La primera vez que Antonio Pérez, más conocido como ‘Anto’, llegó a Nepal fue en 2015, hace justamente diez años y se quedó encantado. Su visita coincidió con uno de los terremotos más graves que sufrió el país, que dejó cerca de 9.000 víctimas mortales, casi 22.000 personas heridas y cuantiosos daños materiales.
En ese momento Nepal estaba vacío, casi no había turismo como consecuencia del terremoto, y a los pocos visitantes, como él, los lugareños les daban las gracias ya que gran parte de su subsistencia se debe al turismo de montaña.
También fue la primera vez que estuvo en la cordillera del Himalaya y se encontró con el Pumori de repente. En esa ocasión solo llegó al pie de la montaña, no la escaló, pero al verla supo que lo haría algún día. Una década después se dieron todas las condiciones para que pueda conseguirlo y la próxima semana ‘Anto’ partirá a cumplir un doble reto: llegar a la cima del Pumori y llevar material escolar a la escuela de la aldea de Thame, ubicada en el valle de Rolwaling, un lugar de extrema pobreza y fuera de las rutas más transitadas.
El Pumori es una montaña de 7.165 metros de altitud que se encuentra en la región del Everest, haciendo frontera entre el Tíbet (China) y Nepal y según algunos expertos, junto al Ama Dablam son las dos montañas más bellas de todo el Himalaya.
Su nombre proviene del idioma sherpa, la lengua del Tíbet, y significa “hija de la montaña” aunque los alpinistas también suelen llamarla “hija del Everest”. Es una montaña emblemática por la forma que tiene, es una de las más bonitas de la zona, por su forma piramidal, bastante perfecta, explica Antonio.
No obstante, “es complicada técnicamente porque las pendientes son importantes y tiene tramos de 60 grados que hacen su ascenso más complicado, y tiene un alto riesgo de avalancha que no se puede controlar. Hay españoles que han muerto al intentar subirla por este riesgo, que está siempre en cualquier montaña”, aclara.
Igual que en otras ocasiones, su viaje es extenso y en esta ocasión tiene una pequeña complicación añadida. Llegará a Doha, Qatar, donde debe recoger el material escolar que reunió y coger un vuelo local en un aeropuerto “emblemático” en el Himalaya, como es el de Lukla, uno de los más peligrosos porque además de ser muy pequeño está metido entre montañas, la pista se encuentra inclinada para poder ayudar en el aterrizaje y facilitar el despegue, y tiene un acantilado al principio de la pista y un muro al final.
Luego tiene que hacer un trecking de aproximación a la montaña que durará unos 7 días, avanzando poco a poco en altitud para poder aclimatarse, desviarse por El Pachermo para subir una montaña de unos 6.000 metros hacia el valle de Rolwaling, y llegar a la escuela a entregar los 25 kilos de material educativo que consiguió en escasos días “solo haciendo correr la voz por La Orotava”.
Esta cantidad no es casualidad, sino lo que carga un porteador (la persona que realiza el transporte de mercancías de manera particular) en Nepal. Antonio siempre intenta que su aventura, además de conllevar un esfuerzo físico tenga un componente solidario. “Son muchas las carencias que tiene el país, se podrían llevar placas solares, material de higiene, pero para mí, la educación, es el arma más poderosa que cambiar el mundo, como dijo Nelson Mandela y si se logra que todos los niños y niñas puedan estudiar, levantará cabeza”, sostiene.
Habló con tres papelerías en La Orotava, La educación, El Tejar y Gonzalina. Se trataba que la gente fuera a comprar cualquier tipo de material y gastase el importe que quisiera hasta reunir 8 kilos en cada local. Quería fomentar las compras en el comercio local ya que el año pasado promovió una iniciativa similar que tuvo éxito pero la gente compraba en las grandes superficies o en comercios que se encontraban fuera del municipio.
Agradecimientos
En este sentido, Antonio quiere agradecer a la Hermandad del Calvario y a Mercedes, una persona de su familia que asumieron todos los costes de transporte y aduana.
Todo este periplo le servirá para estar aclimatado y regresar a la ruta principal para hacer el Pumori. Allí instalará el campo base y esperará a que haya buen tiempo para empezar a subir hacia la cumbre.
“No lo puedo asegurar al 100% pero creo que nadie en Canarias lo ha conseguido”, apunta ‘Anto’.
Este villero es un apasionado de la montaña. Estuvo en Los Alpes en cuatro ocasiones buscando aquellas de más de 4.000 metros que lo atraían de Italia, Francia y Suiza. Sudamérica. Bolivia, Chile, Ecuador y Argentina fueron los países que visitó en Sudamérica y en los que llegó hasta los 6.000 metros de altura, como el Sajama y el Illimani, la primera y segunda montaña más alta de Bolivia, 6.542 y 6.438 metros, respectivamente.
Pero cada vez necesitaba más altura, así que se fue a África, al kilimanjaro, de allí a la Cordillera del Atlas, en Marruecos, y también en Etiopía. Su trayectoria como montañero lo llevó a Tanzania, Kirguistán, India, Irán y China, donde ascendió al Muztagh-ata, en la cordillera del Kun-Lun, a 7.546 metros de altitud.
Nepal lo cautiva por su pasión por la montaña. “Las vistas se te pierden en el Himalaya, no hay límites, es espectacular, algo que no ves en otras cordilleras, aunque todas son bonitas”, confiesa ‘Anto’ con pasión a escasos días de comenzar una nueva aventura.
El grupo filatélico Las Pintaderas diseña una postal conmemorativa
El grupo filatélico Las Pintaderas ha diseñado una postal conmemorativa que Antonio llevará a Nepal mediante las cuales quiere hacer constar el esfuerzo y la solidaridad de su aventura. El objetivo es ponerle sellos de Katmandú y enviarlas al grupo filatélico y a otras personas que ya se definirán.
En el anverso se puede ver una imagen del Pumori y se puede leer la frase de Nelson Mandela, mientras que en el reverso se describen las características de esta montaña y el reto solidario de Antonio.
Es la segunda ocasión que Las Pintaderas quiere apoyar este tipo de proyectos. Ya lo hizo el año pasado con el proyecto ‘Montañas de ida y vuelta’, mediante el cual la también montañera ‘Fefi Hernández’ coronó el Pisang Peak, de 6.091 metros de altura, y desde la cima y con la bandera de Afes Salud Mental, reivindicó el espacio que la salud mental debe tener en la sociedad.





