistas como Cruz Cafuné, quienes, a través de su música, reivindican el valor y la identidad de la sociedad canaria. “Creo que es algo súper importante, y en mis proyectos futuros será un elemento central”, revela Carlos.

Una “batalla de resistencia”


En 2023, Khafal lanza una de sus producciones más especiales, en colaboración con uno de sus ídolos de infancia: Niño Maldito. Se trata de un EP de cuatro temas titulado “Endurance”. En español, “resistencia”, el nombre transmite un mensaje significativo sobre el arduo camino que enfrentan los artistas emergentes en su sueño de vivir de la música. Y es que, con la mirada puesta en aquellos que llenan escenarios en festivales y obtienen millones de reproducciones en plataformas de streaming, es fácil sucumbir a la frustración y la ansiedad por alcanzar el éxito.


Según el jóven tinerfeño, alcanzar la cima requiere de una combinación de factores: “Si eres bueno, trabajas duro y das los pasos necesarios para valorar tu trabajo, creo que tarde o temprano llegará la suerte”. Admite que, a veces, es inevitable sentir frustración y compararse con los demás, pero se esfuerza por mantener la calma sin obsesionarse con los números, y manteniéndose fiel a su estilo. “Al final, quienes se quedan contigo lo hacen porque les gusta tu mundo, tus vídeos, tu estética, y eso es lo que realmente me llena. No me lo tomo con prisa”, afirma con serenidad.


Desde hace cinco años, Carlos vive en Madrid, donde tuvo la oportunidad de cursar un grado en comunicación audiovisual. Sus estudios no solo le han permitido elevar la calidad de sus producciones artísticas al participar directamente en la dirección creativa de sus videoclips, sino también ha facilitado su crecimiento en la capital, donde hay más oportunidades. “Aquí aún falta mucha infraestructura”, señala, refiriéndose a un problema compartido entre los artistas emergentes: “En Tenerife sigue habiendo una falta de salas”, señala. A pesar de ello, reconoce que, a diferencia de hace unos años, ya no es tan necesario irse fuera para hacerse un hueco en la música. “El hecho de que hayan surgido artistas de aquí ha sido clave”, apunta.


Khafal está actualmente trabajando en un nuevo disco, un proyecto enfocado en Canarias que “no se ha hecho nunca en las Islas”. Además, confiesa que, con la idea de regresar en el futuro a su tierra para aportar lo aprendido fuera, sueña con vivir de la música y atraer a cada vez más personas a su universo artístico.