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Las Hermanas Hospitalarias dejan Tenerife tras construir un legado de un valor incalculable

La entidad atiende a 515 niños, niñas y adultos con discapacidad intelectual, alteración de conducta, trastorno autista y daño cerebral adquirido gracias a sus 314 profesionales

La Congregación religiosa de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús deja su comunidad en Tenerife después de 56 años atendiendo a niños y niñas, adolescentes y personas adultas con discapacidad intelectual y daño cerebral adquirido en la Isla. Estos últimos días han aflorado las emociones, la tristeza, la pena, pero también han recibido el amor, la gratitud y la admiración por el gran trabajo, entrega y el legado que han construido.

Las Hermanas Hospitalarias llegaron a Tenerife en 1969 para llevar a cabo su labor asistencial. En un primer momento, tres hermanas trabajaron en colaboración con la Asociación Aspronte en un centro situado en Finca España, en La Laguna, pero se quedó pequeño muy pronto. Posteriormente, adquirieron en San Miguel de Geneto la vivienda del exconsul de Venezuela, donde en 1974 fundaron el Centro de Educación Especial Acamán. A lo largo de este tiempo, la congregación ha ido sumando proyectos como el Centro Especial de Empleo donde imparte F.P. Adaptada, el Centro de Día, la Unidad de Día de Daño Cerebral Adquirido, el Servicio de Promoción a la Autonomía Personal, la Residencia de Arona, o los hogares funcionales, residencias y recursos de atención repartidos por diferentes puntos del Norte, Sur y zona metropolitana. En la actualidad la entidad atiende a más de 515 niños y niñas y personas adultas, mediante una plantilla compuesta por 314 profesionales.

El legado de su inmensa labor continuará con la Fundación Hospitalarias Tenerife, que ha asumido la gestión de sus centros en enero de 2025. La directora gerente de la Fundación, Carmen Delia Álamo González, señaló que “hace tiempo que las hermanas no están en esa atención directa, que la lleva la plantilla y el equipo profesional. Todo el crecimiento ha sido favorecido por el gran equipo de profesionales, un equipo humano de una calidad, de una calidez y de una cercanía increíbles”. Todos los visitantes resaltan que “se respira esa espiritualidad y esa otra forma de hacer, de cuidar y de atender, unos cuidados muy humanizados de un personal inspirado en ese carisma”.

Por su parte, la madre superiora de la Congregación, sor María de los Ángeles Perdomo Pío, destacó que aunque la comunidad religiosa cerrará en Tenerife, su misión no lo hará y continuará con la Fundación Hospitalarias, “compuesta por grandes profesionales con especialización multidisciplinar y, sobre todo, por muy buenas personas con vocación y entrega”.

Seguirá siendo un centro religioso de la Iglesia Católica y estará desarrollado y auspiciado por la congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, “pero desde hace unos años venimos trabajando desde la congregación para crear una Fundación canónica, una nueva forma jurídica que pueda acompañar los centros, porque desgraciadamente las hermanas vamos siendo cada vez más mayores, vamos siendo menos porque ya no hay vocaciones, y no vamos a poder estar presentes en todos los centros y actividades que tenemos activos. Por tanto, para poder acompañarles y darles una seguridad jurídica, teníamos que buscar una salida, entonces se optó por crear la Fundación Hospitalarias para mantener viva esta obra”.

Humanidad

Cuestionada por el legado de hospitalidad, atención humanitaria y sensibilidad hacia los más vulnerables, la hermana lagunera destacó que “hemos trabajado por tener a nuestro alrededor personas identificadas e implicadas con nuestro carisma porque nosotras lo vivimos desde nuestra fe y desde nuestra entrega de vida, pero hay muchas personas que también viven ese carisma desde su profesión, desde su compromiso o desde el voluntariado. Trabajamos para que tomen esa conciencia de pertenencia a la institución y que valoren la forma de trabajar que tiene la congregación, que lo incorporen a su forma de actuar y de ser como profesionales, de la misma forma en la que nosotras creemos que tienen que ser atendidas las personas, porque al final somos de inspiración católica, nos mueven los valores del Evangelio, que son muy humanos: poner a la persona en el centro, darle a esa persona todas las posibilidades que necesite para crecer, para desarrollarse, para mejorar, para curarse… Eso es lo que hemos intentado en todo momento. Mostrar que ese Cristo está vivo y sigue ayudando a los demás”, finalizó.

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