“Estoy muy agradecida, satisfecha, feliz”, asegura Hannelore Ottevaere, vecina de Costa del Silencio, al mirar hacia atrás y comprobar cómo, durante los últimos trece meses, el movimiento ciudadano creado por esta residente belga ha cambiado la cara al núcleo turístico y residencial de Arona, que vivió su época dorada en los años 70 y 80.
Desde el 19 de septiembre de 2023, día en el que Hannelore, cansada de ver tanta suciedad en el entorno de la urbanización Chayofita, comenzó junto a su hija a retirar latas, botellas y plásticos, una quincena de residentes, todos de nacionalidad extranjera -la mayoría propietarios– salen dos veces por semana (martes y jueves) a limpiar los terrenos, podar árboles, borrar grafitis y pintar muros y bancos.
La encomiable labor de este grupo de voluntarias (predominan las mujeres), que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Arona, que les cede material y les ayuda a coordinar los trabajos, es correspondida con constantes muestras de respaldo en la calle por parte de turistas y residentes. “Todo el mundo nos conoce y aplaude; nos dicen que somos ángeles y que nos merecemos una medalla y hasta un monumento”, comentó ayer a DIARIO DE AVISOS Hannelore, justo antes de comenzar el zafarrancho.

“No solo hay que limpiar por primera vez, también hay que repasar y mantener, porque todo se vuelve a ensuciar”, explica la promotora de estas brigadas ciudadanas contra la suciedad, quien reclama “más conciencia social” para mantener en condiciones un núcleo que, desde hace años, ha ganado peso residencial en detrimento del turístico: “La gente sigue tirando latas y botellas a la calle, siempre hay desechos junto a la carretera y muchos nos dicen que los tiran al suelo para darle trabajo a los barrenderos, que es algo que no entendemos”.
Hannelore subraya que los componentes de la Asociación Ambiental Costa del Silencio Limpia, formalmente constituida y ya registrada en el Consistorio de Arona, son voluntarios que se dedican a esta labor “porque nos gusta y, además, comprobamos que desata un efecto de contagio en la zona, lo que es muy beneficioso para todos”, comenta. Asimismo, recalca el seguimiento que realizan de las zonas limpias más allá de la retirada de residuos, “porque siempre te encuentras con las parejitas que pintan en los bancos con frases como ‘te quiero mucho’ y cosas así”.
Entre las últimas acciones del grupo, destacan la limpieza y recuperación de la cancha abandonada de la calle Polifemo (próxima a la piscina de La Ballena), donde el ayuntamiento ha instalado dos porterías y los usuarios ya pueden jugar a fútbol. También han acabado con la suciedad en el parking Punta del Viento, en Las Galletas, a la espera de darle una mano de pintura a sus paredes, y, además, han puesto en marcha una biblioteca gratuita al aire libre en la antigua estación del tren infantil de Ten-Bel, donde los usuarios pueden tomar y donar libros de segunda mano a cualquier hora.
REABRIR EL MINIGOLF
Entre los próximos proyectos de la asociación, figura la recuperación y la apertura al público del histórico minigolf, junto a las canchas de tenis, a las que “también han mejorado su aspecto y hasta se puede jugar partidos”. Completa las próximas acciones de este grupo de vecinos un calendario solidario para 2025, que saldrá a la venta al precio de 5 euros, con “12 imágenes muy bonitas de Costa del Silencio”.
Más de un año después de aquel día en que comenzaron a desaparecer las latas y botellas del suelo y los plásticos enredados en los cactus del entorno de la urbanización Chayofita, Hannelore Ottevaere puede presumir de haber creado un movimiento ciudadano ejemplar en el sur de la Isla. Costa del Silencio les debe una medalla. O un monumento.





