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Del “moderado optimismo” al ‘salvavidas’ de 400 millones que acerca el TMT a La Palma

España aprovecha los recortes de Trump en ciencia para tomar la delantera y avivar las opciones de albergar el que será el telescopio más avanzado y potente jamás construido
Del “moderado optimismo” al ‘salvavidas’ de 400 millones que acerca el TMT a La Palma
Simulación del Telescopio de Treinta Metros, que aspira a ser el instrumento de observación más potente y avanzado jamás construido. G3 Engineering

Cuatro décadas han transcurrido desde que, en lo alto de las cumbres palmeras, se diera pistoletazo de salida a la actividad científica de primer nivel. Una labor que ha hecho a la Isla Bonita afamada a nivel mundial: en 1985, los entonces reyes de España, Juan Carlos I y Sofía, inauguraban las instalaciones del Observatorio del Roque de los Muchachos, que hoy se erige como uno de los lugares más privilegiados del planeta para divisar los astros.

Y la semana pasada, con motivo de la efeméride, la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, que presidía el Consejo Rector del Instituto de Astrofísica de Canarias, soltaba una bomba: anunciaba que el Gobierno de España está en disposición de invertir 400 millones de euros en el Telescopio de Treinta Metros (TMT, por sus siglas en inglés), una infraestructura que aspira a ser la más potente y avanzada jamás construida y que debate su sede entre Hawái y La Palma.

No obstante, hablar del TMT implica hacerlo de una carrera de fondo; de una historia con muchas aristas que pasa por los problemas que ha experimentado a un lado y el otro del Charco. Desde la oposición de la comunidad nativa hawaiana, por entender que pretende emplazarse en una montaña sagrada, hasta las trabas de un grupo ecologista canario que emprendió una larga batalla judicial contra su posible ubicación en una parcela del Pinar de las Ánimas y Juanianes, en el municipio palmero de Puntagorda.

CARRERA DESDE 2003

El TMT está promovido por un consorcio internacional compuesto por instituciones privadas de Estados Unidos y los gobiernos de China, Canadá, India y Japón, socios que, desde sus inicios, habían apostado por el monte de Mauna Kea, en la isla del Pacífico, como sede preferente, siendo La Palma el ‘plan B’. Un posicionamiento que emana del hecho de que canadienses y nipones tienen otros instrumentos de observación enclavados en la citada montaña: el Canada-France-Hawaii Telescope y los telescopios Subaru. Sin embargo, el hecho de haberse trazado como objetivo ese punto geográfico exacto les ha supuesto un quebradero de cabeza con el que llevan lidiando prácticamente desde la fundación del grupo promotor en 2003.

Y es que, en la década de 1960, las autoridades de Estados Unidos llegaron a un acuerdo con los kia’i o grupos nativos hawaianos para instalar en Mauna Kea, a 4.205 metros de altitud, varios telescopios, que venían a profesionalizar una labor de observación del cosmos que ya era inherente a la cultura local. A partir de entonces, según declaró a DIARIO DE AVISOS una de las kupuna o ancianas más destacadas, Noe Noe Wong-Wilson, se sucedió el trasiego de palas y trabajadores para la construcción de más infraestructuras en la que ellos consideran una montaña sagrada. Es por eso que ahora, al proyectarse el TMT, decidieron plantarse con la organización de una acampada en los accesos al Observatorio, entendiendo que se había excedido la cuota de uso del terreno pactada inicialmente.

La protesta más multitudinaria y sonada ocurrió en 2019, con la participación del actor protagonista del filme Aquaman, Jason Momoa, aunque lo cierto es que los detractores de la ubicación del TMT en Mauna Kea han recalado en otros lugares de fuste, como el Capitolio hawaiano, en cuyas puertas se llegaron a concentrar y donde contaban con el inestimable apoyo de la senadora demócrata Amy Perruso, que llegó a presentar una propuesta legislativa que aspiraba a poner fin a las pretensiones del proyecto en Hawái.

‘PARÓN PANDÉMICO’

En 2020, la pandemia de la Covid-19 lo cambió todo. A los retrasos provocados por las manifestaciones se sumó una merma de los recursos públicos disponibles para inversión en ciencia. El lapidario anuncio de Japón de que congelaba los fondos que había prometido consignar al TMT hizo que los países miembros del consorcio se replantearan completamente sus posturas: India puso sobre la mesa que, si continuaba la batalla de los detractores en el Pacífico, lo lógico era apostar por La Palma. Un giro ante el que, sin embargo, los nipones hicieron oídos sordos.

El debate de fondo era la viabilidad del proyecto, puesto que ni siquiera estaban garantizados los 1.200 millones de dólares en los que se calculaba el coste total del telescopio, y se auguraba un aumento de los precios en el sector de la construcción. Es ahí donde surgió la vía del tío Sam: el consorcio se lanzó a la búsqueda de que el Gobierno federal de Estados Unidos, entonces en manos de Joe Biden, inyectara capital. Una circunstancia que no se daría sin el beneplácito de la Fundación Nacional de Ciencias de ese país, la NSF, que ya estudiaba proyectos que enmarcar en la denominada decadal survey, un documento que establece las prioridades de inversión en materia científica de la autoridad norteamericana cada 10 años.

En noviembre de 2021, se obró el milagro, y la NSF consideró el pack llamado US-ELT, formado por el Telescopio de Treinta Metros en el hemisferio norte y el Telescopio Gigante de Magallanes (Chile) en el hemisferio sur, como su gran apuesta para la observación del universo desde la Tierra, con una propuesta de inversión de 800 millones de dólares. Una noticia que cayó como maná del cielo a los promotores del TMT, pero que traía consigo una sorpresa: el informe científico estadounidense ponía a la misma altura las condiciones naturales de La Palma y Hawái para albergar el aparato, dinamitando -en parte- el argumentario que hasta entonces había defendido Japón.

El que fuera director del Instituto de Astrofísica de Canarias por aquellos años, Rafael Rebolo, expresó, en declaraciones a este periódico, que les despertaba “moderado optimismo” el dictamen de la NSF y se mostró “reconfortado” porque se avalara la tesis de que las facultades de la Isla Bonita “son favorables para el telescopio”. Asimismo, ofreció su mano tendida al consorcio y a las autoridades americanas para trabajar en la alternativa palmera.

Del “moderado optimismo” al ‘salvavidas’ de 400 millones que acerca el TMT a La Palma
El TMT y el Telescopio Gigante de Magallanes forman el paquete conocido como US-ELT. G3 Engineering

LA MÁS BONITA

En La Palma, el contexto es radicalmente distinto a los problemas experimentados en Hawái. Según una encuesta encargada por el consorcio que reveló en exclusiva al DIARIO el otrora director de Operaciones del TMT, Christophe Dumas, se constató que la infraestructura posee un 94% de apoyo por parte de los canarios, frente al creciente descontento en la isla del Pacífico. No obstante, la traba palmera la protagonizaría un grupo ecologista, Ben Magec, que emprendió una guerra judicial para tumbar la cesión de monte público al grupo promotor.

El colectivo verde logró una victoria, en agosto de 2021, ante el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 2 de Santa Cruz de Tenerife, con un fallo en el que se aludía, eso sí, a apreciaciones de carácter burocrático, no así de carácter ambiental. Una sentencia recurrida por el Instituto de Astrofísica de Canarias y el Cabildo de La Palma ante el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma (TSJC), que falló a favor del proyecto científico en septiembre de 2022.

Así las cosas, la entidad denunciante presentó un recurso de casación. Y, en abril de 2023, el Tribunal Supremo daba, en concordancia con lo expuesto por las autoridades canarias y palmeras, carpetazo final a la disputa, alegando “falta de fundamentación suficiente” en las quejas ecologistas. De esta manera, en vista de que el TMT poseía -y posee- todos los permisos necesarios para su instalación en la Isla desde noviembre de 2019, La Palma se convertía en una alternativa sólida.

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La ministra Diana Morant, en el 40 aniversario del Observatorio del Roque de los Muchachos. DA

TRUMP VS. MORANT

Si bien el consorcio, durante este impás iniciado en la pandemia, ha trabajado de la mano de los kia’i en una solución pactada para establecer el TMT en Mauna Kea -integrando, incluso, a miembros de la comunidad nativa en la Junta Rectora del Observatorio-, el cambio de jefe en la Casa Blanca iba a jugar en su contra. Y es que el nuevo mandatario norteamericano, Donald Trump, se ha propuesto dar un giro de timón en un importante número de políticas iniciadas por su antecesor, el demócrata Joe Biden. Entre ellas, la inversión en ciencia.

Así, la NSF trasladaba el pasado mes de junio al Congreso estadounidense su borrador de presupuestos, y en él, se suspendía cualquier aportación de Washington al TMT, en beneficio -todo sea dicho- del Telescopio Gigante de Magallanes. Una noticia que supuso un jarro de agua fría al consorcio, pero que España, Canarias y La Palma vieron como una oportunidad.

De esta forma, con el 40º aniversario del Observatorio del Roque de los Muchachos como telón de fondo, la ministra española de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, daba a conocer el miércoles que, a través del Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI), el Ejecutivo inyectaría 400 millones en el proyecto, lo que, a todas luces, aumenta exponencialmente las posibilidades de que La Palma acabe siendo sede del telescopio más potente y avanzado jamás planteado en el hemisferio norte.

Es más, tal aportación económica supondría que España pase de ser el plan B a un socio con peso estratégico, en línea con los planteamientos defendidos por el Instituto de Astrofísica de Canarias, el Gobierno autonómico, y el presidente insular palmero, Sergio Rodríguez, que agradeció al Ministerio “apostar fuertemente por que la posibilidad se convierta en realidad”.

Tras 22 años de recorrido del proyecto, no es hasta este momento que La Palma, que dispone del cielo más oscuro -y, por tanto, favorable a la observación astrofísica- del mundo según la revista The Astronomical Journal, tiene visos de sentarse en la misma mesa que China, Japón, Canadá e India y defender, con argumentos sólidos en la mano, que es, indiscutiblemente, la única opción para acoger la instalación del Telescopio de Treinta Metros.

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