La vivienda, y no las calificaciones, se ha convertido en el principal obstáculo para el acceso de los jóvenes a la Universidad. Los disparatados precios de los pisos y las habitaciones en alquiler y la escasa oferta pública de residencias y colegios mayores está impidiendo que muchos jóvenes de las Islas, así como del Norte y Sur de Tenerife, puedan comenzar o continuar sus estudios en La Laguna.
En estas últimas semanas muchos estudiantes y sus familias buscan piso a pesar de no tenerlo nada sencillo. La falta de vivienda y los precios desorbitados se ceban con ellos hasta tal punto que uno de cada cinco alumnos se ha planteado dejar la Universidad denunció la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas. Para la CRUE, “el precio de los pisos es ya un factor limitante para poder estudiar” y se ha convertido en una barrera de entrada para los hijos de familias medias. Casi el 50% de jóvenes eligen centro según la disponibilidad del alquiler y sus precios en el entorno universitario.
En el caso de Canarias, estudiantes de otras islas o de la Península tuvieron que desistir de matricularse en las dos universidades públicas. Canarias solo cuenta con 990 plazas en colegios mayores o residencias universitarias, de ellas unas 550 en la Universidad de La Laguna y 440 en la Universidad de Las Palmas, no todas disponibles al tener que dejar una reserva del 8% de las plazas para las solicitudes de personal de programas de movilidad o cooperación internacional y contingencias.
En la Universidad de Las Palmas, la Residencia de Campus de Tafira tiene 252 plazas; los apartamentos Campus de Tafira, 150 plazas, y la Residencia de Las Palmas cuenta con 38 plazas. Por su parte, la Universidad de La Laguna dispone de 109 plazas en el Colegio Mayor de San Fernando, 112 en el Colegio Mayor Santa María, 115 en el Colegio Mayor de San Agustín y 210 plazas en la Residencia Universitaria Parque de las Islas.
Por tanto, la ULL cuenta con cuatro residencias o colegios mayores, que suman 550 plazas para 22.000 alumnos, lo que supone un 2,5% de cobertura, un número insuficiente, pues cada año la ULL recibe a miles de estudiantes de nuevo ingreso que, en su mayoría, demandan soluciones habitacionales, y en los que los colegios mayores y la residencia desempeñan un papel esencial. Desde hace casi 40 años la Universidad de La Laguna no crea una plaza residencial nueva y durante lustros la financiación para el mantenimiento de sus infraestructuras alojativas ha sido escasa. Por contra, la demanda se ha duplicado en los últimos cuatro años. Así en el curso 2022-23 se registraron 800 solicitudes, que pasaron a 1.000 el año siguiente, aumentaron a 1.300 en el curso 2023-24, para cerrar el pasado curso con 1.400 solicitudes, cifra superada para el próximo curso.
Las plazas universitarias “nunca han cubierto la demanda, pero ahora ni siquiera se encuentra una habitación que alquilar”, y si las hay su precio es sencillamente inasumible para muchas familias humildes. Esto lleva a las familias a endeudarse o, en el peor de los casos, a renunciar al proyecto educativo de sus hijos, una situación injusta y la desigualdad de oportunidades que perpetúa las brechas entre islas y clases sociales.
Estafas
Además, el alto número de demandantes genera que los propietarios tengan actitudes discriminatorias a la hora de elegir a sus inquilinos, como desdeñar la presencia de universitarios en favor de trabajadores y funcionarios, imponer requisitos leoninos o que se generen picarescas y estafas.
Así, el pasado 2024, la Policía Nacional arrestó a una mujer como presunta autora de, al menos, diez delitos de estafa relacionados con el alquiler de viviendas, con los que habría defraudado unos 10.000 euros. Entre la casi veintena de víctimas, habían muchos estudiantes universitarios que presentaron su denuncia en Comisaría.
Tras semanas o meses de búsqueda, frustración y desesperación, un anuncio ‘gancho’ con un precio que llame la atención da pie a que se pique y quiera alquilarlo, pero tras recibir por adelantado (el importe de la fianza y alguna mesualidad) bloqueaban a las víctimas.







