El municipio de Icod de los Vinos no tiene un museo o espacio que honre su nombre, otorgado en la segunda mitad del siglo XVI por la importante producción vinícola de la región.
Sin embargo, ello cambiará en breve porque un empresario particular ha adquirido la antigua Casa de la Inquisición para convertirla en un espacio dedicado al vino, en concreto, su idea es que sea la futura Casa-Museo del Vino.
El inmueble se encuentra ubicado en la calle Arcipreste Ossuna, anexo al Parque del Drago, data del siglo XVII y requiere de una obra de gran envergadura. “El proyecto está hecho, aprobado por el Cabildo de Tenerife y ha costado lo suyo”, asegura Pablo Pailof, quien la compró años atrás después de muchas negociaciones con los antiguos herederos. Una operación que además se complicó porque parte de la familia vivía en Madrid.
Pailof ya tiene algunas ideas. Habrá un lagar de madera de tea en el patio, la parte baja será una bodega con sus respectivas barricas, y en la parte alta se podrán ver instrumentos de la época relacionados con la viticultura, tales como aperos, estrujadoras y presas.
De esta manera, la morada de algunos de los comisarios de la inquisición no solo se conservará como parte del patrimonio y la historia del municipio, sino que además se le dará un nuevo uso en el que el vino tomará el relevo.

HISTORIA
Según la tradición, la vivienda “era el lugar donde se producían las primeras pesquisas destinadas a formar la sumaria de los delitos contra la ortodoxia católica en el pueblo de Icod y su partido, tal y como lo demuestran las pruebas y los testimonios recogidos”, explica el documentalista y divulgador Miguel Edmundo Delgado López.
En la casa residía el inquisidor, la persona encargada de ver en primera instancia los casos que llegaban ya sea por brujería, de judíos, masones o todo lo que fuera en contra de lo establecido, tanto de la Corona como de la iglesia. Allí se producían los interrogatorios a los detenidos y si había causas suficientes en su contra, al acusado lo enviaban a Las Palmas donde estaba el Tribunal de la Inquisición adscrito al Arzobispado de Sevilla. Delgado añade que el Tribunal del Santo Oficio de Icod, “fue instituido hacia el año 1668, con el nombramiento de un comisario por contar el Lugar de Ycod con 700 vecinos. La Inquisición tenía por Patrono a San Pedro Mártir que tenía su imagen en la iglesia de San Sebastián del exconvento de San Agustín”.
Fueron muchos los icodenses que ocuparon cargos en esta institución y también los casos vistos en Icod por los miembros inquisitoriales en distintas fechas entre los que caben destacar el proceso contra la hechicera Ana Domínguez, la hechicera María Rosario apodada ‘La Clacas’, o el proceso que se llevó en Icod contra los sucesos acontecidos en el vecino pueblo de Garachico, que estaba bajo su jurisdicción.

Según Delgado, una de las pruebas que apoyan que el inmueble era sede de la Comisaría de la Inquisición era el antiguo nombre de la vía: calle de la Cruz Verde, “un dato que se comprobó gracias al documento impreso de los festejos que celebraron en Icod con motivo del regreso de Fernando VII de su obligado exilio francés, al final de la Guerra de la Independencia”. Las llamadas “cruces verdes” venían a ser el emblema de la Inquisición Española.
Sin embargo, no es la única vivienda que ha adquirido el empresario para su posterior rehabilitación. La casa de la Familia Álvarez de Tábora, del siglo XVII, ubicada frente a la plaza de la Pila o de la Constitución, será un hotel boutique con diez habitaciones.
En la parte de abajo albergará el futuro museo del café, porque antiguamente se sembraba allí este cultivo que también quiere expandir en el solar anexo, cuya adquisición está negociando. El resto de cafetos se completará en la finca Las Canales, donde habrá unas 4.500 unidades.
En este caso, el proceso de reforma no será complejo dado que la casa estuvo habitada hasta hace unos meses y se conserva en buen estado.
El nuevo hotel tendrá diez habitaciones, conservará parte de los muebles y la madera del piso, y el plazo para comenzar las obras dependerá de Patrimonio del Cabildo de Tenerife porque está protegido. El empresario prefiere ser cauto y calcular unos dos años.
La afición de Pablo Pailof ha sido siempre restaurar inmuebles. “Yo tengo la idea y luego trabajo con un arquitecto amigo que las concreta”, asegura. Todos los proyectos han sido “locura” suya y no están exentos de dificultad. La primera y más compleja son las trabas administrativas y burocráticas, aunque reconoce que todas han tenido “un final final” y se han resuelto.







