Dolores Corbella Díaz, nacida en Santa Cruz de Tenerife en 1959, es una destacada catedrática de Filología Románica en la Universidad de La Laguna y una referencia internacional en el estudio y preservación del patrimonio lingüístico de Canarias e Hispanoamérica. A lo largo de su carrera, ha desentrañado los secretos del léxico y construido puentes entre el pasado y el presente del español, especialmente, con obras como el Tesoro lexicográfico del español de Canarias y el Diccionario histórico del español de Canarias, que exploran la riqueza y la historia de las palabras. Su trabajo la ha llevado a colaborar con prestigiosas universidades y le ha valido importantes reconocmientos, como el Premio de Investigación Filológica de la Real Academia Española, el Premio Canarias en Investigación e Innovación y, este año, el Premio Taburiente otorgado por la Fundación DIARIO DE AVISOS. En 2022, fue elegida académica de número de la RAE para ocupar la silla «d».
-¿Cómo se sintió cuando le comunicaron que se le otorgaba el Premio Taburiente?
“Bueno, han sido dos años de locura, porque se van sumando reconocimientos, pero cada premio es especial. Muy agradecida a la Fundación, sobre todo un reconocimiento en mi hogar, eso es muy importante. Ser reconocida en casa, pero más por un grupo periodístico como es DIARIO DE AVISOS, que es el decano de Canarias, pues es muy significativo”.
-¿Ahora mismo, sigue activa su docencia en la Universidad de La Laguna?
“Claro. Soy catedrática de Filología Románica, doy clase y sigo investigando, porque esa es la vida del profesor universitario. Normalmente, no nos jubilamos a los 60, podemos hacerlo, y entonces todavía me quedan unos años de recorrido en la universidad con mi equipo de investigación. Y quiero seguir trabajando estos años que me faltan”.
-¿Tiene en la actualidad alguna investigación abierta?
Me acaban de comunicar la resolución definitiva de uno de los proyectos de investigación. Además, tenemos convenios, trabajos, lidero un grupo de investigación que se llama Lexicografía e Historia en la Universidad de La Laguna. Aparte, coordino la parte de América del Instituto de Lexicografía de la Academia. Es decir, que trabajo de lunes a miércoles en la universidad y los jueves y viernes en Madrid”.
-Con tantas obligaciones y vocación, ¿consigue desconectar?
“Claro. La vida es un equilibrio. Sin equilibrio no podríamos vivir. Considero que es importante y que he aprendido a tenerlo. Sí que trabajo mucho, pero ahora a unas dosis más reducidas. Liderando, sobre todo, y dirigiendo”.
– La definición de un lexicógrafo es una persona que se dedica al estudio de la elaboración de diccionarios, abarcando su historia, clasificación y métodos. Si me lo pudiera definir a su manera, ¿cuál sería?
“Bueno, somos los responsables de que las palabras entren en el diccionario. Entonces lo que hacemos es, siempre de manera muy objetiva, ver qué nuevas acepciones, qué nuevos significados van adquiriendo las palabras o qué nuevas se van introduciendo en el idioma. Asimismo, una vez que certificamos con ejemplos de uso en los hablantes que esos términos realmente se están empleando, finalmente, damos el visto bueno para introducirlos en los diccionarios”.
-Un trabajo de gran relevancia para la sociedad actual, con un impacto significativo en el entorno en el que nos desenvolvemos.
“Muchísimo, porque el diccionario lo que tiene que reflejar es la sociedad, y esta va cambiando día a día. Entonces, hay varios tipos de diccionarios, pero actualmente estoy trabajando en dos, el de la lengua española que se consulta en internet (DELE) y también sigo con mi trabajo en el español de Canarias”.
-¿Qué ha significado para usted entrar en la Real Academia Española, siendo una mujer canaria?
“Es un reconocimiento a tu profesionalidad y a la labor que has realizado durante un montón de años. Desde el año 1936 no entraba ningún canario en la Real Academia, hasta los años 60 tenías que residir en Madrid, a mí me lo preguntaron, pero mi casa está aquí. Te amplía las posibilidades, ahora mismo estoy trabajando con 23 comisiones de lexicografía de todas las academias y para mí que lo haga un canario, significa mucho. Estamos acostumbrados a ser distintos y a superar ese puente que significa la insularidad y creo que, más o menos, lo estoy desarrollando con buenos resultados porque es importante que se nos oiga. Cuando llegué a Madrid yo llevaba mi tarea hecha porque el léxico canario lo tenemos muy estudiado en mi equipo de investigación. Lo he trabajado desde hace más de tres décadas junto a mi maestro, Cristóbal Corrales. Hemos dado todo lo que hemos podido y hemos analizado todas las palabras. La función que estoy desarrollando ahora en Madrid es mucho más amplia, no es solo ver lo dialectal dentro del léxico español, sino también ver las otras variedades, cómo se insertan en el diccionario y dar entrada a la identidad de cada país”.
-El acceso de las mujeres a altos cargos representa un desafío significativo; ¿ha tenido usted experiencias directas?
“Una amiga mía granadina dice que no hemos tenido un techo de cristal, sino un techo de hormigón. Y es verdad, ¿no?. En mi caso, en el nivel universitario, eso no se nota tanto, se ve de vez en cuando. Y yo he tenido muchísimo apoyo en casa por el hecho de que ser mujer no significara ir detrás, sino siempre avanzar, intentar ser libre con mi trabajo y conseguir las metas que me propusiera. Lo bueno de esto es que nunca me propuse nada, siempre mi único ideal fue estudiar una carrera. Nos encontrábamos en el final de los años 70 y esas eran las dos únicas opciones que tenía. Yo opté por estudiar y ahí tuve toda la ayuda que mis padres en su momento pudieron darme. No pude hacerlo fuera porque no había dinero en casa para llevarlo a cabo, pero sí que aproveché todas las oportunidades, pero mis metas no iban más allá”.
-¿No se imaginaba llegar al punto en el que en la actualidad se encuentra?
“No, ni mucho menos. Hoy hoy en día ver que recibo premios por el trabajo que realizo, cuando en realidad ya me sentía agradecida por que me pagaran por lo que hago… Encima parece que lo he hecho bien, que he trabajado bien a lo largo de estos años, que he podido liderar grupos de investigación y que he sido investigadora principal de muchísimos proyectos, y que los resultados se ven ahí. Yo ahora veo y digo: ¡qué va! no hubiese sido capaz a lo largo de estos años de compatibilizar la carrera, la docencia, la investigación, la familia. Son muchos frentes, pero más o menos he sabido llevarlo bien”.
-A lo largo de su trayectoria, ¿considera que ha tenido barreras que saltar?
“Pues yo creo que todo ha ido fluyendo de una manera normal. Tuve muchísima suerte y es que fui catedrática con 37 años. Tener ya tu carrera universitaria terminada, con tu sueldo fijo y ser funcionaria, pues era difícil en aquella época. Le agradecí a mi tribunal por confiar en mí y, además, todo el mundo ha seguido haciéndolo. Yo creo que he devuelto esa confianza con mi trabajo. Ser lexicógrafo realmente es una dedicación diaria, de analizar a la gente y de analizar cómo escriben, pero también cómo habla la gente corriente porque muchas palabras no pasan al nivel escrito, sino que se conservan en el nivel hablado. Entonces, revisar, hacer esa labor de búsqueda para mí ha sido apasionante.
-Actualmente, ¿cuál es su rol dentro de la RAE? Es decir, tras alcanzar un sillón como miembro de pleno derecho, ¿qué implica este nuevo cargo?
“Pues a partir de que entras, tienes que leer tu discurso, yo tardé un año y es ahí cuando empiezas a formar parte de la RAE. Posteriormente, el director me encargó que trabajara con las distintas academias que forman la Asociación de Academias de la Lengua Española, y eso es lo que hago actualmente. Acudo tanto al edificio de Felipe IV como al edificio de Serrano, que es donde está el equipo, un grupo magnífico de lexicógrafos y de informáticos. Para mí es un privilegio ahora trabajar con ellos.”
-¿Cree que en un futuro próximo veremos cambios significativos en los diccionarios tal como los conocemos hoy?
“El mundo va cambiando, ya no conseguimos ese diccionario en papel, sino que el diccionario del futuro va a ser un diccionario totalmente electrónico, más cercano al hablante. Que tú le puedas pedir, si no sabes, y que él te responda. Un diccionario que no va a figurar por orden alfabético, aunque si queremos, sí, y donde vamos a poder ordenar las palabras por el sentido, por las familias, por las agrupaciones… Y luego diferentes también, porque serán colaborativos, donde el hablante también podrá incluir y proponer palabras, de hecho ya estamos trabajando en ese sentido. Y un diccionario hecho no solo por la Real Academia Española, sino también por todas las academias americanas que lo firman porque hablamos español casi 600 millones de hablantes, y de esos 600 millones de hablantes, solo unos 30 millones hablan español europeo.”
-¿Qué papel ha representado Canarias, el español de Canarias, como puerta de entrada al léxico que viene de América?
“Tenemos palabras de ida y de vuelta donde el papel de Canarias es fundamental. De hecho, algunos de nuestros prehispanismos, que sabemos que son nuestros, los americanos los consideran suyos durante años. Por ejemplo, la palabra tabaiba, aparece en los diccionarios americanos como cifra de origen caribe. O la palabra gofio se usa en todas las zonas donde Canarias ha tenido una influencia importante. Gofio se usa en Uruguay, gofio se usa en Cuba, gofio se usa en Venezuela, en la República Dominicana, en Puerto Rico. O sea, tenemos muchísima presencia. Y después, también, las palabras que nos han venido, desde la papa, hasta hace pocos años se hablaba de un chico catire, que era un chico rubio. Esta parte la estudiamos en un diccionario de Relaciones Canarias-Américas donde hablábamos en aquel momento de unas 2.300 palabras que teníamos en común, Canarias y América. Y hoy en día, después de los estudios que hemos hecho, que hemos seguido realizando, pues podemos hablar de un bagaje común de unas 3.000 palabras, pero no solo las 3.000 palabras, sino que nuestro acento y nuestro seseo nos lleva a América.
-¿Alguna palabra canaria que les tenga un cariño especial?
“Pues hay muchísimas. Siempre digo que una palabra que forma parte de mi niñez, es mareta, porque nos bañábamos en ellas cuando el barranco corría y subía la marea dejaba unas hondonadas. Sin embargo, te vas a Lanzarote y significa el aljibe donde se recoge agua dulce”.
-Entre las distintas islas, ¿ha notado diferencias en los significados o en el uso de ciertas palabras?
“El otro día encontré en un texto la primera documentación de cotufas, pero en Las Palmas dicen roscas. O las playeras, que es como se dice en la isla vecina a lo que nosotros llamamos tenis… Las diferencias son significativas”.
-En un mundo en constante cambio, marcado por el avance de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, ¿cree usted que existe el riesgo de perder nuestras raíces culturales, o, por el contrario, estas herramientas podrían fortalecerlas?
“Nosotros tenemos un patrimonio intangible que nunca se va a perder porque está recogido en los diccionarios, pero la sociedad va cambiando y el lenguaje lo único que tiene que hacer es adaptarse a ella. Si nosotros vamos avanzando, el lenguaje también tiene que avanzar y tiene que cambiar. Entrarán nuevas palabras y es completamente lógico. No podemos ir contra lo que es el cambio y el lexicógrafo no debe decir cómo debemos hablar, lo que tiene que hacer es recoger, certificar que las palabras entran y que otras van quedando poco usadas. Para eso tenemos unas técnicas lexicográficas y las podemos poner en los diccionarios, marcando si esta palabra se usa aquí, si está quedando poco usada, si está desusada o si es un neologismo. Muchos jóvenes no saben distinguir un bubango de un calabacín porque el ajetreo que tenemos hoy en día nos impide aprender como aprendieron nuestros padres, pero eso no quiere decir que la lengua se empobrezca, todo lo contrario, serán sustituidas por otras y lo único que tenemos que hacer es seguir analizando, observar cómo cambia la lengua y eso irlo introduciendo en el diccionario”.
-Si mira hacia atrás en su trayectoria, ¿siempre sintió esta vocación? ¿Era algo que ya imaginaba desde el principio?
“Bueno, creí que iba a estudiar filología clásica, pero cuando llegué a la universidad me llamó la atención mucho la lengua española. Mi especialidad hoy en día es la lingüística comparada. Eso me ha permitido ver lo que se hace en otras zonas, no solo del español, sino otras zonas europeas, como por ejemplo la lexicografía francesa que está muy avanzada. Una de las asignaturas que más me había gustado era lexicografía y por ahí empecé a trabajar junto a mi maestro Cristóbal Corrales y luego ya nos dedicamos a esto. El trabajo es siempre silencioso porque es un oficio de investigación y necesita muchas horas. Ha sido una labor callada, tranquila, porque la investigación necesita reposo”.





