Actualmente existe un boom de heladerías en Canarias. Estos establecimientos están viviendo una verdadera “época dorada” pero hace no tanto, los helados que mayoritariamente consumíamos eran aquellos que comprábamos en el carrito o el estanco.
Hay sabores y momentos que definen una generación. Más allá de los dibujos animados, los juguetes o las canciones, también hubo helados que forman parte del recuerdo colectivo de quienes crecieron en Canarias pagando en pesetas. Algunos de aquellos productos siguen hoy en los congeladores, mientras que otros quedaron atrapados en la nostalgia de los años noventa y dos mil.
Los helados más recordados… y sus precios
Hace poco se anunció el regreso del Rol Choc, un helado de coco bañado en chocolate que marcó a toda una generación. Kalise fue una de las marcas que popularizó estos helados en las Islas —aunque modelos similares se vendían en la Península bajo otras firmas— y entre ellos figuraban clásicos como el Santory, que aún se comercializa. Parte del encanto, recuerdan muchos, estaba también en su precio: el Rol Choc costaba 70 pesetas y el Santory llegaba a 120, uno de los más “caros” de la época.
Los Kontiki (original y Beach), el Ocho, el Berlino o el mítico Frutino, el polo de hielo que se vendía por 30 pesetas, marcaron una época, algunos, sobreviviendo, otros, desapareciendo.
El Kontiki Beach se puso a la venta en Canarias, como otros productos que tuvieron las Islas como su banco de pruebas. El Pívot, así como el citado Santory, siguen a la venta, pero otros —como los DO-RE-MI o la Fresinata— sobreviven únicamente en la memoria y en las conversaciones nostálgicas de quienes crecieron con ellos.






