Se calcula que unas 70.000 personas en Canarias y más de dos millones en España padecen Covid Persistente, y viven con secuelas cinco años después de la pandemia. Lo peor de la enfermedad pasó, muchos estuvieron varias semanas hospitalizados, incluso en la UCI, pero tras el alta persisten secuelas como cansancio, episodios de niebla mental, dificultades respiratorias, fiebre, migraña, insomnio, problemas digestivos, etc. Lamentan el olvido y desatención por parte de Sanidad y de la Seguridad Social, y piden a las autoridades, profesionales sanitarios y a la propia sociedad “un trato humano y empatía, pues todavía hay mucha incomprensión sobre nuestra situación”. No podemos olvidar que han perdido su salud, trabajo, amistades, familia y derechos sociales.
Melania Chinea Correa se contagió de la variante Delta de la Covid en julio de 2021, y a partir de ahí su vida dio un vuelco total. “Tenía 31 años, era una persona sana y, de repente, cambió toda mi vida. Fruto de esa desesperación y frustración de acudir de un medico a otro sin que me tomaran en serio, sin tener un diagnóstico ni soluciones a mis síntomas, busqué información en internet y la Asociación Covid Persistente de Canarias fue como una luz”. Desde entonces colabora y forma parte de la directiva de la Asociación en la que todos ponen su granito de arena para ayudar. “Yo he vuelto otra vez a trabajar, a retomar un poco la normalidad dentro de mis limitaciones y secuelas”, pero otros compañeros no han podido.
Chinea reconoce que está siendo un camino muy duro, “tenemos muchas promesas incumplidas”, muchos estamos agotados y desesperados tras acudir a reuniones en las repetimos lo mismo. “Al final es un desgaste continuo. Como pacientes no tenemos respuestas y no encuentras su apoyo”.
Helicóptero a la UCI
Melania Chinea recuerda que un compañero de trabajo se contagió y ella la pilló en la oficina 24 horas antes de salir de vacaciones. “Otro compañero y yo nos hicimos la prueba pero como fue en las primeras horas dimos negativo. No nos dijeron que, por precaución, me aislara en casa, entonces viajé a la casa de mis padres en La Gomera. A partir del cuarto día me fui encontrando cada vez peor. Me encerré para no contagiar a mis padres, esperando que pasara pero cada día empeoraba más, tenía fiebre alta, vómitos, se me bajaba la tensión y me caía al suelo. Llegó el momento en que mi padre decidió llevarme al Hospital. Desde que entré, dada mi gravedad, decidieron evacuarme en helicóptero al Hospital de La Candelaria, donde estuve ingresada durante 22 días en la UCI por una neumonía bilateral muy grave”.
Cuestionada por lo que recuerda de todos esos días, señaló que “perdí muchas veces la conciencia, pero sentía mucho miedo y soledad”. Primero por salir de La Gomera en helicóptero, envuelta en una bolsa de basura y la tarjeta sanitaria en la mano, “tenía miedo al no saber dónde me llevaban. Y también me sentía muy sola porque no dejaron a mi familia verme”.
“Desde que salí de la UCI a planta y el test dio negativo me dieron el alta sin haberme recuperado, cinco plantas en La Candelaria estaban ocupadas con pacientes con Covid, muchos muy graves y ellos eran la prioridad”.
Melania salió del hospital pensando que había pasado todo, “pero no podía caminar ni hacer absolutamente nada, me quedé con una atrofia muscular, cansancio y fatiga crónica, dolor de cabeza y migraña, insuficiencia respiratoria y tos” (sale de casa con un inhalador y un simple resfriado le dura meses y si hay calima lo pasa fatal). También tiene niebla mental, “soy incapaz de recordar palabras simples o qué hice hace unos minutos. Fue un gran choque, de tener una buena salud a no podía hacer muchas cosas por mí misma, y lo peor es que los médicos no tenían respuesta a lo que me pasaba”. Recuerda que fue muy duro ver cómo le cayó el pelo por el tratamiento.
Empezar de cero
Reconoce que ha sido un camino muy duro de casi tres años y medio de lucha y “volver a empezar de cero en muchos aspectos”. Lo intenta sobrellevar y acude al psicólogo, una “ayuda para entender la nueva situación y este nuevo yo que soy ahora”.
Como Sanidad no le ha dado respuesta ha tenido que pagarse la rehabilitación con una fisio para trabajar su atrofia muscular, “con 31 años dependía de la ayuda de mi pareja para hacer las tareas más cotidianas de la casa, apenas podía caminar, no podía subir un escalón, tampoco podía conducir”, además se apuntó a clases de pilates, con ejercicios adaptados que le sirven de rehabilitación, y compró un aparato para hacer ejercicios y rehabilitación respiratoria.
Chinea ha vuelto a reinventarse para trabajar. “En mi actual empresa les conté mi situación. Sabía mis capacidades antes de contagiarme, pero no cómo de mermadas estaban ahora y sí, podría volver a aprender”. Reconoce que necesita parar cada 15 minutos por el dolor de cabeza o la niebla mental y hay días en los que teletrabaja porque está agotada o hay calima. “No seré la Melania de antes, ni física ni psicológicamente, pero voy a llegar a la meta, pero ahora hay que ir haciendo escalas”.
“Muchos nos hemos visto totalmente indefensos y sin recursos”
Cuestionada por el trato de la Sanidad y la Seguridad Social a los afectados por Covid Persistente, Melania Chinea lamenta que “han fallado a los afectados”.
Tras agradecer cómo les atendieron y los cuidados espectaculares, “la administración, nos ha dejado solos, son muchas promesas incumplidas, por ejemplo, no han llegado las Unidades multidisciplinares en Atención Primaria y en los hospitales, solo está funcionando la de Gran Canaria”.
Recuerda que en estos tres años “no me ha visto en consulta un neumólogo. Mi Covid Persistente me lo diagnosticó mi médico de cabecera porque le informé sobre la enfermedad, que hay una guía clínica, que está reconocida por la OMS y tiene un código en la historia clínica. Otros afectados no han tenido esa suerte. Todos los días hay que seguir informando y visibilizando esta enfermedad a médicos, sanitarios y a la sociedad”, lamenta.
“En la petición del grado de discapacidad, muchos la han solicitado pero no han sido atendidos. A mí me dieron el alta por un mensaje al móvil sin verme ni valorarme para conocer cómo estaba y si había perdido facultades. Muchos nos hemos visto totalmente indefensos y sin recursos”, denuncia. Muchos se han reincorporado al trabajo pero no les han adaptado sus puestos a su pérdida de capacidad, y muchos son despedidos al no ser capaces de realizar sus labores por la merma de sus capacidades físicas y/o cognitivas.
Los afectados en Canarias exigen su derecho a tratamientos y cuidados
Los Colegios de Médicos de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife acogieron el pasado viernes el acto de la Asociación Covid Persistente Canarias (Covidpercan) en la que se reconoció a diez socias y socios de Honor. “La Covid no ha terminado. Cada nueva variante trae consigo nuevos afectados”.
En Santa Cruz de Tenerife fueron agasajados Montserrat Garrido Martín, médica de Atención Primaria, paciente y expresidenta de la Asociación Covidpercan; el diputado Raúl Acosta Armas del Grupo Parlamentario Mixto-AHI, y Raquel González Domínguez, paciente y socia de Covidpercan.
Mientras que en Gran Canaria recibieron un reconocimiento Sonia Villapol Salgado, neurocientífica e investigadora del Hospital Metodista de Houston; María Isabel Segovia Herrero, Médica de Atención Primaria; y la periodista Carmen Delia Aranda Rodríguez.
Con el lema Frente a la Covid Persistente, somos uno, el manifiesto señala que “no existe de momento un tratamiento para esta enfermedad sistémica, únicamente consiguen paliar algunos síntomas”.
Es una enfermedad que puede afectar a cualquier persona pero las mujeres “sobre todo a las mujeres, además de estar sobreexpuestas en el trabajo y de atribuirse sus síntomas biológicos a un problema de salud mental. Si además, ya se sufría alguna enfermedad crónica o discapacidad, las dificultades se van acumulando. Las niñas y niños también lo padecen en silencio”.
Denuncia que “las instituciones han optado mayoritariamente por invisibilizar la epidemia y minimizarla”. Reivindican los derechos de los afectados con Covid Persistente.
Entre ellos, el “derecho a tratamiento y a cuidados”, “a que el personal sanitario se preocupe más por tratar mis dolencias que por silenciar mis quejas”, a mayores recursos para la investigación, el reconocimiento de la posible gravedad de la enfermedad, a tests rápidos y efectivos para obtener tratamientos preventivos, a ser atendida por personal sanitario formado y a un seguimiento en unidades multidisciplinares adaptadas y seguras, para que no tenga que deambular de la consulta de un especialista a otra”.
También exigieron su derecho a “medidas preventivas eficaces” pues “la única forma de no desarrollar Covid Persistente es no contraer la Covid-19. Por tanto, pidieron “campañas públicas de información sobre la Covid persistente, un sistema de salud viable y sólido, disfrutar de un aire de calidad en interiores y al uso de mascarillas que protejan en entornos sanitarios, escuelas y lugares públicos esenciales, un seguimiento epidemiológico fiable y exhaustivo que me permita adoptar medidas preventivas”.
Por último reivindicaron el derecho a “acceder a los medios que me permitan evitar la muerte social, al perder salud, trabajo, amistades, familia y derechos sociales”. Entre otras medidas “la cobertura social, bajas laborales, adaptaciones a puestos de trabajo para volver en condiciones dignas y seguras, el fin del estigma y la normalización del uso de la mascarilla FFP2 en todos los lugares y el acceso a prestaciones por discapacidad u otros beneficios”.





