medio ambiente

Sal, calima, tráfico y la industria africana contaminan el aire en Canarias

La mayoría de las partículas registradas proceden de la maresía por el alisio; la llegada de vientos del este traen polvo en suspensión y/o partículas de nitratos, sulfatos y metales
La mayor parte de la contaminación no se genera en Canarias, llega desde fuera. EP
La mayor parte de la contaminación no se genera en Canarias, llega desde fuera. EP

El Laboratorio de Calidad del Aire de Canarias (AirCanLab) presentó ayer los resultados de su primer año de funcionamiento, donde ha certificado el origen de las cuatro fuentes de contaminación de las partículas respirables: la sal marina, las emisiones locales de hollín, el polvo sahariano transportado por calimas y la contaminación industrial procedente de Marruecos y Argelia.

AirCanLab ha analizado un total de 1.064 muestras de partículas PM10, uno de los principales indicadores de calidad del aire, recogidas en cuatro estaciones repartidas en las islas de La Graciosa, Fuerteventura, Gran Canaria y Tenerife. En cada muestra se identificaron más de 80 elementos y compuestos químicos distintos, consiguiendo una base de datos con más de 85.000 registros, un trabajo ha permitido conocer con precisión la composición del aire en Canarias y, sobre todo, el origen de las partículas respirables que afectan tanto a la salud humana como al medio ambiente”.

El investigador responsable del laboratorio, Sergio Rodríguez, afirmó que “los datos confirman que, en condiciones normales, el aire de Canarias “es mucho mejor que en la Europa continental” sobre todo “cuando tenemos vientos alisios”, y la carga de esos niveles de partículas se sitúan en torno a los 22 microgramos por metro cúbico de aire, con entre el 40 y el 80% correspondiente a sal marina (de origen natural) y entre un 2 y un 25% a emisiones locales (hollín sobre todo del tráfico de automóviles y vehículos diésel).

Sin embargo, cuando nos llegan las masas de aire provenientes del norte de África, tenemos la presencia de calima, lo que supone que el 70% de esas partículas eran polvo del desierto, seguido por “episodios de contaminación transfronteriza” que supone del 15 al 20%, mientras el 10% es de sal marina y apenas un 2% de emisiones locales.

Del análisis meteorológico en las últimas décadas se desprende que el anticiclón de las Azores se ha ido desplazando hacia el este, de forma que su aproximación a la Península Ibérica, Canarias, noroeste de África, sobre todo en periodos invernales, crea un bloqueo que no dejan pasar las borrascas, y esos vientos del este cálidos provoca que aumente la sequía y arrastra lo que se emita allí.

Esta situación anticiclónica es la precursora de las seis supercalimas que hemos sufrido en Canarias a partir del año 2020. El impacto de las calimas, ya es habitual en el archipiélago, y durante 2024 provocaron los niveles más altos de partículas respirables.

Durante los días de calima se llegaron a registrar hasta 300 microgramos por metro cúbico de PM10. Además se producen “episodios de contaminación transfronteriza” que pueden llegar a representar desde un 5% hasta un 20% y en ellas se detectan niveles elevados de nitratos, sulfatos, aerosoles orgánicos y metales pesados asociados a la actividad industrial de Marruecos y Argelia, que albergan centrales térmicas de carbón, empresas metalúrgicas, campos de extracción de gas y de crudo, refinerías y plantas de producción de fertilizantes, y todo eso nos llega mezclado con la calima y a veces sin la calima.

También llama la atención el nivel de plomo en el aire detectado en La Graciosa, sin ser perjudicial para la población con máximo de 20 nanogramos metro cúbico, muy por encima de los registrados en Las Palmas o Santa Cruz. Según el responsable del laboratorio, “estos contaminantes pueden multiplicar por veinte sus concentraciones respecto a un día normal” y afectar no solo a la salud, sino también a la biodiversidad terrestre y marina.

Si nos focalizamos en la contaminación local, no llega a 14 microgramos metro cúbico, con lo que Canarias cumpliría perfectamente los valores límites de la nueva directiva de calidad del aire europea, que pide estar por debajo de 45, pero el problema es que “hay un aporte muy grande de fuentes naturales, sobre todo de la sal marina, del polvo del Sáhara y de la contaminación transfronteriza. Por lo tanto, el PM10 no es un indicador real de la calidad del aire asociada a nuestras emisiones”.

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