Por Fernando Hernández González.| Nacido en Cabo Blanco, en el sur de Tenerife, en 1946, José Toledo González se ha convertido en una figura emblemática de las tradiciones canarias. Su vida ha estado íntimamente ligada a la preservación y difusión de los juegos tradicionales, especialmente del juego del palo corto y el juego de la mano. Desde temprana edad, don José fue iniciado en estos juegos ancestrales, los cuales no eran simples pasatiempos, sino una forma de vida y una expresión cultural profunda. Sus maestros, hombres de sabiduría y experiencia, le transmitieron los secretos de estas disciplinas, forjando en él una pasión que lo han acompañado a lo largo de su vida. No solo ha sido un practicante excepcional de estos juegos, sino que también es un incansable difusor de su legado. A través de talleres, demostraciones y competiciones, comparte sus conocimientos con jóvenes y mayores, contribuyendo a mantener vivas estas tradiciones y a despertar el interés por ellas en las nuevas generaciones. Su dominio de las técnicas, su agilidad y su profundo conocimiento de las reglas, lo han convertido en un referente indiscutible en este ámbito.
La figura de Toledo trasciende la práctica deportiva. Él es un custodio de la memoria colectiva, un puente entre el pasado y el presente que, a través de su trabajo, nos conecta con las raíces ancestrales y nos invita a valorar la riqueza y diversidad de nuestro patrimonio cultural en Canarias.
-¿Cómo se definiría el maestro José Toledo?
“Como alguien al que las circunstancias de la vida colocaron, en una época y situación privilegiadas, en el lugar apropiado para rescatar los deportes tradicionales canarios. A eso se sumaron coincidencias familiares que me unían a muchos de los enseñantes en el juego de la mano, palo chico, las lonas y la navaja canaria, contribuyendo a que no se perdieran”.
-Cuando hablamos de estas artes de combate que usted ha investigado durante años, ¿hablamos de “juegos” o “mañas”?
“La pelea es un arte de contacto, con mañas, técnicas guerreras intercambiándose entre ataques, defensas, contras y recontras, en rotación para así obtener un ganador. El juego en sí, es una pelea ficticia, por no tener contacto, considerada como recreo lúdico. Por eso hoy se utiliza la palabra “juego” para describir sus ejecuciones. Aunque la palabra que mejor define tradicionalmente las acciones en el desarrollo de estas artes es “maña”.
-¿Cómo conoció de las mañas del palo corto y las mañas de la mano?
“Las conocí desde niño observando y entrevistando a muchos viejos maestros del sur de Tenerife que todavía la conservaban y, sobre todo, practicando con constancia. Más tarde, profundizando en estos conocimientos a través del estudio de diferentes estilos y técnicas. Por eso yo destacaría que la transmisión oral jugó un papel muy importante para mi conocimiento de las ejecuciones de las mañas”.
-¿Quiénes fueron sus informantes en la recogida de datos sobre estas artes de combate tradicionales?
“Pues fueron varios los informantes, aunque de ellos destacaría por su conocimiento de las técnicas a A. Manuel González Toledo por su estilo del juego de las manos; Nicolas Jorge Martín en el juego de las manos y piernas; Sixto Padrón Darías con su estilo de palo gomero “Punta y Cola” en el sur de Tenerife; y Juan Martín Ramos con su juego de mano y palo chico del Norte de la isla”.
-¿Cuáles son las principales diferencias entre las mañas del palo corto y de la mano?
“La primera diferencia es que uno lleva un palo continuamente en las manos para ejecutar las mañas, y en las mañas de la mano las mismas van abiertas o vacías. Aunque las manos van unidas en una posición a la que llevarías con el palo, la diferencia está cuando las abres al golpear”.
-¿Qué destacaría el maestro Toledo en sus años de experiencia enseñando y promoviendo estas tradiciones?
“Pues destacaría que enseñar nuestras artes tradicionales es para mí un orgullo y una gran satisfacción al aportar mi granito de arena a la cultura canaria. Además, mi compromiso con la tradición y el buen uso, ya que cuando formo a los alumnos con el sistema de “módulos” en los ejercicios, busco evitar las malas mañas en ellos. Me gusta observar el interés, la curiosidad y la implicación en el aprendizaje de aquellas personas en la que deposito mis enseñanzas”.
-En una sociedad que se ha visto desarraigada de los entornos sociales y culturales donde se conservó estas tradiciones, ¿Se ha encontrado desafíos o combates de estas mañas ancestrales en tiempos más recientes?
“Desde mi opinión el desarraigo ha sido intencionado pues sabemos que en el año 1960 se practicaba el juego de las manos en la plaza del convento de Granadilla y en la plaza San Pedro de Güimar. En la plaza de Arona hubo un desafío de palo y mano entre don Máximo el de la Hoya y don Francisco El Chasnero, por lo que todavía se podía encontrar bastantes personas en esa época que los practicaban para dirimir sus disputas”.
-¿Por qué este olvido generacional en tan poco tiempo?
“Pues porque nunca hubo un interés por parte de las instituciones académicas por conservar de forma cultural y etnográfica este tipo de artes ancestrales de combate, al considerarse peligrosas por parte de las autoridades, como ocurrió durante mucho tiempo con la lucha canaria”.
-Desde su experiencia de años, ¿Cómo fomentaría la participación de las nuevas generaciones en el aprendizaje de estas tradiciones?
“Pues entrenando a grupos de personas convencidas de su aportación cultural a la sociedad canaria en escuelas de este arte, para evitar así que se desvirtúen estas enseñanzas, y a posterior, creando una titulación como monitores federados para impartir clases sin perder el contacto con su escuela y su maestro. Creo que eso garantizaría las buenas mañas en las practicas, conformando un eje principal de la enseñanza y una unidad coordinada, para de esta manera proteger este legado del intrusismo de personas sin ningún conocimiento”.
-¿Cuáles considera usted que son los beneficios de la práctica de estas técnicas para los jóvenes en la actualidad?
“Son peleas convertidas al juego sin contacto físico, las cuales derivan en el recreo lúdico, obteniendo con ellos el beneficio de la flexibilidad, habilidad, reflejos, velocidad, potencia, defensa, y por encima de todo, templanza en lo personal. A estos beneficios también debemos señalar el autocontrol de las personas, algo que en estos tiempos se hace muy necesario”.
-¿Ha trabajado en colaboración con otras instituciones o grupos para preservar y promover estas artes de combate?
“Pues en el ámbito de dar a conocer nuestras técnica y escuela participamos en distintos actos culturales en los municipios que nos solicitan nuestra participación. En el pasado estuve colaborando con el grupo de don Eduardo Oramas Alayón, con la visión puesta en el rescate de este arte. Posteriormente decidimos formar una escuela paralela, dirigida por un servidor, para dar clases sobre mis técnicas de los juegos de la mano y palo durante siete años. Más tarde, al estar en desacuerdo con la deriva en las enseñanzas de esta escuela, la deje para formar la escuela que dirijo actualmente, donde para dar a conocer nuestras técnicas y escuela, colaboramos en distintos actos culturales en los municipios que nos solicitan nuestra participación”.
-¿Qué recursos o materiales considera el maestro Toledo que son esenciales para enseñar el palo corto y el de la mano de manera efectiva?
“Pues la verdad es que no se necesita mucho. La necesidad más importante es conseguir un local y poder disponer de un tatami. Después materiales más específicos como palos y algún saco tipo boxeo, para poder ensayar las mañas de manos y obtener una resistencia al golpeo”.
-¿Hay relevo generacional en las enseñanzas en estas artes ancestrales de combate que usted enseña?
“Desde la fundación de nuestra escuela “Los Magotes” en noviembre del 2014, tenemos un nutrido grupo de personas que se ha acercado para aprender, y desde entonces llevamos una época con un buen equipo, que entrena disciplinadamente cada semana y hacemos piña para que todos nos sintamos como familia. Yo creo que en la escuela de Los Magotes hay cantera para asegurar la continuidad de nuestra tradición de combate ancestral. Estoy convencido que sí, afortunadamente sí tenemos relevo generacional”.





