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Torre La Paz, 50 años de dulces elaborados en Tenerife que saben a tradición

La emblemática dulcería santacrucera sigue elaborando sus pasteles de siempre, pero fusionados a retos de futuro, como helados artesanales o la implantación de franquicias

A nadie le amarga un dulce, pero si, además, tiene forma de milhoja, palmerita, tocino de cielo, borrachito o tarta de trufa y ha sido elaborado por Torre La Paz entonces el paladar de quien lo degusta se transforma en un paraíso de sabores. Con casi 50 años en activo, esta dulcería, ubicada en la calle Primo de Rivera del barrio Salamanca, se erige como una de las más antiguas de la capital tinerfeña, al llevar medio siglo elaborando pasteles y panes en el obrador de una empresa con solera que, desde hace menos de un año, cuenta con Alfonso González a su frente.

Este rincón de la confitura, que comenzó como un pequeño negocio familiar, tuvo años atrás hasta 90 empleados e incluso sucursales en otros puntos de la isla, pero con el paso del tiempo y los nuevos hábitos la producción comenzó a disminuir, mermada por la competencia pastelera a nivel industrial.

Ahora, su actual propietario anuncia que Torre La Paz cumplirá el próximo abril 50 años, tras ser fundada por Alfredo y su hermano, quienes llegaron a convertirla en líder de la pastelería tinerfeña. Alfredo, el pastelero de toda la vida, está a punto de jubilarse, aunque por el momento aprovecha para formar al nuevo personal en los secretos de unos dulces que luchan por volver a recuperar su pódium entre la clientela de siempre y la futura.
González señala que decidió tomar las riendas de este negocio tras llevar años trabajando en empresas vinculadas al sector de la alimentación. Su intención se centra en unificar un proyecto personal, familiar y profesional con sello propio para volverlo a llevar, como mínimo, a donde estaba años atrás, aunque respetando la esencia y la calidad que siempre tuvo una dulcería con solera.

“La pastelería de hoy en día carecer de espíritu y de arraigo local, pues se ha centrado en fabricar productos en masa. Actualmente, por ejemplo, nadie compra piñones porque cuestan 89 euros el kilo, pero en Torre La Paz tenemos la intención de continuar ofreciendo calidad artesanal en cada dulce o tarta que se elabora”, destaca el propietario y CEO de la dulcería.

González añade que “en los últimos años hemos visto el cierre de negocios de toda la vida, lo que aparte de ser una pérdida de patrimonio para la ciudad también lo es de la memoria familiar. Por ello, es una gran satisfacción cuando viene mucha gente a Torre la Paz diciendo que su abuela o su madre compraban aquí tartas que aún hoy se siguen elaborando. Dulces que, además, están hechos por la misma persona, que ha enseñado a otras a hacerlos, porque nuestra mayor innovación es mantener la tradición”.

Un pastelero y obrador dedicado ahora a formar a nuevas generaciones, gracias a los convenios con escuelas de Hostelería de la capital, en el arte de la repostería y de la panadería, otro de los producto estrella de Torre La Paz al contar con horno propio donde se elaboran panes fermentados que permanecen por mucho más tiempo tiernos y que no solo se vende en el local, sino también a restaurantes.

Elaboraciones exquisitas, con materia prima de calidad, que envuelven al paladar más sibarita de sabores tradicionales, cuya esencia Torre La Paz apuesta por mantener con el objetivo de ofrecer los mejores productos al mejor precio.

Entre los retos a corto plazo, González anuncia que la dulcería abrirá los sábados por la tarde, para que los clientes puedan degustar las tantas delicias de esta pastelería en su coqueto rincón del café; mientras que a medio plazo se sumarán los helados artesanales y nuevas variedades de pan. A finales de 2026, la idea es lanzar la marca como franquicia y, además, implantar la venta online, con recogida en local. “Se van cumpliendo expectativas y confiamos en satisfacer muchos años más a los adictos del azúcar”.