Proyecto Hombre Canarias atendió durante 2024 a 600 personas con adicciones y a 1.100 familias, mientras que su trabajo de prevención llegó a 7.000 adolescentes. Su directora general, María del Carmen Lázaro, alerta del incremento del consumo de sustancias entre los menores y de un cambio de perfil en su consumo.
Esta iniciativa cuenta con centros de día, comunidades terapéuticas para adultos, el programa ambulatorio Nova para adolescentes; el Reinícitate para abordar los TICS; el proyecto Moneiba, que atiende a mujeres maltratadas o con problemas mentales, pisos de apoyo, un plan de integración sociolaboral y otros. Además, desarrolla varias acciones de prevención que han llegado a 7.000 personas durante 2024, formando en el ámbito escolar a agentes preventivos.
La organización desearía “tener muchos más recursos”, pero hace falta financiación. Entre sus planes a largo plazo, ha propuesto a la dirección general de Salud Mental y Adicciones intentar abrir un recurso residencial que dé respuesta “a un montón de consumos entre los menores de Canarias”.
Lázaro alerta de que han detectado “un cambio de perfil en el consumo de los adolescentes porque antiguamente todas las personas que venían a nuestro programa, en un 98%, eran consumidores de cannabis (porros) y, en los últimos años, hemos ido atendiendo a consumidores de cocaína, alcohol y alguno puntual de heroína y de crack. Entonces, este perfil y este cambio hacen que el tratamiento sea un poco diferente. Una propuesta de nuestro plan estratégico al Gobierno pasa por poder obtener una subvención para abrir una comunidad de menores y dar respuesta a los consumos que es imposible recuperar con programas ambulatorios. Hay muy pocos tratamientos para adolescentes, porque lleva una preparación y formación muy especializada. Además, hay adolescentes para los que es imposible contar con apoyo familiar”.
Ante el abuso de las nuevas tecnologías, las redes sociales, videojuegos, etc., se ha puesto en marcha el programa ambulatorio Reiníciate para adolescentes con problemas con el móvil, internet, las redes y demás. Lázaro se muestra preocupada “porque el móvil tiene un acceso muy fácil y resulta muy difícil poder realizar un control exhaustivo de todo el contenido que van consumiendo. Un adolescente con 12 años ya tiene móvil y es muy difícil atajar este problema, porque la familia, los colegios y toda la sociedad tiene que apostar por unas condiciones de seguridad. Yo no quiero decir que los adolescentes no tengan móviles o que no puedan jugar, pero hay que tener un control y educar a las familias para que esto se pueda llevar a cabo”. La psicóloga afirma que “cada familia y colegio tienen que marcar cuáles son los espacios para usar el móvil y dónde poder hablar, comunicarnos, jugar, ver una película, etc.”.
La sustancia más consumida por los menores y adolescentes canarios que acuden a Proyecto Hombre es el cannabis, seguida del alcohol, las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y la cocaína. El 81% de los jóvenes que acudieron pidiendo ayuda eran varones, con una edad media de 19 años. Comenzaron en el consumo de sustancias o abuso de TCI en torno a los 14 años, acudiendo al recurso por presión de familia y detección precoz en los centros escolares. El mayor factor de riesgo es la presión amigos y compañeros, seguido por la fácil accesibilidad a las sustancias y TICs, la falta de motivación académica, la organización del ocio y tiempo libre o los problemas de salud mental. Una de cada tres niñas había sufrido violencia.
Al descubrir un problema de consumo, Carmen Lázaro insta a no actuar en caliente, pero tampoco dejarlo pasar. “Normalmente, los padres arman un escándalo y no es el momento, porque lo único que van a conseguir es que se esconda más y ya lo tenemos perdido. Es algo muy grave, pero no hay que abordarlo con discusión y agresividad; se debe tener calma y buscar un espacio donde podamos hablar y preguntarle ¿qué fue lo que pasó?, ¿hace mucho tiempo?, ¿cómo te encuentras? ¿y si vemos qué podemos hacer?”. Lázaro insiste en que “nunca hay que dejarlo pasar, eso es como permitirlo. En una semana, hay que hablarlo o nos puede llevar al distanciamiento. Debemos tener en cuenta que están en un período de cambio corporal en el que no se aceptan, no saben quiénes son y necesitan cariño y comunicación”.
La cocaína lidera las preferencias, seguida del alcohol y el crack
El consumo de drogas sigue creciendo en Canarias. La mitad de las personas adultas atendidas en los centros y servicios que presta Proyecto Hombre solicitaron tratamiento por consumo de cocaína (51% en hombres y 50% en mujeres), seguido del alcohol (19% en hombres y 18% en mujeres) y el crack (21% en féminas por 18% en varones). El 66% de los usuarios consumen varias sustancias, un 68% en el género masculino y el 53 57% en el femenino, siendo la segunda sustancia más consumida el alcohol, el cannabis y las benzodiacepinas.
Carmen Lázaro explica que “la mitad de las personas que tocan en nuestra puerta son consumidoras de cocaína, tendencia al alza desde los últimos años”. No obstante, insiste en la problemática del alcohol: “Las personas, poco a poco, se van metiendo en esta sustancia normalizada, que nadie pone freno, y destroza la salud del individuo y de su familia”. Por eso, alerta de que es fácil “convertirse en un consumidor puntual y tener luego una adicción; por ejemplo, en Navidades puedes beber todos los días y eso genera mucho estrés físico y psicológico”.
Desde Proyecto Hombre, se remarca la mayor prevalencia de féminas en los programas de la entidad. “Cada año, aumenta el porcentaje de mujeres que pide ayuda: pasamos del 2 o 3% hace unos años al 16% del total de personas atendidas. Tenemos cierta preocupación porque a las mujeres les cuesta mucho más acercarse, reconocer que tienen un problema y pedir información para un tratamiento de desintoxicación, al dejar las responsabilidades que tienen (el cuidado de padres, hijos, la vida laboral, etc.) para autocuidarse”. Entre las acciones que llevan a cabo, destaca el programa Moneiba, “un tratamiento psicoeducativo que acompaña al terapéutico y con el que hemos logrado que permanezcan tratadas, se afiancen y se empoderen”.
Asimismo, las usuarias que señalan que sufren violencia de género aumenta cada año. “El 64% de las mujeres que atendemos sufre o ha sufrido violencia de género. Son maltratadas que les cuesta muchísimo salir adelante. Su vulnerabilidad es mayor, tienen muchos más problemas y en Moneiba les hacemos un abordaje específico”. No tienen claro si este aumento se debe a que realmente hay un incremento de violencia machista o las mujeres lo denuncian más, “porque antes la mujer permanecía invisible ante cualquier tipo de problema”.
Además, entre ellas resulta más marcado el consumo de benzodiacepinas. “El hombre consume las que compra en la calle, mientras las mujeres van al médico y le recetan una para dormir. A partir de ahí, comienza una manipulación del tratamiento que consideramos que es un abuso y, por tanto, una adicción”, recalca Lázaro, que insiste en alertar a la sociedad y a Sanidad. “Si el médico me manda una al día y me tomo más, debo parar y pensar qué problema tengo”.
Otro preocupación en alza es el de usuarios consumidores de sustancias y con trastornos de salud mental, hasta el 35% en mujeres y el 20% de los hombres. “La mayoría que atendemos viene con consumo de cocaína acompañado de un alto nivel de estrés, problemas de ansiedad, depresión y trastornos de personalidad. Todo esto hace que sea mucho más complicado poder salir adelante porque, al final, su medicación también hace que el tratamiento tenga que ser más lento”.





