La llegada de las fiestas navideñas trae consigo costumbres muy esperadas en toda España. En Canarias, una de las más populares es la de desayunar churros con chocolate después de Navidad y en la despedida del año. Aunque esta costumbre sigue viva, las churrerías tradicionales han ido disminuyendo en las Islas, especialmente en Tenerife, amenazando con borrar parte de la gastronomía popular canaria.
Un ejemplo de supervivencia es la Cafetería Churreria La Vega Lagunera situada en San Benito, en La Laguna, un local que se ha convertido en lugar de referencia cada Navidad. El negocio está gestionado por el matrimonio formado por Antonio Alexis Díaz y María Olga López Santana, padres de Alexis y Daniel, quienes han mantenido vigente una tradición familiar que empezó hace décadas.

Churrería y tradición familiar con más de 38 años
Antonio, conocido como Toño, cuenta que este oficio no fue fruto de la casualidad: “Procedemos de una familia panadera. Mi padre me transmitió la técnica, la experiencia y los secretos del oficio. De él nació esta tradición”. Con los años, Toño y su esposa decidieron recuperar la receta familiar y apostar por la elaboración propia.
Olga explica que estos días son especialmente emotivos: “Son fechas en las que el chocolate y los churros se convierten en protagonistas. Nos visitan personas de toda la Isla e incluso turistas que vienen desde la Península”.
El secreto está en la masa
Para Olgui, como la conocen los clientes habituales, el proceso empieza mucho antes de que el local abra: “Nuestro objetivo es dedicar el tiempo necesario a la preparación de la masa. Es un trabajo artesanal”.
Toño lo resume en una frase: “El secreto está en el cariño. Los ingredientes pueden ser parecidos en todos lados, pero cada receta guarda su propia historia”.
Un oficio que todavía emociona
Los dueños reconocen que lo más gratificante es ver cómo la gente disfruta de un producto tan sencillo como tradicional: “Nos llena de alegría ver a nuestros clientes saborear los churros y el chocolate”.
Ambos saben que esta tradición podría perderse algún día, aunque por ahora seguirán al pie del cañón: “Mientras tengamos salud e ilusión, seguiremos honrando lo que nos enseñó mi padre. Nuestros hijos decidirán si quieren seguir este camino”.







