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Raúl del Pino, psiconauta: “La ciencia ha puesto el foco en el extraordinario potencial terapéutico de los psicodélicos”

Del Pino fundó en 1996 www.psiconautica.org, y en sus libros Guía contemporánea para el viaje psicodélico y MDMA, sexo y tantra, combina rigor científico con introspección personal, explorando la relación entre psicoactivos, sexualidad y espiritualidad
Raúl del Pino, psiconauta

Suena extraño decirlo, por la carga cultural y el estigma social que tienen asociados, pero los psicodélicos están de moda. Y no una moda fugaz y distractora, sino más bien una tendencia al alza que puede cambiar la manera de gestionar la salud mental. De todo ello sabe, y mucho, Raúl del Pino, artífice de un evento internacional que sitúa a Canarias a la cabeza de España en el abordaje riguroso y multifacético de un tema que sigue siendo tabú. Y ello a pesar de que las sustancias psicoactivas forman parte de la historia de la humanidad -de la medicina y la espiritualidad ancestral-, y de que en algunos países ya esté regulado el consumo de algunas de ellas con fines terapéuticos.

Fuertedélica 2025, la IV Conferencia Internacional sobre Psicodélicos y Salud Mental, convocó los pasados días 7 y 8 de noviembre en Corralejo, Fuerteventura, a especialistas de diferentes países para hablar la experiencia psiquedélica. Como explican sus promotores, la misma presenta “múltiples escenarios: entornos clínicos y terapéuticos, festivales y raves, espacios introspectivos y de autoconocimiento, prácticas chamánicas y religiosas, procesos de búsqueda espiritual, investigaciones científicas y ensayos clínicos, entre otros”.

Del Pino fundó en 1996 www.psiconautica.org, y en sus libros Guía contemporánea para el viaje psicodélico y MDMA, sexo y tantra, combina rigor científico con introspección personal, explorando la relación entre psicoactivos, sexualidad y espiritualidad.

– ¿Te defines como un psiconauta?

“Así es. La palabra viene del griego: “psyche” (mente o alma) y “nauta” (navegante), es decir, “navegante de la mente”. La acuñó el escritor alemán Ernst Jünger en 1970 para referirse al que explora estados alterados de conciencia de forma intencional, ya sea con sustancias, meditación o técnicas similares, buscando autoconocimiento o crecimiento personal. Para mí es como tomar un tren interior, explorar paisajes de la conciencia con intención, y volver con algo valioso para cuidarme y entenderme mejor. Esta forma de viajar hacia adentro me viene desde muy pequeño, cuando teniendo 6 años tuve varias experiencias que provocaron que mi visión del mundo, y de mí mismo, me llevaran a entender que la psyche, el alma, el espíritu o como quieras definirlo, no se encapsulaba solo en el espacio corporal y temporal, sino que era algo que iba mucho más allá de uno mismo. Eso abrió la puerta a una curiosidad que, aún hoy, sigue vigente en mi forma de ver y comprender el cosmos.”

-¿Es cierto que los psicodélicos pasan por uno de sus mejores momentos?

“Absolutamente. Nos encontramos en medio de lo que muchos científicos, académicos y medios de comunicación han denominado el “renacimiento psicodélico”. Tras décadas de estigmatización y prohibición, que relegaron a estas sustancias al ámbito de la contracultura, la ciencia ha vuelto a poner el foco en su extraordinario potencial terapéutico. Instituciones de prestigio mundial como la Universidad Johns Hopkins, el Imperial College de Londres, o la Universidad de Yale, están llevando a cabo ensayos clínicos rigurosos que arrojan resultados muy prometedores. Este resurgimiento no supone una moda pasajera, sino un cambio de paradigma impulsado por la evidencia científica y la creciente necesidad de encontrar herramientas más eficaces para abordar la crisis global de salud mental”.

-Hay un estigma que los asocia con drogas adictivas y peligrosas, con una forma de vida irresponsable, con evasión de la realidad… ¿Cuál es la realidad de los psicodélicos?

“Ese estigma se produce, en gran medida, como resultado de una narrativa política y mediática que se llevó a cabo durante la segunda mitad del siglo XX, narrativa que no se basaba en la evidencia científica. La realidad resulta mucho más compleja y matizada. Primero, los psicodélicos clásicos como la psilocibina (presente en los hongos mágicos) o la LSD, no se consideran adictivos en el sentido en que lo son el alcohol, el tabaco o los opiáceos. No generan dependencia física ni un patrón de consumo compulsivo. En segundo lugar, aunque no resultan inocuos y el uso recreativo sin supervisión implica riesgos psicológicos -como la posibilidad de desencadenar episodios psicóticos en personas predispuestas-, en contextos controlados y terapéuticos han demostrado tener un perfil de seguridad notable. La clave radica en el set (la mentalidad y preparación de la persona) y el setting (el entorno físico y social donde se realiza la experiencia). Lejos de representar una simple evasión, muchas personas describen sus vivencias psicodélicas como una confrontación profunda y, a menudo, desafiante con su realidad interna. En un marco terapéutico, tales experiencias pueden abrir la puerta a procesar traumas, flexibilizar patrones de pensamiento rígidos y reconectar con un propósito vital.”

-En algunos casos, están vinculados con culturas y prácticas ancestrales. ¿Qué nos puedes contar?

“A lo largo de milenios, innumerables culturas indígenas de todo el mundo recurrieron a plantas y hongos con propiedades psicoactivas como sacramentos en prácticas espirituales y ceremoniales. Ejemplos emblemáticos incluyen la ayahuasca en la Amazonía, el peyote en América del Norte o los hongos de psilocibina en Mesoamérica. Para estas culturas, dichas sustancias no representan drogas en el sentido recreativo occidental, sino son plantas maestras o una medicina sagrada. Funcionan como instrumentos de sanación, de adivinación, ritos de paso y conexión con lo divino y con el mundo natural. Estas prácticas ancestrales se realizan siempre dentro de un marco ritual y comunitario altamente estructurado, guiado por chamanes o líderes espirituales”.