“Queremos normalizar el suministro de agua, que no sea una aventura diaria abrir el grifo o venir de trabajar pensando si tienes que bajar a comprar una garrafa antes de meterte en la ducha”, resumió ayer Sandra Tormo, secretaria de la asociación de vecinos Santa Isabel de Portugal de El Fraile.
Tras un paréntesis de agosto, el colectivo vecinal retomará las concentraciones semanales a partir de este viernes, “hasta que las incidencias en el suministro del agua esté solucionado o, al menos, se licite la segunda tubería y haya una fecha de inicio”.
El Fraile lleva meses arrastrando problemas en el suministro, con cortes intermitentes, presión irregular y averías que han afectado a centenares de familias. A pesar de las obras de emergencia iniciadas en junio -tras más de medio año de incidencias-, los vecinos aseguran que la situación “sigue lejos de la normalidad”.
Según explica Tormo, se ha completado la instalación del primer tramo de la nueva tubería, unos 800 de los 2.200 metros previstos. “Cuando aumentaron la presión, reventaron las tuberías internas del pueblo. En las calles se veían los charcos y el agua corriendo. Luego bajaron la presión, sobre todo durante la noche, y la gente del final del pueblo vuelve a tener muy poca”, denunció.
El pasado fin de semana, el suministro volvió a fallar. “El sábado hubo algo de agua, pero el domingo ya no. Llevamos una incertidumbre constante: no sabemos si al tirar de la cisterna volverá el agua o no”, lamentó la secretaria vecinal.
SEGUNDO TRAMO
La asociación criticó que el expediente de la segunda fase de la obra aún no ha comenzado: “Ni siquiera se ha comenzado la tramitación de la licitación de esta segunda tubería”, considerada clave para normalizar el caudal. “Hemos intentado ponernos en contacto con el ayuntamiento, pero nos dicen que tienen que consultar. No se pronuncian. Lo lógico sería que notificaran los problemas”, añadió Tormo.
En este sentido, la portavoz subrayó que “hay un problema serio de comunicación”. “No pasa nada por decir que los tiempos se han dilatado, pero hace falta explicar las razones. Este silencio del Ayuntamiento hace pensar a la gente que, como no hemos vuelto a protestar, se han vuelto a olvidar de nosotros”, apunta.
El malestar es palpable. “La gente está muy hastiada. Me cuentan sus incidencias a todas horas: a las once de la noche, al mediodía, por la tarde… Intentamos templar los ánimos, pero llega un momento en que te dan ganas de subir al Ayuntamiento y montarla”, confesó Tormo, que dice sentirse “impotente” ante la falta de respuesta institucional.
La dirigente vecinal aclaró que las protestas se interrumpieron en agosto “por el calor y las vacaciones”, pero no por confianza en las promesas del Consistorio. “Hicimos un impasse, pero vamos a retomarlo. Nos dieron una palmadita en una reunión y seguimos igual”, señaló.





