Impresionante fue la palabra que más se escuchó ayer por La Orotava. Vecinos y visitantes la utilizaban a cada momento para describir lo que sentían al ver, tanto la gran alfombra de la plaza del Ayuntamiento, como los tapices y corridos que se elaboraron con brezo y pétalos de flores de diferentes colores en las principales calles del casco histórico ante la mirada de miles de personas.
A comienzo de la mañana, los alfombristas participaron de la eucaristía en la iglesia de La Concepción y al finalizar comenzó la vorágine para preparar el espacio destinado a cada colectivo, familia o asociación. Unos iban y venían en busca de las cajas con flores, otros plasmaban en papel el boceto, mientras que los más pequeños acomodaban cuidadosamente los materiales.
El centro de la Villa comenzó a llenarse poco a poco de gente y al mediodía ya costaba moverse con comodidad y los bares y cafeterías estaban repletos de gente esperando por una mesa para disfrutar un dulce o una caña. Como cada año, el jueves de la Infraoctava del Corpus Christi, miles de personas llegan al municipio para disfrutar de una jornada marcada por una tradición que comparten grandes y chicos y que se transmite de generación a generación.
Como novedad, este año cada alfombra tenía un código QR que permitía ver el diseño original, una idea pensada para quienes, por distintos motivos, no pueden quedarse o esperar a que esté terminado. Además, dirige al usuario a los bocetos y a la explicación de cada uno de ellos. Cada grupo hizo el suyo y la Asociación de Alfombristas coordinó el proyecto. “Hemos ido evolucionando, antes nos costaba tener los bocetos pero ahora los tenemos todos y a tiempo”, aseguró su presidente, Leo Rodríguez.
En la alfombra 34, en la que la mayoría de las veces se confecciona un cristo, necesitaban más cantidad de flores color blanco que la que tenían. La opción que barajaron fue utilizar el azul de la flor de mundo, porque es el que más se aproximaba al inicialmente pensado debido a sus matices blancos.
En la misma calle, Tomás Pérez, pero a escasos metros más arriba, uno de los alfombristas de la 33 daba la orden de “no usar mucho amarillo”.
La escasez de colores es el mismo problema de todos los años, son muchas alfombras -en total se confeccionaron 35- y hay que repartir entre todos de manera equitativa. Flores hay, la cuestión es que haya del color que todos necesitan y eso en ocasiones resulta difícil, pero para eso están las manos de los artistas, que hacen que si hace falta un color, no se note, como ocurrió ayer.
Eduardo Pérez es parte del grupo que confeccionaba la escena novena de la crucifixión, no exenta de dificultad. Además de hojas, brezo y flores, utilizaron las barbas del millo para el pelo y la barba.
Su alfombra es la de la familia de Antonio Pérez Betancourt y Antonio Martín, la segunda más vieja de La Orotava, según él, después de la de los Monteverde.
La tradición la inició su abuela Matilde cuando se fue a vivir en la casa ubicada en la calle La Carrera, en los años 20 del pasado siglo, a escasos metros del Ayuntamiento. Cuatro generaciones mantienen la tradición. Antonio Martín es el cabeza junto a Hans, un señor alemán que lleva 62 años afincado en La Orotava y 55 implicado en la alfombra.
“Yo estaba de visita en la Isla, vine a La Orotava porque eran las fiestas y me puse a mirar y en broma a decirles como iba esto y aquello y me metieron en la alfombra”, relató. Fue en 1972 “y ya no salí más. No me he perdido ni una”, resaltó orgulloso.













