carnaval santa cruz

“Con el primer escenario fue más la ilusión y con este, la responsabilidad”

Autor de dos carteles del Carnaval de Santa Cruz, en 2018 y 2023, Nareme Melián se convirtió en escenógrafo en la edición pasada y repite este año con un gran reto: la nueva disposición con uno de los escenarios más grandes de Europa
Nareme Melián. Sergio Méndez
Nareme Melián. Sergio Méndez

Nareme Melián es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, con la especialidad de Dibujo e Ilustración. Autor de dos carteles del Carnaval de Santa Cruz, en 2018 y 2023, Melián se convirtió en escenógrafo en la edición pasada y repite este año con un gran reto: la nueva disposición con uno de los escenarios más grandes de Europa. Con el Carnaval ya en pleno apogeo, el ilustrador, considerado uno de los artistas más importantes de Canarias, regala a DIARIO DE AVISOS una entrevista para conocer no sólo los secretos de África, sino los enigmas que esconde crear la producción escénica del segundo mejor Carnaval del mundo.

-¿En qué se ha inspirado este año para diseñar el escenario de los Secretos de África? ¿le ha beneficiado la temática?

“Creo que es la primera vez que me pasa eso de la crisis del artista, como ese folio en blanco. A priori, ves que es un tema muy colorista, muy enriquecedor, con mucha cultura, pero, a la vez, también tiene esa parte sensible por todo lo que está pasando con el tema de la migración. Además, estaba la preocupación de no caer en la apropiación cultural y luego carnavalizar aspectos que ellos pueden tener de una manera muy respetable, como sus deidades y su religión. La máscara, por ejemplo, desde el mundo occidental la asociamos a lo festivo, pero para ellos es pura religión. Lo que quise hacer fue plasmar esa inspiración onírica de cómo yo veo África. Todo surgió con los árboles, que no dejan de ser una imagen universal. Recabando información, me di cuenta de la importancia del baobab, un árbol muy característico. Asociándolo con Canarias, el baobab es para ellos lo que el drago es para nosotros, un símbolo de arraigo. Además, para ellos es un depósito de agua, un árbol sagrado que también decoran, e incluso algunos viven dentro, porque les hacen cavidades. Quise reflejar eso en las ramas, como si fueran brazos extensos, inspirados en la joyería y la artesanía africana, con los brazaletes y todo lo que conlleva. Así, emulan esos brazos extendidos de las personas africanas. En los laterales, al hacer esos cubos, quisimos darle verticalidad para las escenas y lo que pudieran hacer en las galas. Me inspiré en un pueblo donde vive los dogón, un grupo étnico que también está asociado con Canarias porque viven en una falla natural, en acantilados, en casas cueva hechas de barro. Lo relacioné con el mundo bereber y con las casas cueva de Canarias, que todavía existen”.

-¿Cómo afronta el proceso creativo de algo tan complejo?

“Este año empecé desde marzo. Ahora entiendo lo de Carnaval es todo el año porque prácticamente ha sido un año entero pensando en el escenario. El proceso creativo es similar al que sigo con los carteles. Es decir, vengo del mundo de la ilustración y el diseño, la escenografía la toqué en la carrera, pero como asignatura optativa. Cuando llega el Carnaval, lo que quiero es disfrutar. Empiezo a dibujar y a recabar mucha información. Por parte del Ayuntamiento, me dan lo que podríamos llamar el esqueleto, una estructura base, pero a partir de ahí voy haciendo variaciones. Este año, sobre todo, ha sido empezar desde cero, porque al cambiar la ubicación, el escenario es completamente diferente. Primero trabajo con bocetos, luego lo digitalizo y, en 2D, voy planteando la escenografía, siempre pensando en que, aunque sea un escenario muy grande, debe ser muy versátil. Como digo yo, cada concurso es de su madre y de su padre a nivel técnico, por lo que la escenografía no puede interferir en unos concursos más que en otros. Después, pasamos todo al SketchUp para ajustar las medidas y asegurarnos de que todo encaja bien. Finalmente, lo llevo a Blender, un programa de animación 3D, para visualizar las figuras, los colores y la iluminación”.

-¿Cómo vive el momento en el que el diseño se empieza a materializar en el Recinto Ferial?

“Abruma bastante. Este año me di cuenta de ello cuando vi toda la estructura montada de lado a lado. Me abrumé porque pensé: “Es muy grande y muy largo”. Ahí empiezas a sentir esos nervios, sobre todo cuando visitas los talleres y ves a los falleros trabajando. Cuando ves materializados esos árboles enormes, impresiona. En el taller se ven gigantes y, aunque en el escenario pueden parecer más pequeños porque todo es a gran escala, el impacto sigue siendo fuerte. Vas sintiendo ese nerviosismo, y, sobre todo, tienes detrás esa sensación del reloj del conejo de Alicia, pensando “¡no llegamos, no llegamos!”. Pero siempre se llega. Siempre con muchos nervios, pero también con muchísima ilusión. Cuando empiezan a entrar los camiones al recinto y ves cómo todo se va transformando, la emoción es indescriptible. No sólo para mí, sino para todo el equipo, tanto técnico como artístico. Nos vamos emocionando juntos al ver cómo todo cobra vida”.

-¿Cómo se consigue plasmar lo que está en papel en la realidad? No debe ser un trabajo fácil…

“Pues porque cuento con un gran equipo detrás, formado por Laura Baute y Eduardo Cruz, que están mano a mano conmigo y me ayudan con la planimetría, la parte 3D y los visuales de los concursos y las galas, y en la parte técnica, con Fernando Obis y Oa Proyecta. Son muchas reuniones. Prácticamente, me pasé el verano en OAFAR, en las oficinas del área de Fiestas del Ayuntamiento, trabajando poco a poco para que, cuando llegáramos al recinto in situ, todo estuviera bien detallado y organizado para no perder tiempo. Una vez que tengo el boceto, se habla con los directores artísticos para conocer qué quieren en sus galas. Sobre todo este año, lo que más buscaban eran muchas entradas y salidas para que el escenario pudiera llenarse y transformarse rápidamente. Una vez definida toda la parte artística, debo hacer un desglose de materiales, coordinarme con los proveedores para ver qué hay disponible y qué no, y, después, cuando se adjudica la empresa, trabajar con ella mano a mano en sus talleres. Ahí vamos revisando los materiales, viendo qué se puede conseguir o qué opciones similares hay, el tema del color, la paleta de colores… que este año se estudió bastante bien. En cuanto a la parte técnica, la prioridad es la seguridad. Hay que hacer un escenario transitable, que sea bonito, pero, sobre todo, seguro. Por eso hay muchas reuniones, mucho debate y muchos quebraderos de cabeza, porque es fundamental que todo quede bien atado”.

-Ahora viene una de esas preguntas que cuesta contestar: ¿está satisfecho con el trabajo de este año? Ahora que ya lo ha visto en activo, ¿cambiaría algo?

“Por mi parte, nunca estoy completamente satisfecho, porque soy un loco de la perfección y siempre quiero llevarlo todo más allá de lo que tengo en el boceto. Sin embargo, es cierto que este año hubo algunos detalles que, por cuestiones técnicas, no se pudieron incluir. El techo no podía soportar demasiado peso, por lo que hubo elementos que no se pudieron colocar. Eso puede dar la sensación de que hay algunos espacios vacíos, pero, en líneas generales, este no ha sido un escenario fácil. A mí me gusta la gigantografía, me gusta que cuando la gente llegue al escenario, especialmente el público, respire Carnaval y se abrume de primeras al pensar “¡qué grande es!”, que se quede con la boca abierta. Así que sí, estoy satisfecho, pero no al 100%. Me pasó lo mismo el año pasado. Siempre hay cosas que perfeccionar, detalles que el público no ve, pero yo sí. Este año, en particular, siento que no del todo. Ahora, viendo el resultado con la iluminación, me doy cuenta de que podríamos haber aprovechado más algunos elementos, como el uso de pantallas en los laterales, para que no estuviera todo concentrado en la parte central”.

-Si tuviera que elegir entre La Televisión del año pasado o los Secretos de África del actual, ¿con qué diseño se quedaría?

“Pues no sé qué decirte. A lo mejor el primero, porque lo vives con más ilusión, pero es como si me preguntaras: “Si te cortan un dedo, ¿cuál prefieres? Pues no quiero ninguno”. Este año lo que quise fue diferenciarme del anterior. El escenario del año pasado era más limpio, más arquitectónico, mientras que este año es más orgánico, con un aire más artesanal. Cada uno tiene muchas diferencias. Del primero aprendí mucho, y del segundo, aún más. A lo mejor en este, el árbol, a nivel de iconografía personal, me representa un poco más. Mucha gente me dice: “Ese árbol es muy tuyo, muy de tus libros”. Pero, en el fondo, no dejan de ser escenarios, y de los dos he aprendido muchísimo. El primero fue más ilusión, y el segundo, más responsabilidad”.

-Entonces, ¿prefiere la disposición del año pasado o la de este?

“La disposición del año pasado gusta al público, pero a nivel técnico es cierto que es mucho más difícil. A mí, personalmente, me gusta más la primera disposición, porque ganamos mucha más altura. Al estar el centro del escenario justo en la mayor altura, que son unos 16 metros, ahí puedo jugar mucho más con las alturas. Esto me permite hacer algo más dinámico y trabajar con esas alturas para darle ese toque de tridimensionalidad. Este segundo formato, al ser más alargado, resulta más difícil a la hora de componer. Pero es verdad que esta disposición tradicional atrae más la atención y asombra más. Sin embargo, a nivel técnico, la otra disposición es mucho más fácil”.

-¿Cómo las tecnologías aportan al diseño del escenario?

“Desde el boceto. Como digo yo, gracias a que han inventado el 3D, porque puedes ver al 100% la realidad de cómo puede quedar un escenario. Entonces, llevarlo después a la realidad es muchísimo, muchísimo más fácil. Este año, por ejemplo, yo me metí en un Máster de 3D y vi las cosas mucho más claras gracias a esta tecnología. En cuanto a cómo la tecnología aporta, yo soy de los que prefieren jugar más con la iluminación que con las pantallas, aunque las pantallas son muy importantes porque puedes crear diferentes escenas y, de un segundo a otro, cambiar de escena y crear otra sensación en el escenario. Y claro, claro que le aporta mucho más. Lo que sí me gusta es jugar mucho con lo tradicional, porque el Carnaval no deja de ser tradición, y la gente también tiene esa añoranza de esas escenografías grandes. Pero mezclarlo con la tecnología, claro que aporta muchísimo más. Así que, sin duda, estoy a favor de que la tecnología, como la iluminación y las pantallas, aporten a la escenografía”.

-Si pensamos en retos, ¿cuáles son los más difíciles a la hora de diseñar un escenario de tan grandes dimensiones?

“Lo primero, con las alturas, para evitar que quede algo demasiado alargado y plano. Por eso utilizamos esa forma triangular, también para que la Reina quede mucho más adelante del jurado y, de alguna manera, arrope más al público. Este ha sido uno de los escenarios más grandes de España y uno de los primeros en Europa. Es un escenario muy versátil, porque claro, uno piensa en la Gala de la Reina, pero por ahí pasan muchas personas, muchos concursos con sus diferentes técnicas, con sus temas de iluminación y de sonido. Por ejemplo, las comparsas son uno de los concursos más difíciles, entonces tienes que beneficiar a todos y buscar un consenso en cómo hacer que tanto lo técnico como la decoración estén en sinergia. Lo más difícil para mí es ubicar a las orquestas y los bailarines para que tengan sus medidas exactas; eso es lo más complicado. El papel lo aguanta todo, pero cuando estás ya con la gente de seguridad, con los guiones y con toda la parte técnica, como sonido, iluminación y pantallas, ahí es donde se complica. Porque claro, la gente lo ve y piensa ‘qué bonito’ o ‘qué feo’, pero detrás hay un gran trabajo de muchas personas, y llegar a un consenso entre todos es lo más difícil”.

-Si al murguero le pregunto: ¿concurso en la calle o en el Recinto Ferial? No podíamos finalizar esta entrevista sin la pregunta: ¿Escenario al aire libre o en el Recinto Ferial?

“Es verdad que a mí me encantaría que se volviera a diseñar para el aire libre, pero cuando ya trabajas dentro del Carnaval ves que es muy cómodo hacerlo dentro de un recinto. Tanto por el tema del sol, si llueve, el viento… A nivel de seguridad es mucho más seguro estar dentro del recinto, ya solo por el hecho de que si llueve no tienes que suspender, y no tienes que mover un calendario tan apretado como el del Carnaval. Además, a nivel de seguridad, sobre todo con las reinas, es más sencillo. Añoramos mucho llevarlo a la calle, pero los trajes de Reina, por ejemplo, ya no tienen las mismas dimensiones de antes. Entonces, a nivel de seguridad, estaría complicado. Es muy nostálgico, y me encantaría poner algo ahí de 15 metros, pero es cierto que es mucho más cómodo, y al tener un calendario tan apretado, creo que es lo mejor que tenemos”.

-Dos años, y supongo que espera que vengan muchos más. ¿Cómo le gustaría dejar huella en uno de los mejores carnavales del mundo?

“Ojalá que vengan muchos más, porque al final es un trabajo, pero también me divierto mucho. El Carnaval siempre lo asocio con que tengo que poner el chip de divertirme para que haya buenos resultados. Con los escenarios, lo que quiero es que vean que el escenario va más allá, que no es un simple decorado que está ahí y que cuenta. Donde quiero dejar huella y que sea mi estilo es que todas las escenografías que corran sean transitables, que tanto los actores como los grupos del Carnaval no vean solo el escenario, sino que el escenario también esté con ellos. Por eso, este año hay cosas muy transitables, y quiero volver a esos tiempos antiguos con esas grandes dimensiones. No hay un escenario igual que este. Que no se quede en un mero decorado, sino que cuente, que lo disfruten y que se asombren. Eso es lo que quiero que se quede en la gente: el estilo que hago yo de escenografía”.