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Javier Santaolalla: “Los humanos pueden acabar obsoletos si las máquinas lo hacen todo”

El físico canario, Premio Taburiente 2024, reflexiona sobre su pasión por la divulgación, los retos de la enseñanza científica en España y el impacto ético de la inteligencia artificial
Javier Santaolalla. DA
Javier Santaolalla. Fran Pallero

A Javier Santaolalla, Premio Taburiente 2014 de la Fundación DIARIO DE AVISOS, se le reconoce desde hace tiempo como uno de los principales divulgadores científicos en español. Doctor en Física de Partículas, ha participado en investigaciones como la que llevó al descubrimiento del Bosón de Higgs. Deja claro su optimismo sobre el futuro, pero también sus dudas y temores con el uso de la tecnología y con el hecho de que las máquinas conviertan al ser humano en obsoleto, superfluo y sin mucho sentido existencial.

-¿Qué le supone lograr este premio: le resultó una sorpresa?

“Sí, lo ha sido y para mí significa mucho. Por un lado, porque cualquier reconocimiento es un empuje para continuar con este trabajo, y más si ocurre en Canarias, mi tierra, por lo que me siento doblemente compensado, ya que es un orgullo llevar siempre las Islas por el mundo”.

-Su labor resulta vocacional, pero, ¿se imagina en otro ámbito que no sea la divulgación científica? Y, en ese caso, ¿en cuál?

“En realidad, me gustan muchísimas cosas de la vida, sobre todo aprender. Y si a alguien le gusta aprender, cualquier cosa que haga le va a satisfacer. Podía haber sido perfectamente escritor, cantante, deportista, traductor… pero nunca me planteé otra cosa…”.

-Lo tuvo claro siempre…

“Bueno, fue surgiendo; no resultó algo preparado ni planificado. Me muevo por impulsos; me levanto por la mañana y, si estoy contento, sigo por una línea; si no, cambio… Voy experimentando, buscando… No llevo una dirección clara, todo ha sido una búsqueda, un tanteo, una exploración…”.

-¿Cómo ve la divulgación científica hoy en España, en Canarias…? Hemos tenido grandes referentes, pero ¿estamos bien o no ahora en la comparación con países equiparables?

“Mirando el vaso medio lleno, uno puede ver que la mayor parte de referentes ahora en español son de España, pero, viéndolo medio vacío, es cierto que estamos a años luz de Inglaterra o EE.UU. Primero, porque tienen un público mucho más afianzado, una masa social culta en ciencias mucho mayor que los países latinos, lo que empuja a que las plataformas y la TV estén mucho más volcados en este ámbito. Ahí está todo mucho más profesionalizado. Yo, por ejemplo, que soy de los divulgadores de más alcance en español, lo hago solo con una persona más, cuando alguien equivalente a mí en EE.UU. tiene un equipo de 50 miembros y unos presupuestos de millones de dólares. Comparativamente, estamos en tercera división”.

-¿Y Canarias, en concreto?

“Igual que España en general. El problema es que la diferencia con esos países no radica en la calidad de los divulgadores, pues tenemos muy buenos y en capital humano somos muy parecidos, sino en los medios con los que cuentan. Yo hago todo en mi casa con un amigo, mientras que, en EE.UU., te llega un tipo con 10 millones de dólares y te dice que hagamos un documental y lo hacemos; o te mete a 50 personas en un equipo, con guionistas, documentalistas…, algo que, obviamente, no puedo hacer yo ahora aquí”.

-¿Eso tiene mucho que ver con la formación científica, con la educación, en definitiva?

“Sí, pasan dos cosas, es una pescadilla que se muerde la cola: las personas que tienen esa capacidad de hacer esa inversión aquí o que dominan los grandes medios globales no invierten y esto hace que la ciencia no llegue a la gente, que por tanto no la valoran y, así, los empresarios tampoco apuesten por ella. Por tanto, ni las élites económicas, ni los medios, ni las empresas no le dan la importancia que tiene en otros países y la gente no la consume tanto. No obstante, y poco a poco, esto está cambiando porque hemos roto ese vínculo y la gente no depende tanto de los medios tradicionales y ya nos pueden ver en Youtube con constancia…”.

-¿Hay, pues, una visión distorsionada con las redes e internet respecto a los jóvenes, que no solo se trata de videojuegos o cuestiones superficiales?

“La hay; aún resulta peyorativo dedicarse a las redes, tanto profesionalmente como consumirla, cuando en realidad existe mucho contenido de calidad. Sigue siendo algo denostado y en ciertos círculos se ve como espacios muy banales y vacíos a los que hay que atacar. Por otro lado, el mismo consumidor no nos ubica en el entorno de las redes sociales, cuyo problema es que tiene de todo y, por eso mismo, presenta contenidos de un tipo y de otros. Lo que sí ha ocurrido es que se ha roto el paradigma de los que consumen información, pues ya no van a los canales habituales de TV que solo ofrecen un contenido, sino que tienen millones…”.

-Pero también se pierde mucho tiempo en las redes, y más los jóvenes, si no se les encauza o autoencauzan bien…

“Sí, antes se perdía el tiempo con otras cosas y, ahora, con estas, pero lo importante es que haya otras vías diferentes para acercarse al conocimiento y esto ha demostrado que, sorprendentemente, la ciencia interesa más a la gente de lo que creían los directivos de TV hace unos diez años. Estamos viviendo un resurgir de la cultura y el interés por los conocimientos de todo tipo y esto está generando una auténtica edad de oro en la divulgación de las ciencias”.

-De tener responsabilidades a la hora de organizar la enseñanza de las ciencias en España, en los colegios, los institutos… ¿qué cambiaría o introduciría? ¿Usaría más el humor, al que recurre constantemente?

“El ámbito educativo me queda un poco alejado, puedo opinar, pero no soy un experto…”.

-Pero igual ésa es la causa de que España esté en tercera…

“Sí, sí, lo que pasa es que no me gusta meterme en el trabajo de otros y entiendo cuando se ataca a alguien por dar consejos desde fuera cuando nunca ha dado clase en un aula…”.

-Más allá del profesorado, ¿está mal concebida o planificada la enseñanza científica, las matemáticas, física, química…?

“Trabajo en innovación e investigación en educación y se están haciendo cosas espectaculares. El problema es que, muchas veces, los profesores no tienen los medios adecuados para desarrollarlo, pero si doy consejos es como reinventar la rueda. Si se analizan los planes de innovación educativa, ya hablan de trabajo colaborativo, de investigación, proyectos… Lo mismo de lo que hablo yo. No se trata de dar consejos, sino de poder desarrollar esa formación porque, primero, muchos profesores no están formados para hacerlo, tienen aulas masificadas de alumnos y los planes de estudio no lo permiten”.

-Si no están formados, ¿hay un fallo en el sistema?

“Sí, claro, pero me cuesta ver dónde está el fallo porque no pertenezco al sistema. No obstante, si tengo que apostar por algo es por más medios económicos, sin duda. En una clase con 40 alumnos, resulta muy difícil desarrollar ciertos tipos de enseñanza; distinto es en una de cinco o diez: ahí todo cambia por completo. Además, en los planes de estudio, las materias están súper apretadas: ése es otro gran problema”.

-Está muy enfrascado en la divulgación científica, pero ¿no siente frustración al ver cada día en la TV lo de Gaza, Ucrania…? El uso que se hace, en definitiva, de la ciencia, la tecnología…

“Sí, pero lo fácil es decir que por qué no se cambian metralletas por flores, cuando está claro que eso resulta muy complejo. Cuando veo eso, por supuesto, siento frustración, o cuando sabes cuál es el presupuesto anual militar, cuando podríamos cambiarlo por libros, y más si tenemos aulas educativas con muchos alumnos. Hace falta dinero y ojalá que todo el que se dedica a lo militar fuera a educar a los profesores, pero, al mismo tiempo, no podemos ser ingenuos, vivimos en un mundo muy complejo, los conflictos son difíciles y hay una esencia del ser humano con respecto a la lucha territorial que se demuestra con esta escalada bélica brutal. Claro que me gustaría vivir en ese mundo hipotético, en el que todo fuera flores y libros, pero el planeta es el que es y cada uno puede aportar su granito para intentar cambiar la situación. Además, creo importante también mantener una dosis de realismo, por mucho que, por supuesto, quiero que las cosas cambien, pero no es sencillo”.

-Sí que resulta muy llamativo el actual choque entre los avances tecnológicos y científicos y una especie de involución o regresión moral, ética…

“No creo que sea una involución ética porque, por ejemplo, estoy estudiando a los griegos y no paraban de matarse…”.

-Evidentemente, pero también vivieron largas etapas de paz, progreso y ciencia, al menos algunas polis…

“No tan largas. De hecho, si comparamos las etapas de conflictos armados, ahora estamos viviendo, quizás, la de menos, aparte de que la ética también es relativa en las etapas de la historia. Es verdad que la tecnología se ha usado con muy diversos tintes, aunque la primera aplicación suele ser siempre militar. Por tanto, no se trata de algo anacrónico. Lo que estamos viviendo ahora forma parte de la esencia del ser humano y estudiar historia te aporta esta amplitud, pues lo que vemos son seres humanos matando y usando la tecnología para hallar mejores fórmulas para dominar y someter a su rival. Por suerte, creo que cada vez menos, y soy optimista. Cuando veo la tecnología, cada vez hay más para aplicaciones médicas y educativas si comparamos con otros momentos de la historia. Sí podemos ser muy pesimistas porque vemos muchas cosas muy tristes, pero tenemos motivos para el optimismo”.

-¿Cree que, en el fondo, sí aprendimos de Hiroshima o no? ¿Teme la amenaza nuclear?

“Sí, puede volver a ocurrir. Hiroshima fue un momento trágico de la humanidad, se usó la tecnología dentro de un contexto en el que morían millones de personas…”.

-Bueno, EE.UU., Truman, siempre dijeron que preferían eso a la muerte de un millón más de soldados norteamericanos si se alargaba la guerra, pero quizás pudo advertirlo y probar el poder de esa bomba en el mar…

“Sí, es un ejemplo más de cómo han cambiado los tiempos. La Guerra Fría consiguió mantener ese conflicto nuclear apagado, pero me mantengo optimista porque, aunque no todo es perfecto, si miramos atrás creo que hemos mejorado”.

-¿Tiene esa visión optimista también respecto a toda la Inteligencia Artificial, a la que muchos temen? ¿Puede incluso volverse en contra del humano?

“Soy optimista respecto a cómo el humano ha ido modificando ciertos perfiles éticos a la hora de usar la tecnología, aunque estoy preocupado y me siento pesimista en cuanto al endiosamiento de la tecnología. La sociedad tecnológica y científica en la que vivimos ha traído un replanteamiento de las cuestiones éticas que creo que va a mejor, pero, por otro lado, la ciencia y tecnología han tomado tanto poder que el miedo es el otro, que sea excesivo y que también lo sea la relevancia que le damos. Por aquí sí creo que deberíamos tener pautas que alerten de los riesgos”.

-Siempre ha habido revoluciones científicas y aportaciones que cambian muchas cosas de repente, pero ¿la IA destruirá tanto empleo como se dice o lo creará por otro lado?

“Mi preocupación va más allá de eso, aunque se trata de algo muy importante. El problema es que el ser humano quede obsoleto si la máquina lo hace todo. Si es así, para qué servimos, qué sentido le damos a la existencia, si tienen un funcionamiento superior que el nuestro en muchos ámbitos, puede cuestionarse el sentido de la vida del ser humano”.

-Se supone que muchos abogan por la ciencia porque puede liberarnos de cargas para tener tiempo libre para crear, disfrutar del arte, los demás, tener ocio…

“Bueno, hay cuestiones a la hora de desarrollar los algoritmos de la IA y de cómo funcionan las máquinas que pueden convertir al humano en superfluo. Y deleitarse también lo podrían hacer las máquinas o entenderlo como algo banal e innecesario. El peligro radica en que el ser humano deje de ser el que dicte qué está bien y qué mal, en una ética siempre relativa para la que existen fórmulas para enfocarla, y que lo dicten otros paradigmas, como el de la eficiencia, la optimización…”.

-La profecía de Terminator…

“Sí, hay muchas paradojas éticas sobre esto. A lo mejor, una máquina está diseñada para producir café de la mejor forma posible, perfecta y eficiente y, sin embargo, puede implicar acabar con el ser humano porque hay un conjunto de cosas que usamos en la ecuación que son un obstáculo para crear ese café. Hay paradigmas éticos que puede que solo sirvan para nosotros y las máquinas u otras formas de existencia los consideren ineficientes, llegando a futuros que no beneficien a nuestra especie”.