Imanol Arias (Riaño, León, 1956) visita la próxima semana Tenerife. El actor apadrina el XIX Festival de Cortos Villa de La Orotava, cuya programación principal se desarrolla en el Auditorio Teobaldo Power entre el miércoles y el sábado. El intérprete nacido en Castilla y León y criado en el País Vasco entregará el premio de la sección oficial al autor de la obra de cine breve que haya designado el jurado.
El teatro, el cine y la televisión han ocupado su oficio prácticamente sin interrupción desde los años 70. Quien encarnó al Antonio Alcántara de Cuéntame cómo pasó, el padre de la familia que ofreció en TVE un retrato de la España contemporánea que va de 1968 a 2001, también es la otra parte de un matrimonio que completa la argentina Mercedes Morán en la obra Mejor no decirlo, es uno de los protagonistas de la película La bandera y ha participado, entre otros trabajos recientes, en la serie Bellas Artes.
-El cortometraje suele ser la puerta de entrada para muchos oficios cinematográficos, no solo la dirección o la interpretación. ¿Qué representa para usted venir a Tenerife y apadrinar esta edición del Festival de Cortos Villa de La Orotava?
“Es una narrativa cinematográfica completa desarrollada en un tiempo reducido. Con los años y la implantación del streaming, la poca duración de la pieza deja de ser un problema, como en ocasiones se la ha considerado, para convertirse en un elemento de absoluta vigencia, casi de moda. Esto es muy interesante, como también lo es esa condición de ser la puerta de entrada. Todo primer rodaje es la primera parte de una larga escuela cinematográfica, en la que vas aprendiendo qué te toca hacer y cómo hacerlo. Por eso me resulta especialmente atractivo acudir a encuentros como este festival de cortos”.
-Serán innumerables los recuerdos de cuando comenzaba en el mundo de la interpretación, pero ¿hay alguno en especial que le marcó mucho?
“No empecé en este oficio haciendo cortometrajes. El cine me dio un sopapo directo nada más comenzar. Luego sí que he participado en algunos. Recuerdo especialmente uno que rodamos en San Sebastián con Antonio Farré (Iniciativa privada, 1986) o el que hicimos mucho después con Martín Cuervo, Final (2007), que es el director del largometraje La bandera (2024), en el que también participo. En toda mi carrera solo habré rodado como 10 cortos, o una cosa así, siendo generoso. No creo que sean más. Pero siempre que he tenido la oportunidad de participar en este tipo de proyectos me lo he pasado muy bien. Aunque únicamente nos ocupe unos pocos días de rodaje, suele ser una experiencia estupenda: bastante intensa, al tiempo que maravillosa”.
“Al llegar el final de ‘Cuéntame cómo pasó’ estaba feliz, pues, además del cariño de la gente, sentí que todos hicimos las cosas bien”
-El año pasado acabó la emisión de ‘Cuéntame cómo pasó’, tras 23 temporadas. Una experiencia de tan largo recorrido resulta inusual para un actor, para una actriz. ¿Qué sensación experimentó y quizás aún prevalece en usted cuando terminó de grabar el último episodio?
“Fue sobre todo la sensación de haber terminado un trabajo muy largo con el que ya no iba a conectar más. Junto a ese sentimiento de que a partir de ahí pasaba a otra cosa, me sentía muy feliz porque este proyecto audiovisual se había hecho bien. Me gustaba cómo terminaba la serie, cómo terminábamos todos los personajes… Era el momento perfecto para poner el punto final. Me sentí muy a gusto y experimenté mucho cariño hacia mucha gente. El último día del rodaje acudieron personas que habían trabajado en algún momento en Cuéntame cómo pasó. Ese mismo día, después yo tenía una función teatral y creo que en aquel set había tanta gente como después en el teatro. Fue impresionante”.
-Se dice desde hace mucho tiempo que la irrupción de las plataformas digitales ha propiciado una edad de oro en el mundo de las series. Desde la perspectiva que le da la experiencia, por ejemplo, de ‘Anillos de oro’ a ‘El mejor infarto de mi vida’, ¿es muy distinta la forma de trabajar hoy para la televisión, para una plataforma?
“Sí, sin lugar a dudas. Ahora se está produciendo un fenómeno: en la televisión en sí misma no abunda la ficción, la hay cada vez menos. La televisión ofrece puertas de compra y de producción para el streaming. Anillos de oro (1983) y todas esas series se hacían en aquel momento para verlas en familia. Se emitían a una hora de la noche para compartirlas en casa. Las temáticas que abordaban eran muy transversales, porque las veían millones y millones de personas. Audiencias de 20 o 22 millones, porque no había más canales de televisión. Ahora las cosas son muy diferentes: un reflejo de cómo se gobierna el mundo, de qué tendencias imperan en la sociedad en todo aquello relacionado con el consumo. Vivimos un momento de cambio. Las plataformas representan una transformación, una revolución en la que la industria se va adaptando, donde el entretenimiento está mucho más presente, de una manera más continuada. Tiene más que ver con el consumo y no tanto con una referencia social y cultural, como ocurría antes. Ahora se consume más… Una serie puede gustarte y al poco tiempo ya estás en otra y luego en otra y más tarde en otra… Y van dejando un rastro diferente al que dejaban antes”.
“Me encanta viajar de un lado a otro con mi oficio; ese ir y venir me sienta bien; intento no agobiarme, sino que todo fluya”
-El teatro ha sido y es una parte importante en su trayectoria artística. Un buen ejemplo de ello es su proyecto más reciente, ‘Mejor no decirlo’. ¿Qué busca y qué encuentra cada vez que decide subirse a un escenario?
“El teatro es ahora mismo una actividad que me colma, un trabajo que aguanto bien, con dobles funciones, y que me gusta por el tipo de vida que propone. Una vida un poco errante, en la que cada día, en algún momento, tienes que construir algo a partir de la nada. El directo es muy satisfactorio. Y el teatro, por esa misma condición, pervive dentro de los cambios. Lo único que hace es ir adaptándose, con formatos que incluso pueden venir del streaming, con propuestas que pueden ser ligeras, inteligentes, más baratas en general… Cuando crees que la obra consigue el resultado que se propone, cuando todo circula y se trabaja con mucha alegría, eso significa que estás haciendo las cosas de manera muy seria. Si uno está contento, si uno disfruta y lo pasa bien encima del escenario, eso te dice que estás trabajando muy a fondo. Además, la única manera de pasarlo bien es siendo muy sincero en tu interpretación. Así que es una labor maravillosa a la que le dedico todo el tiempo posible. Después de la temporada en Argentina, en Buenos Aires, ahora estamos aquí para preparar alguna cosa, pero el año que viene estrenaremos en España Mejor no decirlo. Es una obra muy viajera y va a ser maravilloso escenificarla de nuevo. Hacerlo aquí le da un plus”.
-Y en esta carrera profesional que se desarrolla en cine, teatro y televisión, ¿qué tiene que tener un guion o un texto teatral para que decida implicarse?
“Debe ser un proyecto en el que esté bien definido lo que hay que hacer. Que posea un personaje que para mí sea posible, un desafío que me obligue y me lleve a vivir durante seis o siete meses, como mínimo, una aventura personal de creación. Que me conduzca a jugar como un niño, como cuando te escondías bajo la mesa y te convencías de que nadie podía verte. Ahora, con cien personas ante ti, te has acostumbrado a generar nuevos momentos, otras realidades… Eso es lo que me interesa: algo que me provoque sensaciones, no tanto pensando en si va a tener un éxito rotundo o no; en si se va a convertir en una obra, una serie o una película de referencia… Esos deseos se han tranquilizado mucho en mí. Lo que quiero es trabajar y continuar disfrutando. A mi edad, resulta fundamental disfrutar con lo que haces. Para estar sano, para sostenerme, para conocer dónde están mis límites… Cada mañana me siento muy afortunado”.
-¿Tiene más afinidad por alguna de estas facetas de su oficio o, al fin y al cabo, la profesión es la misma, solo que se plasma de distintas maneras?
“Cada una me presenta situaciones diferentes. En la televisión es como que tengo que empezar una segunda carrera. Como si fuera otra especialidad. Mi relación con ella me pide otro tipo de actuación, otra clase de personajes que me permita seguir trabajando en un medio que conozco muy bien. El cine es maravilloso porque las películas te caen de repente y uno siempre espera hacer alguna más. El teatro es la continuidad, en lo que trabajas de forma más asidua, aunque le dediques menos tiempo al día. Cada una de estas tres vertientes tienen su sitio en la profesión y siempre voy intentando encajar fechas, además de procurar descansar un poco. Tras tantos años de televisión, ahora estoy un poco en estado vago [ríe]: preparo cosas, pero muy tranquilamente, voy a un festival… Estoy más relajado”.
“Si estoy contento y disfruto con lo que hago sobre el escenario, eso significa que estoy trabajando duro, muy a fondo”
-Usted mantiene desde hace mucho tiempo un vínculo muy estrecho con Hispanoamérica. ¿Encuentra diferencias entre trabajar allí y hacerlo en España?
“El cine se hace igual en todos los sitios. Lo único que cambia son los tonos y, sobre todo, el carácter de cada país, que es algo que se impone mucho. Si ese país es muy ordenado, elegante pero distante, no es clamoroso…, los rodajes funcionan como relojes. En cambio, si tiene un carácter conversador, en el que se juntan tres y hay dos opiniones y una duda, como mínimo…, entonces son rodajes más ruidosos, en los que te comprometes más con el equipo. Así que entre todos debemos superar ese carácter general que produce el cuerpo de todos. Son a lo mejor un centenar de cuerpos que generan un mecanismo que puede ser ruidoso o incluso dramático. He participado en rodajes buenos en los que el dramatismo en la propia filmación se asemejaba a una tragedia griega… En definitiva, es un privilegio. Hacer cine es una aventura increíble que crea momentos maravillosos en tu vida: con los equipos de trabajo, con los elementos a los que recurres para apoyarte como actor, con las historias en las que te metes…”.
-¿Qué es lo mejor y qué no lleva tan bien en eso viajar tanto para desarrollar su vocación?
“Me encanta ir y venir. Me sienta muy bien. Es cierto que cuando voy fuera es Buenos Aires donde estoy más situado con el teatro y el trabajo en series, pero me encuentro muy cómodo yendo y viniendo, dedicándole el tiempo apropiado a cada proyecto en cada país. Lo que me interesa es no angustiarme con las cosas, sino dejar que vayan fluyendo. Una cierta incertidumbre en este trabajo y en la vida nos hace bien porque nos mantiene alerta, pero no debemos agobiarnos”.





