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El Cristo Crucificado de Santa Cruz volverá a San Rafael y San Roque

La imagen, una de las piezas más significativas del patrimonio histórico de la capital y que data del siglo XVIII, estuvo almacenada décadas en el museo municipal de Bellas Artes
El edil de Cultura y los responsables de la restauración junto a la imagen del Cristo Crucificado. Fran Pallero
El edil de Cultura y los responsables de la restauración junto a la imagen del Cristo Crucificado. Fran Pallero

El área de Patrimonio Histórico de Santa Cruz de Tenerife y el museo municipal de Bellas Artes han llevado a cabo un ambicioso proyecto de restauración de una de las piezas más emblemáticas de la ciudad, el Cristo Crucificado. Una escultura de autoría anónima, que pertenece a la escuela gaditana genovesa y datada en el siglo XVIII. Una obra que presentaba un grave estado de conservación y que, ahora, se reubicará en su lugar original: la capilla del cementerio de San Rafael y San Roque, cuando ésta cumpla con las condiciones de conservación adecuadas.

La restauración de la imagen ha incluido pruebas estratigráficas, estudios históricos y radiografías para asegurar su conservación sin comprometer su valor artístico ni histórico. La escultura, que ha estado almacenada durante décadas, ha recobrado su esplendor con el fin de garantizar su integridad.

El Cristo es una pieza que genera gran interés por su origen y su misteriosa ubicación original. No hay certeza sobre si la obra estuvo vinculada al camposanto desde su inauguración, en 1810. Las teorías apuntan a que pudo haber formado parte de un Calvario entre las ermitas de San Sebastián y Regla, aunque la calidad de la escultura contradice algunas de estas hipótesis, lo que deja abierta la posibilidad de un estudio más profundo.

El alcalde, José Manuel Bermúdez, señaló ayer que “estamos ante una de las piezas más significativas del patrimonio histórico de la ciudad. Su restauración supone un acto de justicia histórica, que permitirá a las futuras generaciones conocer y valorar un elemento clave en la evolución de nuestra identidad”.

El concejal de Cultura, Santiago Díaz, destacó la relevancia del proyecto, tanto a escala artística como educativa, pues “este tipo de intervenciones nos permiten salvar una obra de gran valor histórico y generar un espacio de reflexión sobre la importancia de la conservación del patrimonio cultural”.

La responsable del proyecto técnico, Patricia Padrón, explicó que “la pieza, una escultura policromada en talla de madera, fue trasladada al museo en algún momento de la historia, pero tenía los brazos desmembrados y carecía de dedos. Con esta restauración hemos intentado dignificarla”. Isidro Larizgoitia, restaurador conservador, añadió que “la pieza estaba perdiendo los estratos y volúmenes importante y, por eso, resultaba tan necesarios estos trabajos”.

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