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El día que llovió un año entero: lo que no sabías sobre la peor DANA en Tenerife de la historia

Una mirada al fenómeno meteorológico que marcó a toda una generación en la Isla
Riada 31-M de 2002 en Santa Cruz de Tenerife
Vehículos en la zona del barrio de Salamanca tras el paso de la tormenta. / Sergio Méndez

El 31 de marzo de 2002, Domingo de Resurrección, marcó un antes y un después en la memoria colectiva de los tinerfeños. Mientras el país cerraba la Semana Santa con la operación retorno, los titulares nacionales e internacionales estaban dominados por noticias como el rechazo de ETA a una tregua, el luto en Reino Unido por la muerte de la Reina Madre y la ofensiva israelí contra zonas palestinas. En Tenerife, el equipo dirigido por Javier Clemente luchaba por evitar el descenso en Primera División. Sin embargo, ese día quedaría grabado por otro motivo: una tormenta sin precedentes que azotó Santa Cruz y La Laguna.

A partir de las cuatro de la tarde, una tromba de agua descargó sobre el área metropolitana, acumulando hasta 204 litros por metro cuadrado en apenas dos horas y media. Según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (entonces Instituto Nacional de Meteorología), esta cifra equivalía a lo que normalmente llueve en Santa Cruz durante todo un año. El fenómeno fue provocado por una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA), que generó un cumulonimbo anclado sobre el macizo de Anaga con más de seis kilómetros de altura.

La tormenta dejó un saldo trágico: ocho fallecidos, más de treinta heridos y cientos de familias afectadas. Las calles se transformaron en ríos que arrasaron vehículos, arrancaron árboles y destruyeron mobiliario urbano. Más de 700 viviendas quedaron inutilizadas, junto con 500 comercios y más de 1.000 vehículos. El suministro eléctrico y el agua se interrumpieron en gran parte de la capital, mientras que las líneas telefónicas colapsaron. Solo las emisoras de radio lograron mantener informada a la población.

La emergencia obligó a evacuar barrios como La Alegría, Valleseco y San Andrés, habilitando el Recinto Ferial como refugio temporal para los damnificados. Las pérdidas materiales se estimaron inicialmente en 100 millones de euros. En respuesta, el Gobierno decretó tres días de luto oficial y aprobó ayudas urgentes para los afectados. Un mes después, el rey Juan Carlos visitó las zonas más golpeadas.

Este episodio marcó un punto de inflexión en la gestión del riesgo meteorológico en Canarias. A raíz del desastre y otros fenómenos posteriores como la tormenta tropical Delta en 2005, se implementaron planes específicos para atender emergencias climáticas. Veintitrés años después, los recuerdos del silencio lúgubre que invadió Santa Cruz tras la tormenta siguen vivos entre los habitantes.

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