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“Aún no disponemos de un ‘anticuerpo monoclonal’ frente a la desigualdad y a la soledad”

José Antonio Martín Conde es especialista en Farmacia Hospitalaria y académico
"Aún no disponemos de un ‘anticuerpo monoclonal’ frente a la desigualdad y a la soledad"

José Antonio Martín Conde (La Orotava,1963) es doctor en Farmacia por la ULL, especialista en Farmacia Hospitalaria; Máster en Economía de la Salud y Gestión del Medicamento; Máster en Bioética; Máster en Dirección Médica y Gestión Clínica. Diplomado en Fármaco-economía; diplomado en Organización de Servicios Asistenciales y en Salud Pública. Es experto en Inmuno-Oncología en Farmacia Clínica. Board Certified Pharmacotherapy Specialist (BCPS); profesor de Farmacología en la Escuela de Enfermería de La Candelaria, colaborador docente de la Facultad de Farmacia y codirector de cinco tesis doctorales. En 1992 ingresa como FIR en el Hospital Universitario La Candelaria, donde ha desarrollado su carrera profesional, compaginando labores asistenciales, docentes e investigadoras. Actualmente es facultativo adjunto y ha sido nombrado recientemente académico numerario de la Real Academia de Medicina de Canarias de Santa Cruz de Tenerife.


-¿Cómo definimos a la farmacia hospitalaria?
“Como una de la seis especialidades farmacéuticas sanitarias a las que se accede después de superar el periodo de formación interna como residente (FIR), para cuya convocatoria del pasado año se ofertaron 201 plazas a nivel nacional”.


-Son muy pocos en España. ¿No es cierto?
“Los farmacéuticos con ejercicio en farmacia hospitalaria apenas constituimos un 6% de los colegiados en el Consejo General y estamos representados en la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH) como organización científica integrada a fecha de hoy por 4.500 farmacéuticos en el país, 170 de ellos en Canarias”.


-¿Cuáles son sus funciones?
“Están definidas en la Ley de Garantías y Uso Racional del Medicamento, abarcando desde la responsabilidad técnica de la adquisición, calidad, conservación, preparación de fórmulas magistrales y dispensación de los medicamentos hasta el establecimiento de sistemas de distribución de los mismos y, en colaboración con otros servicios, realizar cuantas funciones puedan redundar en un uso eficaz y seguro de la farmacoterapia”.


-Es una tarea compleja, ¿no?
“Y muy interesante. Debemos garantizar la existencia de un stock actualizado e innovador. Diariamente, en nuestros hospitales, elaboramos fórmulas magistrales que hacen posibles y afables los tratamientos: desde una suspensión oral para un neonato, hasta la elaboración de intravítreas y de miles de mezclas intravenosas (quimioterapia, nutrición parental, mezclas de potasio, etcétera). Participamos en la protocolización farmacoterapéutica, monitorizamos la mejor dosis para los pacientes trasplantados, luchamos contra las resistencias a los antibióticos, formamos parte de las comisiones clínicas, etcétera”.


-¿Cómo encaja un servicio de Farmacia Hospitalaria en la estructura general de un hospital?
“Se trata de un servicio central y clínico que ofrece soporte a la demanda asistencial del hospital y de su área sanitaria. Todo hospital tiene asumido en su personalidad la triple misión “asistencia-docencia-investigación” como motor de su desarrollo y norma de su organización”.


-¿Alineados con esa triple misión?
“Sí. Y, por otro lado, la asistencia que presta un hospital centrada en un paciente se basa en una organización por procesos y, por tanto, la eficiencia organizativa de cualquier servicio hospitalario, incluida la Farmacia, se fundamenta en su organización por procesos: de soporte, claves y estratégicos, considerando siempre al paciente como destinatario de todo nuestro saber”.


(El profesor Martín Conde se extiende en explicaciones. La asistencia hospitalaria tiene varios escenarios: la hospitalización (paciente ingresado) y la no hospitalización, cada vez con mayor magnitud y que se divide a su vez entre pacientes ambulantes, a quien se les administra algún tipo de tratamiento en el hospital sin causar estancia hospitalaria (por ejemplo, quimioterapia en el hospital de día); y externo, aquel que acude a la farmacia del hospital para que le sea facilitado un tratamiento de dispensación exclusivamente hospitalaria. En cada una de asa áreas se realizan procesos de atención farmacéutica.)


-Tú has colaborado en la formación de decenas de farmacéuticos hospitalarios. ¿Cuál es tu lección del primer día?
“He heredado las enseñanzas de mis predecesoras, la doctora Pilar Viejo Rivero y la doctora Carmen Fraile. Por eso te digo que lo primero es inculcar la vocación de servicio y el compromiso para aportar todo lo aprendido en nuestra facultad a través de la integración en el equipo asistencial hospitalario. Así, entre todos, años tras año, hemos ido consolidando los valores de nuestro Servicio de Farmacia: experticia, responsabilidad con dedicación, esfuerzo y afán de superación. En definitiva, trabajo en equipo, ilusión, ética, honestidad y respeto”.


-José Antonio, ¿Cuál sería el concepto actual del medicamento?
“Todos tenemos en mente lo que la ley reconoce como tal: aquella sustancia capaz de prevenir y/o curar las enfermedades, debidamente regulada y comercializada”.


-Pero hay mucho más.
“Sí, por supuesto. Los medicamentos poseen un rol dual, a veces contradictorios, caracterizados por varias funciones. Ser un insumo complejo de la producción de salud (gran complejidad técnica y organizativa, por ejemplo los CAR-T) e imprescindibles en la mayor parte de los procesos diagnósticos, terapéuticos y preventivos. También, simultáneamente, constituyen una solución (alivian y curan) y un problema de salud pública (resistencia microbiana y efectos secundarios). Además, siendo un producto industrial que responde a las leyes de la oferta y la demanda, el medicamento está sometido a una rigurosa intervención del sector público como regulador y, en la mayoría de los casos también, como pagador. Y, por último, pero no menos importante, generan una fascinación tecnológica y tienen un importante significado social, antropológico y casi mágico”.


-¿Se pueden clasificar?
“Grosso modo, sí. El arsenal terapéutico puede clasificarse en función de su método de obtención como medicamentos de síntesis química, las terapias biológicas (proteínas como la insulina o los anticuerpos monoclonales) y las terapias avanzadas, como los CAR-T o la terapia génica”.


-¿Qué impacto están teniendo los anticuerpos monoclonales en el tratamiento de enfermedades complejas?
“Los anticuerpos monoclonales son inmunoglobulinas producidas por biotecnología, capaces de unirse con alta especificidad y sensibilidad a una diana terapéutica del organismo (como una llave a una cerradura). Así, una vez identificada una molécula como responsable de una enfermedad (un tipo de cáncer, un trastorno autoinmune, como la artritis reumatoide, leucemias), la administración del anticuerpo monoclonal correspondiente es capaz de modificar la evolución de esa enfermedad”.


-Parece ciencia ficción.
“Pero no lo es. Se denominan con el sufijo mab (Monoclonal antibody) y constituyen el tratamiento específico de numerosas patologías graves: Adalimumab, Infliximab, etcétera. En nuestro Hospital de La Candelaria tenemos disponibles más de 110. Comenzaron a utilizarse a finales de los años 90”.


-Profesor, en un mundo que ya maneja medicamentos genéricos y biosimilares, ¿consideras que la diferencia entre ambos está clara para los profesionales y, sobre todo, para los pacientes?
“Los medicamentos innovadores disponen de un periodo de comercialización exclusiva (patente) de unos diez años, finalizando el cual otras empresas pueden comercializar medicamentos equivalentes, con un precio mucho menor, hasta un 70% más baratos, con las mismas condiciones de eficacia y seguridad”.


-Hay otros casos.
“Vamos a ver, en el caso de los medicamentos de síntesis química, por ejemplo el paracetamol, cualquier empresa podría comercializar otro paracetamol siempre que demuestre bioequivalencia con el fármaco de referencia, lo cual requiere cincuenta controles. Hablamos de medicamentos genéricos que son intercambiables”.


-¿Y los biosimilares?
“Se definen de manera análoga como fármacos de origen biotecnológico, que han demostrado ser comparables al medicamento de referencia, una vez que su patente haya expirado. Para ello se les exige la realización de más de 250 controles que acrediten su biosimilitud, comparabilidad e intercambiabilidad. La prescripción de biosimilares permite una mayor sostenibilidad del sistema sanitario al reducir el coste de los tratamientos, liberando recursos que pueden reinvertirse en nuevas terapias o en la expansión del acceso a nuevas indicaciones. Se ha estimado que el uso de biosimilares en España durante 2022 ha supuesto un ahorro de 1.000 millones de euros”.


-Te pregunto en clave de fármaco-economía. ¿Por qué los medicamentos nos parecen tan caros?
“Es notorio que los medicamentos producen ganancias en productividad derivadas del aumento de la tasa de curación y supervivencia de los pacientes”.


-¿Y?
“En los países industrializados, los medicamentos representan un enorme capítulo del presupuesto sanitario público, con una sempiterna tendencia alcista, por encima del PIB. En 2019, la AIReF reflejó en un informe monográfico la preocupación por este asunto, documentando que el gasto farmacéutico representaba el 25% del gasto sanitario total (15% el gasto con receta y 10% el hospitalario), con una previsión de ascenso continuado, que se viene confirmando, año tras año”.


-¿Y quién fija esos precios?
“Pues la Comisión Interministerial Hacienda-Sanidad-Industria de Precios de los Medicamentos (CIMP), ponderando entre otros conceptos la gravedad, duración y secuelas de la patología, el valor terapéutico y social del medicamento, la existencia de medicamentos u otras alternativas terapéuticas y el grado de innovación. La cuestión relevante es cómo maximizar el bienestar social ponderando si valen (las ganancias en salud obtenidas con una tecnología o medicamento) y lo que cuestan (en términos de recursos consumidos y de coste de oportunidad) Desde la política sanitaria al ámbito de la gestión clínica es posible un abordaje multidisciplinar que va desde la introducción del criterio de utilidad terapéutica en la financiación selectiva de medicamentos hasta el posicionamiento de estos en guías terapéuticas y protocolos clínicos. Ejemplos de esta tensión son la decisión de coste e incorporación a la prestación sanitaria de medicamentos para el Alzheimer y la obesidad, entre otros”.


-José Antonio, “cuela” un medicamento en el vademécum de la vida diaria, Una entelequia, si quieres.
“En nuestra sociedad disponemos de un arsenal farmacológico contra las enfermedades cardiovasculares, hipertensión, el colesterol, la diabetes, el tabaquismo, la prevención del ictus y el infarto, pero aún no disponemos de un “anticuerpo monoclonal” frente a la desigualdad social y a la soledad. Hay muchos factores que los medicamentos no solucionan y que condicionan el éxito o el fracaso de un tratamiento farmacológico”.


-¿Qué nuevo logro sanitario te ha hecho gritar ¡por fin!?
“En el año 2000, cuando el doctor Javier Dorta, jefe de Oncología expuso en sesión general de nuestro hospital la aprobación por la FDA del Herceptín (trastuzumab) para el tratamiento del cáncer de mama metastásico HER2 positivo, sentimos que se abría un panorama esperanzador en la terapéutica oncológica. En enero de 2020, la comercialización de innovadores medicamentos para la fibrosis quística (Orkambi, Symkevi y Kalydeco) supuso un antes y un después. Y, posteriormente, en mayo de 2020, en plena pandemia de covid, la mera publicación en la revista Science de que los macacos generaban inmunidad contra la covid-19 nos hizo entrever que las vacunas eran posibles y que el final estaría cerca”.

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