Rodeado de un silencio sepulcral, solo roto por el ulular del viento y el batir de las olas, el viejo hotel inacabado que preside, desde hace 52 años, el litoral del santacrucero barrio de Añaza se erigía ayer completamente ajeno a la última tragedia acaecida en su interior, donde una menor de 13 años fallecía en la tarde noche del pasado jueves al caer al vacío desde la quinta planta.
Esta infraestructura, popularmente conocida como el mamotreto de Añaza o el edificio de la muerte, desafía a quien lo contempla a través de sus 22 pisos de altura, aún sostenidos por cimientos deteriorados, envueltos en grafitis, que dan forma a un esqueleto gigante de cemento que ya se ha cobrado cinco vidas desde que, en 1975, fuera abandonado por sus propietarios.
Por ello, ayer los vecinos del barrio de Añaza, que conviven cada día con esta obsoleta infraestructura en desuso, mostraban su consternación y, sobre todo, su indignación por otro triste suceso, sobre el cual lanzaban el mismo grito al aire. “¿Cuántas personas más tienen que morir antes de que derriben, de una vez, ese edificio?”, se cuestionaban.

“Hace muchos años que venimos reclamando una actuación urgente en el lugar, pues hace muchos años que se recogieron firmas entre los vecinos para que el Ayuntamiento de Santa Cruz o el Cabildo tomaran cartas en el asunto y lo quitaran, aunque no hubo manera. Ahí sigue en pie a pesar de que saben que es un peligro”, comentaban varios vecinos en un bar.
En este sentido, coincidían al preguntarse: “Cuántas vidas más van a tener que perderse para que las autoridades hagan algo. No sé entiende si lo que quieren es que haya otra desgracia, pues aunque lo vallen y precinten, de todos es conocido que los que allí entran se meten por cualquier lado sin importarles los carteles que alertan del peligro”.
Algunos residentes recordaban, además, casos anteriores de suicidios ocurridos en este viejo hotel inconcluso, pues “allí van muchos a drogarse, a dormir e incluso personas con problemas de salud mental. Por eso, lo que tiene que hacer el Ayuntamiento es tirarlo de una vez por todas o cerrarlo con un gran muro para que cueste acceder al interior. Se puede reconvertir, incluso, en viviendas sociales o hacer en él un montón de cosas si no lo van a derrumbar. Pero así lleva la tira de años y los políticos solo vendrán a Añaza cuando quieran pedir el voto”, alegaban.
Añaza exige al Consistorio municipal que ponga fin a este calvario y actúe de una vez sobre este edificio. “Que se deje de amparar en el cumplimiento de la ley para retrasar su derribo, cuando otras tantas veces se la ha saltado”.
Ya son muchos los vecinos de Añaza que están cansados de una espera que solo va cobrando vidas por el camino, como la recientemente ocurrida con una menor. Alegan que no ven soluciones a una petición que llevan años exigiendo, y con la que únicamente quieren que se elimine este punto negro para que el barrio pueda volver a respirar en paz, sin el sonido de ambulancias y policías que recorre las calles para anunciar una nueva desgracia en la zona.

Vallas y carteles alertan del peligro de acceder a la infraestructura
El Ayuntamiento de Santa Cruz decidió en 2018 vallar y colocar cartelería en el exterior del viejo hotel de Añaza, para informar, en varios idiomas, del peligro de acceder a este edificio ilegal y a medio terminar. Advertencias y vallas que hoy continúan. En ese mismo año, se empezó la ejecución subsidiaria de la infraestructura, con el fin de buscar a los propietarios, ya que se trata de un edificio privado.
Entre los años 2021 y 2022 se encargó el proyecto para la demolición, el cual aún continúa en la Gerencia de Urbanismo. No obstante, el pasado año, el Consistorio solicitó financiación al Gobierno de Canarias para poder proceder a su derrumbe, una vez finalizada la ejecución subsidiaria, dinero que se consiguió este año. El importe total es de 2,5 millones para el derrumbe y 500.000 euros, que aportó el Cabildo para expropiarlo.
Actualmente, informó ayer el Ayuntamiento, “se trabaja por parte de Urbanismo en la expropiación, haciendo gestiones con el Consulado alemán para poder practicar una notificación válida en derecho a los propietarios y comunicar el proceso, algo que es un procedimiento complejo por el cual el citado cuerpo consular está solicitando información al Ministerio alemán competente.
Esta notificación a los propietarios es indispensable, pues sin ella no sé podría registrar la expropiación en favor del Ayuntamiento, lo que impediría su demolición”.







