Cientos de personas volvieron ayer a hacer cola para visitar, como cada 15 de febrero, el cuerpo incorrupto de Sor María de Jesús de León Delgado (1643-1731), conocida popularmente como la Siervita, en el convento de Santa Catalina de Siena (ubicado en la lagunera plaza del Adelantado), en el 294 aniversario de su fallecimiento.
Y es que la devoción y fe por la Siervita, que tiene fama de milagrosa, se mantienen año tras año, atrayendo a gran cantidad de personas que la visitan para pedirle algún tipo de ayuda o darle las gracias, y despierta también la curiosidad de quienes se acercan por primera vez atraídos por su historia y toda la leyenda que la rodea. Además, la coincidencia de que este 15 de febrero cayera en sábado hizo que ayer se pudiera ver a más gente haciendo cola en la calle La Carrera que en otros años, así como más familias, niños y jóvenes, al no ser día lectivo, en una jornada en la que el buen tiempo acompañó durante toda la mañana, aunque por la tarde hubo algún momento de ligera llovizna.
Los numerosos grupos de turistas que pasaban por allí miraban con curiosidad esta cola, que se movía con fluidez a pesar del incesante goteo de gente que se sumaba, tanto laguneros y laguneras como visitantes de toda la Isla, muchos de los cuales llevan viniendo desde hace años, como Josefa, que relataba que llevaba ya 30 acudiendo a visitar a la Siervita. Una tradición que comenzó porque “era un cuerpo incorrupto y me llamó tanto la atención que vine, y yo soy muy creyente, vengo de una familia religiosa”. “Yo tengo mucha fe. Tuve tres personas en casa con cáncer, se me iban a ir y entonces le dije a la Siervita que me dejara una, y me quedó mi hermana, que duró 40 años, y era la que peor estaba”, rememoraba.
Candelaria, que la acompañaba, también comenzó a venir hace unos diez años porque conocía la fama de milagrosa de la Siervita y “yo sentía unas molestias en los pies y no sé si es la fe o qué, pero vine y me lo quitó. Me quité las plantillas y ya camino normal”. Y a partir de ahí decidió venir todos los años “de agradecimiento”.
Pero la historia de la Siervita sigue atrayendo también a gente que se acerca por primera vez para vivir esta tradición, como Beatriz (36 años) y Ana (32 años), que venían desde el sur de la Isla. “Es la primera vez que vengo y no conocía nada de la historia, me contaron por encima y quise venir por conocer la tradición y me llamó la atención”, indicaba Beatriz. “Vengo también por primera vez por ver la imagen de la monjita y cómo es esta tradición de La Laguna. Y es más fácil siendo sábado”, añadió Ana.
Desde Candelaria venían Francisco y Fina, un matrimonio que desde hace unos diez años acude siempre que pueden a visitar a la Siervita. Empezaron por curiosidad y siguieron por tradición. “Había que venir a verla para pedirle salud por lo menos, porque tiene fama de que hace milagros, de que es muy santa”, señalaba Fina. “Y para pedir que me hagan abuela, que me mande un nietito”, apuntó entre risas. Y, de paso, “se aprovecha el día para dar una vuelta” por La Laguna, añadía su marido, quien destacaba que este año veía “bastante gente, más que otras veces. Antes me dijeron que a las 5 de la mañana había mucha cola ya”.
La jornada, que arrancó desde las 06.00 horas, contó con la celebración de una eucaristía a las 07.00 horas y por la tarde el segundo teniente de alcalde de La Laguna, Fran Hernández, y el alcalde de El Sauzal, Mariano Pérez, fueron los encargados de realizar la tradicional ofrenda floral, en representación de ambos consistorios, a Sor María de Jesús. Hoy el convento volverá a abrir sus puertas, de 07.00 a 20.30 horas, en una nueva oportunidad para visitar a la Siervita.
El Sauzal, 1643
Sor María de Jesús nació en El Sauzal en 1643 y se trasladó a La Laguna tras el fallecimiento de sus padres, donde ingresó en el convento de Santa Catalina de Siena. Allí permaneció y dedicó su labor religiosa hasta los 88 años de edad, falleciendo el 15 de febrero de 1731. A los tres años de su muerte, su cuerpo fue exhumado y se descubrió que estaba incorrupto, por lo que fue depositado en un artístico sarcófago policromado en el coro bajo del convento y es visitado por centenares de fieles cada 15 de febrero.











