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El Pequeño Mundo: la arriesgada travesía del globo que salió de La Tejita y desafió el Atlántico

El 12 de diciembre de 1958, bajo la silueta de la Montaña Roja, se escribió una página marcada en la historia de la aeronáutica
El Pequeño Mundo: la arriesgada travesía del globo que salió de La Tejita y desafió el Atlántico
El globo aeroestático el Pequeño Mundo. DA

En la madrugada del 12 de diciembre de 1958, desde la playa de La Tejita, en El Médano, y bajo la imponente silueta de la Montaña Roja, se escribió una página singular en la historia de la aeronáutica. El globo Pequeño Mundo, una esfera de 14 metros de diámetro, se elevó con cuatro tripulantes británicos a bordo con el propósito de cruzar el Atlántico.

La expectación en todos los rincones de Tenerife fue enorme. Vecinos de todos los municipios de la Isla y autoridades locales acudieron a presenciar los preparativos, el inflado y la partida de la embarcación.

El propio alcalde de Granadilla de Abona en aquel momento, Evaristo Gómez, despidió a los aventureros con unas palabras que reflejaban el sentir de la comunidad: “El lugar del Médano tiene ya resonancias universales y su mérito se lo han dado los nombres de cuatro heroicos aeronautas: Rosemary Mudie, Colin Mudie, Arnold Beaupres Eiloart y Timothy Eiloart. ¡Buen viaje y suerte, de corazón!”.

El Pequeño Mundo es uno de esos episodios de la historia insular que, debido a la escasez de documentos y al débil arraigo en la memoria oral, apenas ha dejado huella y hoy permanece casi olvidado.

Sin embargo, el cronista oficial de Granadilla de Abona, Emiliano Guillén Rodríguez, rescata su magnitud y lo reivindica como el acontecimiento histórico que realmente fue para la comunidad granadillera.

“El municipio se quedó en la historia de la aeronáutica. Este globo fue el primero en demostrar que en este tipo de embarcación se podía cruzar el Atlántico. La aeronáutica en aquellos tiempos no estaba muy desarrollada. Desde Magallanes, pasando por el Pequeño Mundo: son dos hechos de suma relevancia para la navegación y que confluyen en Granadilla”.

OFRENDAS Y REPERCUSIÓN

Los preparativos se prolongaron durante varios días, incluso con intentos fallidos de salida debido a los vientos cambiantes de la zona. Los vecinos colaboraron con entusiasmo, ofreciendo alimentos como tomates y plátanos, así como materiales para apoyar la expedición. “Dada la limitación de peso que tenían, no se pudieron llevar la gran mayoría de productos que se les regalaban”, recuerda el cronista.

El régimen franquista también supo capitalizar la trascendencia del acontecimiento. Según Guillén: “Al país le interesaba publicitarse en el mundo y promocionar a El Médano era también relevante”, ya que aquel enclave costero empezaba a perfilarse como un espacio con proyección turística.

El suceso fue cubierto por El Nodo, Radio Club Tenerife, Radio Juventud de Canarias y Radio Televisión Española.

Los cuatro aeronautas, de origen británico, tenían larga experiencia en este tipo de aventuras: “Uno de los pilotos había sido el primero en cruzar el Atlántico en un barco pequeño que se llamaba el Supradino. Creían firmemente que podrían cruzar el Atlántico surcando los vientos”.

INICIA LA AVENTURA

Tras partir de El Médano, las crónicas de la época apuntan que el globo se mantuvo en el aire durante tres días, recorriendo unas 900 millas de las 3.000 previstas. Sin embargo, una avería en el sistema de radio y las inclemencias del tiempo precipitaron su caída al océano en algún momento del viaje. A partir de ahí, los aeronautas convirtieron la barquilla en una improvisada embarcación con mástil y vela.

Uno de los tripulantes relató después el momento decisivo:

“Nos habíamos convertido en marinos improvisados. Aún conservábamos la visión de la envoltura del globo, que como una flecha, al desprenderse de nuestra embarcación, voló hacia el cielo. La seguimos durante unos instantes antes de verle desaparecer para siempre entre las nubes. Nosotros ignorábamos desde este momento que iríamos a navegar durante tres semanas, en las cuales nuestras vidas estarían en constante peligro”.

RACIONAMIENTO DE AGUA

El cronista Emiliano Guillén matiza: “No se puede decir que cruzaran todo el Atlántico. Hubo un tiempo de oscuridad informativa, salvaguardado por la prensa inglesa. Según lo recabado, la experiencia dice que no lo pasaron bien, pero finalmente fueron recogidos sanos y salvos”.

Durante la travesía marítima avanzaron a unos seis kilómetros por hora. No sufrieron problemas graves de alimentación, pero sí tuvieron que racionar el agua. El 21 de diciembre, Colin Mudie anotaba en su cuaderno: “No nos quedan más que 1.852 kilómetros por recorrer. Hemos ya hecho las tres cuartas partes de la distancia”.

Finalmente, el 5 de enero de 1959, tras semanas de incertidumbre, el Pequeño Mundo llegó al Caribe, en concreto a Barbados. Fueron avistados por el pesquero New Providence, que los remolcó las últimas cuatro millas hasta la costa.

Aunque no lograron completar el cruce íntegro en vuelo aéreo, los cuatro aeronautas demostraron que la travesía era posible y dejaron una huella imborrable en la historia local y mundial.

Más allá de la odisea técnica y del riesgo afrontado por los cuatro aeronautas británicos, la salida del Pequeño Mundo desde La Tejita dejó una huella imborrable en la memoria colectiva de Granadilla de Abona.

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